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Formación docente / La escuela y las demandas sociales

Exigencias: nuevos desafíos para el maestro

Comunidad

Especialistas recomiendan que los educadores incorporen el aporte de profesionales para atender en el aula las necesidades que plantea el mundo de hoy; el desafío central es transmitir la cultura, sin dejar de atender las urgencias cotidianas

Hoy la escuela y, por lo tanto, los docentes tienen que responder a múltiples demandas: enseñar bien a los alumnos, cuidarlos, contenerlos, alimentarlos, acompañar a las familias, organizar a la comunidad, detectar abusos, ampliar la participación social, entre otras funciones que hacen pensar en el nuevo rol de los maestros y en la redefinición de la escuela como institución.

Distintos expertos consultados por LA NACION consideran que la función específica del maestro es transmitir una cultura, pero que, al mismo tiempo, no se pueden desconocer las nuevas demandas, para lo cual es necesario que los docentes cuenten con la colaboración de otros actores pedagógicos.

Pero también es importante mejorar la formación inicial y continua de los maestros para adecuar la enseñanza a las necesidades y el perfil de cada generación de niños y jóvenes.

Nuevos desafíos

"Hoy los docentes tienen nuevos desafíos y la escuela es un lugar de enseñanza más integral. Apareció, por ejemplo, el fenómeno de la responsabilidad legal y cambió la relación docente-alumno. A la escuela se le han pedido muchas cosas en este tiempo, que las familias no pueden responder: comedor, asistencialismo y disciplina", dijo a LA NACION la doctora Inés Dussel, coordinadora del área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

La mayores demandas para muchos especialistas plantean la necesidad de nuevos roles. "Hoy no puede haber sólo maestros, sino que hay que ampliar el concepto de trabajadores de la educación. Se requieren especialistas como psicopedagogos, mediadores culturales, dietólogos", consideró el investigador Emilio Tenti Fanfani, consultor del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE), de la Unesco.

Y destacó: "El maestro solo no puede porque está haciendo cosas nuevas que lo distraen de su función específica, que es la de garantizar el aprendizaje de los niños". Nadie cuestiona los nuevas demandas, sino la falta de respuestas para que los docentes puedan enseñar en condiciones adecuadas para ellos y para los alumnos.

En la Argentina hay poco más de 800.000 docentes. "Me impresiona todo lo que tiene que hacer hoy un docente. Se le piden muchas cosas porque la sociedad lo necesita y también porque ésta no puede dar respuesta, y la escuela no puede ser indiferente a nada de lo humano. Pero el Estado debe plantear las condiciones adecuadas y también en cada escuela debe haber responsabilidad por el perfeccionamiento de cada docente", sostuvo Alfredo van Gelderen, miembro de la Academia Nacional de Educación.

En cuanto a la formación docente, Inés Aguerrondo, investigadora del IIPE-Unesco, señaló: "La falta de formación es común en América latina. El desafío de la profesionalización es lento, pero muy importante. La función docente está en crisis porque los maestros no tienen una comunidad de práctica, ni una buena formación, ni las herramientas que necesitan".

Capacitación

Muchas voces señalan la inadecuada formación inicial y continua de los docentes argentinos, pero también advierten que la solución no está sólo en una mejor capacitación. "Hay que repensar la organización de la escuela", consideró Dussel. Mientras que Aguerrondo dijo que "hoy los docentes no están preparados para lo que tienen que enfrentar", pero que no es un problema de ellos y que "el cambio tiene que venir de todos los ministros de Educación del país y liderado por el ministerio nacional".

En el mismo sentido opinó Tenti Fanfani, quien, sin embargo, destacó que hay problemas que son estrictamente pedagógicos que sí deberían resolver los maestros.

"Los docentes ven a los adolescentes como un mundo que no se comprende y que un docente tiene que conocer. La mayoría tiene una visión extremadamente crítica de los valores de los jóvenes, fruto del desconocimiento. Y el desconocimiento dificulta la autoridad pedagógica y es un problema de formación", sostuvo.

Van Gelderen señaló, a su vez, que "los profesorados no producen profesionales con las competencias necesarias para enfrentar la realidad social".

A pesar de que el mundo actual presenta condiciones que el filósofo Zygmunt Bauman definió como "modernidad líquida", en donde la flexibilidad y la velocidad de los intercambios se convierten en valores, el gran desafío de los docentes, a pesar de todos los cambios, sigue siendo el de transmitir una cultura, una tradición, eso sí, adecuándolas a quien se tiene en frente en cada momento.

"Los docentes se sienten desposeídos"

" A mí no me formaron para esto , es la frase común entre los docentes. Hay que restablecer un fuerte diálogo entre la escuela y la sociedad actual. Las problemáticas contemporáneas parecen no entrar en la formación docente", expresó Pablo Pineau, docente del profesorado para nivel primario del colegio Mariano Acosta.

Pineau contó que "los docentes viven mucha desazón e impotencia, se sienten desposeídos, no logran encontrar su lugar". Asimismo, el formador de maestros señaló que el sistema educativo aparece como un lugar sólo para ganarse la vida, y no como un espacio donde se generan mejores futuros. "Desde mi función de formador trato de recuperar el valor de los jóvenes que llegan al magisterio con un gran capital cultural y social. No creo en el discurso de que no se puede cambiar nada y de que ellos no pueden", consideró.

A pesar de ciertas tendencias y síntomas que definen la actualidad educativa argentina, no todos los docentes piensan y sienten lo mismo, incluso luego de décadas de estar en el aula.

Es el caso de Elena Schwartzer, con 38 años como docente de nivel primario. Está convencida de que "el desafío está siempre y consiste en plantarse frente al alumno, ver quién es, qué quiere darle uno y qué se necesita en la escuela".

Al respecto, indicó que "es importante introducir en los saberes al otro, que no es igual que yo, para que ese joven descubra lo que uno ya descubrió. Importa creer que uno tiene algo para dar y que el otro tiene algo para decirme". Y concluyó: "El no saber qué hacer es no saber qué quiere el otro, es no ponerse a pensar qué le pasa a esa persona que tengo enfrente". .

Por Laura Casanovas De la Redacción de LA NACION
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