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La situación social: los índices oficiales muestran una mejora

En un año, 2,4 millones de personas dejaron la pobreza

Economía

Sin embargo, hay aún 10,77 millones en esa condición; de ellos, 3,84 millones son indigentes

Por   | LA NACION

Unos 10,77 millones de personas que viven en los centros urbanos de la Argentina son pobres. Y de ellas, 3,84 millones son indigentes, lo cual significa que los ingresos de los hogares donde viven no son suficientes siquiera para cubrir las necesidades de alimentación más básicas.

Si bien la situación sigue siendo grave, es posible estimar que, entre el primer semestre de 2005 e igual período de este año, 2,4 millones de personas lograron abandonar la pobreza, en tanto que 850.000 dejaron de ser indigentes.

Según la información difundida ayer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el 31,4% de la población vive bajo la línea de la pobreza -los ingresos del hogar al que pertenecen no alcanzan para acceder a una canasta básica de bienes y servicios-, en tanto que un 11,2% es indigente. Si se consideran los hogares, el 23,1% es pobre, en tanto que ocho de cada 100 albergan a familias sumergidas en una situación de indigencia.

Los datos del primer semestre del año corresponden a los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que se realiza en los 28 principales centros urbanos, en los que viven 7,39 millones de pobres. Las estimaciones sobre cantidad de personas antes enunciadas contemplan una extrapolación de los datos a toda la población urbana.

Los índices muestran una disminución de la crisis social también respecto del segundo semestre de 2005, cuando la pobreza había sido del 33,8% y la indigencia, del 12,2 por ciento.

Desde el peor momento

En rigor, los datos vienen registrando un alivio desde 2003, después de que, en octubre de 2002, se registró el índice récord de pobreza, con un 57,5% de las personas viviendo en esa condición. En aquel momento, quienes estaban obligados a vivir con ingresos insuficientes sumaban 19,05 millones: después de tres años y medio, los pobres son 8,28 millones menos, en tanto que la indigencia afecta a 5,27 millones menos de personas. Los indicadores sociales señalan, incluso, una situación más aliviada que en el período previo a la crisis económica y social de 2001 y 2002.

Aunque la mejora de las tasas fue generalizada, la situación social presenta diferencias significativas según las regiones. En el Nordeste, los pobres son el 51,2% de los habitantes: Gran Resistencia, con una pobreza del 55,6% y una indigencia del 30,5%, es la ciudad donde el drama muestra mayor gravedad. Le sigue Corrientes, con índices del 51,7 y del 17,6%, respectivamente.

En el Noroeste, la pobreza alcanza al 45,8%, en tanto que el 15,4% es indigente. En las ciudades cuyanas son pobres 30 de cada 100 pobladores, y casi nueve de cada 100 no pueden procurarse siquiera su alimentación.

El área metropolitana, con una tasa de pobreza del 29,4%, muestra sus diferencias entre la ciudad de Buenos Aires, donde el porcentaje es del 12,6%, y los partidos del conurbano, en los que el 34,5% de la gente tiene ingresos insuficientes.

La región pampeana y la Patagonia, con índices de pobreza del 27,5 y del 18,8%, y de indigencia del 10,3 y del 6,9%, respectivamente, son las dos zonas con menor incidencia en problemas de ingresos.

En todo el país, según estimó el Indec, si no se pagaran planes de ayuda social, la pobreza sería tres décimas superior, es decir, del 31,7 por ciento.

El director de la consultora Equis, Artemio López, destacó que hubo una elevada relación entre el crecimiento del producto bruto y la caída de la pobreza: por cada punto de alza de la actividad, entre 2005 y este año, el indicador social se redujo en 0,8 puntos. Según lo que viene ocurriendo, López proyectó que podría alcanzarse el pleno empleo (lo que implicaría una desocupación del 5%) hacia junio de 2009 y que para entonces la pobreza sería del 23,7% y la indigencia, del 9,5 por ciento. Sería el "núcleo duro" de la problemática, ya que sería difícil lograr una caída más allá de ese nivel.

"Es clave la incidencia del crecimiento, y la clave es generar puestos de trabajo con ingresos por encima de lo que se necesita en el hogar para no ser pobre", evaluó Nadin Argañaraz, economista del Ieral, de la Fundación Mediterránea.

Según agregó, si hay crecimiento estarán dadas las posibilidades de que continúe la caída de los indicadores sociales. "Es importante el tema del gasto público, por el rol que puede cumplir el Estado a través de la distribución de recursos" no sólo en cuanto a planes, sino también en salud y educación, según sostuvo.

Según un estudio del director de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), Ernesto Kritz, publicado por el Banco Río, la reducción de la pobreza desde mediados de 2005 está directamente vinculada con la caída del desempleo, ya que en el período se crearon cerca de 1,5 millones de puestos. .

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