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La flauta mágica , de Mozart, vuelve a sus fuentes

Viernes 29 de septiembre de 2006
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La flauta mágica , ópera en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart, con libreto de Emanuel Schikaneder, en versión semiescenificada, con orquesta integrada por miembros de la Sinfónica Nacional y del Coro Polifónico Nacional (dirección: Roberto Luvini), con dirección general de Pedro Ignacio Calderón. Régie, escenografía y vestuario, Sergio Massa; iluminación, Sergio Massa y Ernesto Bechara; coreografía, Nelly Casella. Cantantes: Ricardo González Dorrego, Claudia Cugnini, Diego Diez Gómez, Cecilia Layseca, Virginia Videla, Mónica Sardi, Marcela Pichot, Martín Caltabiano, Christian Casaccio, Walter Schwarz, Osvaldo Peroni, José María Vilanoba, Natalia Herrera, Nelson Benítez y Raúl Neumann. Bailarines: Paula Chalita, Laura Pérez Re, Adrián Scaranella y Ernesto Yanni. En la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones. El mismo programa se interpretará hoy, a las 20.30, en el Auditorio de Belgrano, Virrey Loreto y Cabildo, con entrada libre y gratuita. Nuestra opinión: muy bueno

Como hecho sin precedente, La flauta mágica , verdadero testamento de Wolfgang Amadeus Mozart hacia los siglos futuros en razón de su complejo, aunque esclarecedor mensaje, retornó a su propia fuente de inspiración: un templo masónico. Su representación en la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, como homenaje al genio de Salzburgo -quien fue en vida miembro de la logia vienesa Zur Wohltätigkeit -, es la primera que se realiza en un lugar de tal carácter en todo el mundo.

Pero asimismo ha de señalarse, como alarde de profesionalismo, el llevar a escena una obra con tal profusión de personajes y lugares evocativos, imaginarios, y aun fantásticos, portadores de un mensaje que alcanza el destino mismo del hombre y de toda la humanidad en medio de la lucha originaria entre el mundo solar de la luz, la sabiduría, y la palabra como su portadora, y el reino nocturnal de las sombras, las imágenes y la ignorancia. En lugar de los recitativos, los oportunos comentarios previos de Julio Palacio, orientaron al público sobre la acción dramática.

La versión ofrecida, semiescenificada en razón de las reducidas dimensiones del recinto, contó empero con la participación de un significativo grupo de músicos de la Sinfónica Nacional y elementos del Coro Polifónico Nacional, con la conducción general del maestro Pedro Ignacio Calderón. Su rendimiento fue excelente desde todo punto de vista. Los escuetos recursos escenográficos empleados tuvieron el realce de la proyección de diapositivas que cubrieron las alusiones simbólicas de la trama con suma eficacia, y la atinada iluminación y el vestuario fueron acertados complementos de la acción dramática.

La régie se adaptó bien a los episodios melodramáticos de la trama, así como las ceremonias, los arcanos de la iluminación, la entronización iniciática de la joven pareja y los ritos de purificación al son de la mágica flauta. El acertado elenco de bailarines suplió con imaginativa coreografía muchos recursos escenográficos.

Una excelente labor cumplió la soprano Claudia Cugnini (Pamina) con buen timbre, dominio del registro y significativa expresividad (en especial en su aria "Ach, Ich fühl s" ) ante el silencio de Tamino; el tenor Ricardo González Dorrego (Tamino) dio muestras de acertada compenetración vocal y escénica. El Papageno que compuso Diego Diez Gómez, fue más convincente en lo actoral que en lo vocal, y fue muy eficaz en los momentos culminantes de su intervención y su encuentro con la graciosa Papagena (Cecilia Layseca).

Fue muy meritoria la participación de la soprano Fabiola Masino (Reina de la Noche) en los arduos pasajes de su parte, y hubo eficacia vocal e histrionismo en Osvaldo Peroni (Monóstatos). Además de su buena presencia escénica, las Tres Damas (las sopranos Videla y Sardi, y la contralto Pichot) cumplieron lucidamente sus partes vocales, y el bajo Walter Schwarz (Sarastro) con solemne presencia escénica se desempeñó correctamente. Raúl Neumann fue un Orador con todas las de la ley, por su excelente dicción alemana.

Héctor Coda

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