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Los sonidos de la experiencia

Martes 26 de septiembre de 2006

Concierto del ciclo Música en plural . Breve recital del guitarrista Ariel Elijovich, con obras de Joaquín Turina e Isaac Albéniz y ejecución del Divertimento K. 563, para cuerdas de Wolfgang Amadeus Mozart, por el trío conformado por Haydée Seibert Francia (violín), Javier Portero (viola) y Myriam Santucci (violonchelo). Organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación. Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional. Nuestra opinión: bueno

El ciclo Música en plural puede significar pluralidad entre recitales y conjuntos de cámara, además de yuxtaposición de obras para solistas con otras para conjuntos, con lo cual cada parte representa mundos sonoros diferentes. Entonces, el contraste puede ser interesante: en este caso, un recital de guitarra y una obra fundamental de Mozart para tres cuerdas se constituía en una experiencia poco frecuente y atractiva.

Un muy buen nivel artístico logró el guitarrista Ariel Elijovich, ofreciendo dos obras de Joaquín Turina, su Fandanguillo Op. 36 para guitarra y la valiosa Sonata, también original para el instrumento, Op. 61, de 1931 (en el programa de mano los datos fueron diferentes) en tres movimientos, y una composición de Isaac Albéniz, que creemos fue su barcarola Mallorca, Op 202, original para piano como la mayoría de su obra, pero en una transcripción.

El guitarrista Ariel Elijovich logró un muy buen nivel artístico
El guitarrista Ariel Elijovich logró un muy buen nivel artístico. Foto: Marcelo Omar Gómez

Buen gusto del intérprete, que demostró además una muy sólida preparación musical, como no podía ser de otro modo con padres músicos y el suceso de haberse perfeccionado en el exterior con otros distinguidos maestros, bagaje que le ha de permitir un gran crecimiento en su carrera. Ariel Elijovich acertó en el logro del clima de las obras de fuerte sabor español y su toque refinado, que hubiera sido aún más cautivante sin el uso de amplificación (que, apenas sugerida, restó igualmente el encanto del sonido puro del instrumento). El público ofreció un cálido aplauso.

Luego, para completar el programa, se escuchó el notable trío de Mozart K. 563, considerado por muchos especialistas como una obra maestra para cuerdas, semejante a los quintetos K. 515 y 516 del mismo autor y a algunos cuartetos de Haydn. En efecto, la riqueza temática del allegro inicial, la profunda meditación y dolor que emana de los movimientos lentos, los dos menuettos con un aire de candidez y el rondó final lleno de encanto y riqueza de temas que se ensamblan unos con otros, hacen de esta partitura una contribución de Mozart muy valiosa, porque además es sumamente audaz en su lenguaje, a tal punto que bien podría sospecharse de ser ejemplo visionario del futuro.

En el trío de ejecutantes se valoró de manera muy positiva el ingreso cada vez más protagónico en el terreno de la especialidad de la violonchelista Myriam Santucci, de sonido cálido y amplio, así como la seguridad y musicalidad del violista Javier Portero, incursionando en la música de cámara con paso firme. Y con respecto a la experimentada y consagrada Haydée Seibert Francia, hay que valorar justamente la circunstancia de que todo su saber -que es mucho y valioso- lo entrega con generosidad a los jóvenes.

Claro que los conjuntos de cámara de este tipo, para trascender a un plano superior en cuanto a la perfección de la ejecución y al logro de una conjunción espiritual monolítica, son sólo aquellos que pueden tener una dedicación exclusiva. Un lujo que casi ya no es posible en nuestro tiempo para los profesionales que deben permanecer vinculados a orquestas y clases particulares para poder sobrevivir. Un tema para analizar en otra oportunidad, pero que en esta presentación fue audible.

Juan Carlos Montero

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