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Ignacio Ezcurra, el recuerdo de un cronista incansable

Hubiera cumplido ayer 67 años el prestigioso periodista argentino que perdió la vida durante su trabajo como corresponsal de LA NACION en Vietnam

Domingo 08 de octubre de 2006 • 12:21

Un día como hoy, en 1939, nacía Ignacio Ezcurra, uno de los periodistas más dedicados y talentosos que vio nuestro país. Su pluma recorrió países de todo el mundo, de los cuales ninguno se vio a salvo de ser retratado por este copioso redactor. Murió a los 28 años, como corresponsal en Vietman.

A los 19 años emprendió un viaje junto a dos amigos, con los cuales recorrería más de 20.000 kilómetros hasta llegar a Estados Unidos, pasando por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y México. Estudió periodismo gracias a una beca otorgada por la Sociedad Interamericana de Periodismo (SIP), en la Universidad de Missouri.

Al volver a la Argentina, fue enviado por la Secretaría de Cultura de la Nación y el Instituto Di Tella a recorrer el interior del país para presentar espectáculos audiovisuales y documentales. Esta experiencia le permitió visitar más de 60 ciudades.

Ignacio Ezcurra, durante su trabajo en Vietnam
Ignacio Ezcurra, durante su trabajo en Vietnam. Foto: Archivo

Su trabajo periodístico lo llevó a encontrarse en diversos escenarios, como el conflicto en Medio Oriente, en 1965, dónde fue invitado por la embajada de Siria. Ya en ese entonces intuía un conflicto inminente. Más tarde, en 1967, viajó a Estados Unidos, dónde investigó los conflictos raciales, entrevistando a personajes como Martin Luther King y Robert Kennedy.

Hasta Vietman

En 1968 fue enviado por LA NACION a Vietman, fatídico destino donde cubriría lo que fue el mayor fracaso militar de Estados Unidos. Ya a su llegada, luego de la Ofensiva del Tét, comenzó vivir personalmente el horror de la guerra.

Tal vez motivado por investigar la muerte de varios colegas ocurrida días antes, se dirigió hacia Cholón, lugar dónde fue visto por última vez con vida. Oriana Fallaci escribía en su libro Nada y así sea : "… por la tarde no ha regresado al hotel. Tampoco regresó por la noche […] tememos que haya sido hecho prisionero. O bien… no quiero pensar en esto". Más tarde, una fotografía de un periodista independiente japonés confirmaría su muerte.

Su vida fue breve, pero no su obra. Sus notas nos recuerdan a un hombre preocupado por despertarle emociones al lector, en las cuales sus vivencias son parte imprescindible para retratar a los personajes que entrevistaba.

"De cualquier modo, si la misión del periodista es impedir la indiferencia, Ignacio Ezcurra con su destino nos la ha impedido para siempre", dice Sara Gallardo en el libro Hasta Vietman , reeditado por los hijos del difunto periodista en 1998, contando con sus más célebres trabajos.

¿Pero qué fue realmente lo que lo motivó a arriesgar su vida en una tierra lejana, en una guerra que le era ajena? Las palabras del corresponsal del New York Times, Malcolm W. Browne, lo expone claramente: "Para mantener su libertad de elección un pueblo necesita tener conocimiento; y el conocimiento a veces tiene que ser pagado con sangre. Tal es el uso dentro de lo mejor del periodismo, e Ignacio Ezcurra era de lo mejor".

Por Augusto D. Scodeller De la Redacción de LANACION.com ascodeller@lanacion.com.ar

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