Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Crear un futuro a través de una granja escuela

Un lugar donde chicos con dificultades reciben una segunda oportunidad

Sábado 23 de septiembre de 2006

CORDOBA.- En una extensión de 70 hectáreas se emplaza la Escuela Granja Siquem, un proyecto que tiene como objetivo brindar la posibilidad de aprender a trabajar la tierra, terminar el colegio y acercarse a un futuro mas promisorio a chicos que cumplen penas judiciales o que están en situación de riesgo.

"Antes se trabajaban 10 hectáreas de las tierras porque se sembraba sólo en el invernadero. En este momento se trabaja toda la extensión, ya que comenzamos con la cría de animales en pasturas, con gallinas ponedoras, cabras y cerdos, y una bloquera donde se fabrican ladrillos", comentó Sebastián, que desde hace 10 años acude a la granja, el próximo año termina el secundario y piensa comenzar la carrera de magisterio, para cumplir su sueño de dedicarse a enseñar a los chicos que ingresen en el futuro.

Manuel Schneider y su esposa, Patricia, son quienes comenzaron hace 13 años con un proyecto que hoy es "su vida". Viven con sus cuatro hijos en la granja y todos son una gran familia.

Las jornadas transcurren de lunes a viernes, de 8 de la mañana a 8 de la noche. Las cuatro primeras horas se dedican a la enseñanza de los conceptos teóricos, siempre aplicados a realidades que, por la tarde, comprueban prácticamente en el trabajo en granja. "Por ejemplo, en matemática vemos cuántos días va a tardar una chiva en parir, o cuántos kilos de pimiento puede salir en 500 m y cuánto vamos a ganar o perder con esa cosecha", explicó Sebastián.

Estudiantes o egresados de la Universidad de Río Cuarto se acercan a la granja a compartir conocimientos teóricos y aprender de la práctica. "Nosotros tenemos la práctica y ellos tienen lo teórico, y vamos intercambiando conocimientos, lo mismo pasa cuando vienen los ingenieros agrónomos y trabajamos con el invernadero", agregó Sebastián.

Los chicos que tienen familia regresan por la noche a sus casas y los que no tienen esta posibilidad o bien están cumpliendo penas por causas judiciales duermen en la granja. "A veces te cuesta [adaptarte a la granja], porque las cosas que aprendés en la calle acá no las podés hacer; por ejemplo, insultar y esas cosas", contó José, de 16 años, mientras ingresa valientemente en el corral que encierra aproximadamente a 130 cabras, que lo miran con respeto.

Desde chico, José se dedicaba a limpiar vidrios. Conoció la granja Siquem mediante un primo, que estaba cursando allí el primario, y su mamá le propuso que el también empezara. Actualmente cursa el tercer año del secundario y, según dice, quiere continuar en el proyecto "porque acá tenés muchas chances de salir con algo, cuando termine el secundario quiero seguir la universidad".

La intención de Patricia y Manuel es trabajar sobre el concepto de soberanía alimentaria, lo que permite a los niños y jóvenes no sólo aprender el trabajo de producción para conseguir buenos empleos, sino también poder aplicar los conocimientos en producciones familiares, y solventar así el alimento para sus familias. "Estamos convencidos de que en la construcción de un mundo nuevo la cuestión de los agroalimentos y la soberanía alimentaria tienen un rol muy importante, lo mismo que la agricultura familiar", dijo Manuel.

Sebastián, José y Pablo, tres de los chicos entrevistados, destacaron que en la granja encuentran compañerismo y comprensión. "Acá es el trabajo colectivo, nadie se salva solo, y cuando estás en grupo tenés el afecto de todos. Cada casa es un mundo, decimos nosotros, y cada uno tiene sus problemas, ahí están los afectos que te hacen salir adelante. Eso es lo que siempre decimos, respetarse tal como somos. Lo único que no se puede superar es la muerte; lo demás se supera", dijo Sebastián.

Después de 13 años de trabajo, Patricia resaltó que el cambio más notable que ve en los chicos es el recupero de la autoestima. "Cuando llegan se sienten nada, en la calle usan gorras que les tapan la cara y capuchas. Esa es una protección que se ponen frente a la discriminación. Cuando descubren que somos todos iguales, que sólo hay diferentes oportunidades, pero que son tan inteligentes como cualquiera y que pueden trabajar y estudiar, se produce el cambio", dijo. "En el pasado teníamos que andar con la cabeza agachada. Ahora vas a cualquier lado y podés levantar la cabeza y preguntar cualquier cosa, porque tenés más conocimientos", comentó Sebastián.

Todos los chicos reciben una beca para estudiar en la granja. Con este dinero pueden solventar sus gastos afuera y colaborar con sus casas. La beca o premio que reciben se evalúa mensualmente entre los compañeros que hace más tiempo que están en la escuela, sobre la base de criterios como el compromiso demostrado en el trabajo, el compañerismo o la dedicación.

Además del trabajo con los chicos, los integrantes del proyecto realizan actividades en los barrios donde viven los alumnos, adonde coordinan actividades con las madres mediante talleres o actividades comunitarias. "Tenemos un tambo del que sacamos 150 litros de leche por día, que se reparten en 6 barrios, tarea a cargo de las mamás de los chicos", contó Patricia. Hoy, en los barrios, las mamás toman como ejemplo a los chicos que estudian y trabajan en la granja, y aspiran a que los más chicos tomen ese camino.

"La vida te va poniendo posibilidades y tenés que elegir. Los que eligieron el otro camino, de los que estaban conmigo, ahora están en la cárcel o incluso algunos han muerto", reflexionó Sebastián.

La Granja Siquem se solventa con la venta de las producciones que realizan, con subsidios del Estado y con colaboraciones de empresas o particulares, aunque muchas veces los recursos no alcanzan para cubrir todos los proyectos.

Informes sobre el proyecto en el teléfono 0358 756542371 o al correo granjasiquem@yahoo.com.ar.

Por Carina Ambrogi Para LA NACION

Te puede interesar