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Corre peligro la mayoría de las cuevas del país

Es por la falta de un marco legal nacional que las proteja, por el turismo irresponsable y por la explotación minera desmedida

Domingo 01 de octubre de 2006
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LA NACION

Debido a la falta de un marco legal nacional, el turismo irresponsable y la explotación minera desmedida, la mayoría de las cuevas del país está en peligro. Registros de la tierra de millones de años de antigüedad, la reconstrucción de climas, el estudio de fauna endémica y valores arqueológicos podrían perderse por completo, según la Federación Argentina de Espeleología (FADE).

Oscuridad, temperatura y nivel de humedad estable durante todo el año: ése es el ambiente natural de una cueva que alberga fauna endémica, espeleotemas que datan de miles de años, galerías subterráneas, lagos, interés arqueológico y un registro de la tierra preciosamente guardado. Contra él atentan la minería y la excesiva visita de turistas.

"Sin un estudio previo y un plan de manejo en una cueva, la presencia humana de manera constante causa alteraciones en el medio con un impacto, a veces, irreversible". afirma Gabriel Redonte, geógrafo matemático y vicepresidente de la FADE. Y agrega: "Que la temperatura suba sólo dos grados es suficiente para que la fauna adaptada a esa atmósfera muera. Son organismos que no están preparados para lidiar con la amplitud térmica".

La importancia de la preservación de esos insectos y arácnidos está comprobada: estudios realizados en cuevas argentinas han determinado que sus parientes más cercanos están en Sudáfrica e Indonesia, que esas especies estuvieron distribuidas en la superficie cuando los continentes aún estaban juntos, millones de años atrás.

Tanto Redonte como Carlos Benedetto, museólogo, presidente de la Fade y secretario general de la Federación Espeleológica de América Latina y el Caribe, aclaran que la espeleología no está en contra del turismo ni de la minería, sino que procuran una práctica responsable para preservar la información y el valor de las cavidades.

"Cualquier uso que se le quiera dar a una cueva genera un impacto. Debe haber un estudio previo y un plan para minimizarlo. El objetivo del desarrollo sustentable es que el uso de los recursos sea sostenible en el tiempo y que las generaciones futuras tengan el mismo beneficio de visitar esa misma cueva", concluye el geógrafo.

Carrera contra reloj

Entre marchas y contramarchas, con peleas con canteras mineras y operadores turísticos, la FADE cuenta con tristes reseñas.

Las Brujas, en Mendoza, es la única caverna de relativo tamaño habilitada al turismo y cuna de la espeleología argentina. "Si bien los guías tienen bastante celo en el cuidado, aún se practica un turismo poco profesional. Cuando comenzó la explotación, en 1992, se instalaron generadores, lámparas y cables comunes, puestos con clavos sobre la roca en una caverna que tiene agua, un riesgo terrible. Hicieron escalinatas de hierro que se oxidaron y contaminaron", cuenta Redonte.

Otra de las más conocidas, la Cueva de las Manos, con sus pinturas rupestres, en la provincia de Santa Cruz, y declarada patrimonio de la humanidad, ha sufrido pintadas, roturas de paredes y escrituras. Pero allí la situación está revirtiéndose.

No corrió la misma suerte Capillitas, en Catamarca: esa cueva ya no existe. En los 80, con el avance de un socavón minero se descubrió una bóveda con estalactitas de rodocrosita, una piedra muy poco común. Con ella se elaboraron artesanías y joyas. "Hoy sería una de las cavernas más extrañas para visitar en el mundo", se lamenta el geólogo Javier Elortegui Palacios, de la FADE.

Con la minería también tiene problemas Neuquén, que presenta el sistema más extenso del país. A pesar de ser una de las dos provincias (la otra es Mendoza) que cuenta con legislación específica, la FADE dice que el avance minero ha borrado datos muy valiosos.

Las visitas a la cueva de yeso Tunduques, cerca del complejo Las Leñas, se ofrecen al turismo en verano. "Se usa hasta para ceremonias religiosas, hemos encontrado velas dispuestas en ronda", dice Benedetto. Cerca, en Malargüe, está la cueva volcánica del Tigre, donde se practica el turismo aventura. Redonte cuenta que han hecho campañas de limpieza para sacar residuos. "Ahora está limpia y, por suerte, el dueño del campo le ha dado a FADE el permiso para hacer todos los estudios necesarios."

Similar a Sierras Bayas, en Buenos Aires, es Cienaguita, en San Juan. En mabas la actividad minera ha avanzado indiscriminadamente. En la segunda, la destrucción llega al 50 por ciento. La federación presentó notas a la dirección de minería local. La respuesta le causa gracia e impotencia a Redonte: "Contestaron que quieren ir a ver, pero que la dirección de minería no tiene presupuesto para el combustible. ¡El país es una locura!"

El catastro nacional de cavidades registra 370 a lo largo del país, sin contar el noroeste argentino, zona casi virgen en cuanto a exploración, por lo se la considera un "diamante en bruto".

"Las cavernas contienen información única para la reconstrucción de paleoclimas: a partir del estudio de estalactitas y estalagmitas se pueden reconstruir los climas de superficie de hace 50 mil años", dice Benedetto. Esos espeleotemas han sufrido roturas y abrazos por parte de los turistas para sacarse una foto o llevarse souvenires. Seguramente no saben el daño que hacen, ya que una estalactita tarda más de mil años en crecer sólo 1 cm.

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