
Tres crisis agudas en busca de redención
Por Fernando López | LA NACION
Al final del día (Om jag vänder mig om -Daybreak), Suecia/2003, color; hablada en sueco). Dirección: Björn Runge. Con Pernilla August, Jakob Eklund, Ann Petren, Marie Richardson, Leif Andrée, Magnus Krepper, Peter Andersson. Guión: Björn Runge. Fotografía: Ulf Brantås. Música: Ulf Dageby. Edición: Lena Dahlberg. Presentada en DVD por Alfa Films. 105 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años, con reservas.
Nuestra opinión: buena
Como otros realizadores actuales -el primer nombre que viene a la cabeza es el de Alejandro González Iñárritu-, el sueco Björn Runge también propone un múltiple retrato de agudas crisis individuales para sugerir a través de ellas una suerte de negro informe sobre el estado de cosas en el mundo contemporáneo. El cuadro comprende a gente que dispone de una acomodada situación social, pero vive íntimamente asfixiada entre la frustración y el desasosiego, presa de una desazón que ningún bienestar material puede disimular.
El momento en que se los sorprende a todos es el de la crisis extrema, pero bien puede preverse que tras la desesperación y el estallido vendrá la calma y que el autor sabrá hacer uso de su infinito poder para que, tras una hora y media de detallada muestra de miserias, a cada uno se le abra el resquicio de alguna redención. Al final del día es uno de esos films calculadamente fríos, duros, amargos e implacables de los que se sale con la sensación de haber cumplido con el deber de enfrentar las verdades más crudas, pero indemne, sin otro sedimento que el que podrá despacharse en una breve charla con amigos a la salida del cine.
Al límite
Runge organiza su film al modo de un tríptico en el que las partes se vinculan por el tono y la temática. Felizmente, se detiene a tiempo sobre el final, cuando parece a punto de establecer un "casual" nexo melodramático para unir las tres historias.
En las tres, la situación está por llegar a su límite. Hay un cirujano cuyo mundo se derrumba cuando, en cuestión de horas, se queda sin el trabajo que le habían prometido y en razón del cual ya había vendido su casa, da por terminada la relación con su amante justo en el momento en que ella le anuncia su embarazo, descubre una "traición" de la muchacha y su marido (hasta aquí sus mejores amigos) y queda expuesto con todas sus mentiras y miserias frente a su esposa y sus dos hijos.
La segunda apunta a una mujer de mediana edad que ha estado al borde de la locura desde que su marido la abandonó, tres años atrás, para irse con otra más joven, y ahora aprovecha que el azar (y los negocios) han puesto en sus manos una pequeña picana para irrrumpir en la casa de su ex, secuestrar a la pareja y tomarse revancha.
En la tercera, en torno de un albañil cuya adicción al trabajo lo está alejando de la familia, aparece el caso más extremo: un matrimonio maduro, paranoico y xenófobo que pretende amurallar puertas y ventanas para clausurarse en su búnker y defenderse de todo contacto con un mundo exterior cada vez más peligroso.
En algunos casos, las (negras) tintas resultan tan cargadas que el dibujo se aproxima a la caricatura. Pero Runge, que fuerza a sus personajes a voluntad para llegar al final a una redención tranquilizadora para el público pero muy poco convincente, tiene oficio y habilidad suficientes para mantener el tono y cuenta con el mejor aliado en un elenco capaz de hacer vibrar a sus personajes y volverlos creíbles a fuerza de íntima convicción. En ese sentido, el mejor ejemplo es el de Ann Petren, cuya rabiosa y amarga esposa vengadora será difícil de olvidar. .
