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María Vaner, por la vuelta

Espectáculos

Tras nueve años de ausencia, regresa en una telenovela

Tras nueve años de ausencia, María Vaner retorna a la actividad artística "con la misma fuerza e idéntica vocación que en mis comienzos", dice entusiasmada durante un diálogo con La Nación .

Su regreso se da por medio de una participación especial en el film "El juguete rabioso", que acaba de rodar Javier Torre, y de la telenovela "Alas (Poder y pasión)", que comienza a emitir pasado mañana Canal 13 con un elenco encabezado por Gustavo Bermúdez, Paola Krum, Nacha Guevara, Rodolfo Ranni y Gastón Pauls.

La actriz, símbolo de la generación de los sesenta, en la que el cine argentino apostaba a indagar en el alma de los personajes y retrataba los dolores cotidianos, está feliz por este regreso.

"Nueve años -dice- fueron demasiado paréntesis para una actriz. Mi último trabajo fue en el film "Cuerpos perdidos" , de Eduardo De Gregorio... Confieso, sin embargo, que deseaba esta vuelta que se dio por el estímulo de mis amigos y del público que, aún hoy, me reconoce por la calle."

-¿A qué se debió tu prolongado alejamiento?

-A muchas razones, todas de índole privada. La vida traza destinos adversos, hace sentir el dolor y la indiferencia, golpea muy fuerte... Pero no deseo recordar ese pasado, ya que el único día que sirve es el de hoy.

-¿Y hoy enterraste ese pasado?

-Lo superé, lo que ya es bastante. Estoy rodeada de gente que me apoya, de colegas que me miman y me siento renovada, plena para volver a enfrentarme al público.

María Vaner, nacida en Madrid cuando sus padres, María Luisa Robledo y Pedro Aleandro, hacían una gira teatral, confiesa: "No pude sustraerme a la magia del arte. Estudié en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde me gradué primero en pintura y dibujo y luego en escenografía. Posteriormente, y con la íntima vocación de actriz, concurrí a las clases de Hedy Crilla. En realidad, el arte dramático había sido siempre mi más fuerte vocación, pero no había podido dedicarme a él por un problema en la vista, que luego fue superado".

-¿Cómo llegaste al cine?

-Daniel Tinayre, que me conoció cuando era escenógrafa en Canal 7, me hizo firmar un contrato para tres películas para Argentina Sono Film. Me dirigió en "En la ardiente oscuridad", pero antes ya había actuado en "El secuestrador", de Leopoldo Torre Nilsson.

La actriz trata de evadir sus penurias personales, pasa por alto sus uniones sentimentales con Sergio Renán y Leonardo Favio y apuesta, lo repite constantemente, "a este presente que estoy viviendo y a un futuro en el que puedan converger el trabajo y la felicidad".

Ansiosos proyectos

Mientras graba los capítulos de "Alas (Poder y pasión)", "donde compongo un personaje dramático, pleno de magia y de locura", afirma, se dispone a participar en un nuevo film.

"Todavía no puedo adelantarte nada a este respecto -explica-, aunque ya estoy muy necesitada de retornar intensamente a la pantalla grande." Los proyectos de María Vaner no se detienen allí. Desea participar en un espectáculo unipersonal, continuará con su otra vocación, la pintura, y prosigue su tarea como asesora de la Asociación Argentina de Actores en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

-¿Nunca pensaste en dirigir cine? -Es otro de mis sueños. Tengo escritos tres guiones, y espero que pronto pueda dirigir uno de ellos... Como te darás cuenta, el arte me atrapó nuevamente. Y con mayor fuerza que nunca.

Sonriente, distendida y dispuesta al diálogo cordial, María Vaner se reinserta en el ambiente artístico con su talento indiscutido y su mágico encanto para animar los más disímiles personajes.

"Estoy transitanto una etapa feliz -resume-, porque comprobé que el cariño del público hacia mí continúa tan fuerte como siempre. El pasado quedó atrás, en el olvido. Ahora miro hacia adelante, donde está la luz de la esperanza que siempre ambicioné."

Símbolo de una época

La década del sesenta fue, para la cinematografía nacional, un rompimiento con temas pasatistas, melodramáticos y escasamente brillantes para insertarse en anécdotas que reflejaban los más íntimos meandros de personajes cotidianos sacudidos por el desengaño, el odio y el amor.

En esa época surgieron actores, directores y productores que lograron films de vuelo lírico, problemática reflexiva y cierto aire melancólico que atrajeron a una buena porción de público.

María Vaner fue, por esos años, un icono dentro de las ideas renovadoras de los cineastas, la mayor parte de ellos influidos por la "nouvelle vague". Con "Tres veces Ana", de David José Kohon (1961), la actriz demostró su enorme calidad para personificar personajes agredidos por los infortunios cotidianos. Volvió a mostrar su carisma dramático en "Los jóvenes viejos", de Rodolfo Kuhn, y participó en uno de los relatos más intensos de la década: "El romance del Aniceto y la Francisca", de Leonardo Favio.

Con "El bote, el río y la gente", de Enrique Cahen Salaberry, recorrió una aventura en la que varias vidas disímiles tejen y destejen su destino, mientras que su labor en teatro se convertía en otro de los aciertos en su carrera artística.

"Aquélla fue una época de transición para el cine argentino -recuerda la actriz-, donde se pretendía mostrar cómo vivíamos los argentinos dentro de una cotidianidad agredida por el espanto y el escaso futuro. Me alegro de haber pertenecido a esa generación que intentaba crear un nuevo cine nacional de raíces humanas... Pero todo quedó en el pasado. Ahora, nuestra cinematografía está resurgiendo con enorme fuerza. Yo, otra vez, estoy en la cresta de la ola. Por suerte, por vocación, por amor." .

Adolfo C. Martínez
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