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En Formosa

Un ejemplo de desarrollo comunitario

Campo

Prácticas productivas que mejoran la convivencia entre criollos y wichis

FORMOSA.- "El desafío de transformar nuestra realidad" se denomina la Primera Jornada de Liderazgo Local organizada conjuntamente por el Programa Líderes de Aacrea y el Centro de Estudios e Investigación para la Dirigencia Agropecuaria (Ceida) de la Sociedad Rural Argentina, que se llevará a cabo el 20 del actual en el Sheraton Libertador de Buenos Aires. Al encuentro fue invitado como relator de sus experiencias el docente Juan Carlos Lavaqué, impulsor de un programa de integración social y desarrollo comunitario en un paraje de 600 habitantes criollos y aborígenes cercano a la frontera con Salta y Paraguay, que aspira a mejorar progresivamente su calidad de vida

Se trata de El Quebracho, un paraje de los tantos que existen en Ramón Lista, el departamento más empobrecido de esta provincia, donde quedó en evidencia la alianza estratégica entre educación y producción.

Responsable del cambio es la escuela de frontera N° 5 Capitán de Fragata Juan Page, que cuenta con 15 docentes que atienden en dos anexos a 140 alumnos y cuyo director es Lavaqué. Se trata de un docente de 43 años, incansable generador de ideas y proyectos que están cambiando la mentalidad de los pobladores, a tal punto que llegaron a reconocer el valor de la participación.

En la comunidad resalta el denominado Campo Experimental y Productivo, de 3 ha, donde se acometen iniciativas que luego son llevadas por los aborígenes y criollos a sus propios dominios. Allí se implantan especies nativas como el algarrobo blanco y el palo santo, que no sólo se utilizan para forestar una zona en la que predominan las plantas xerófilas, sino también se difunden entre las comunidades vecinas.

El verdadero milagro lugareño es la cañada "El quebracho", que le dio nombre al pueblo, de 4 km de longitud y 70 m de ancho. Las huertas ya no son extrañas. Comenzaron en la escuela y siguen en las casas. Las verduras y también las plantaciones de cítricos modifican los hábitos alimentarios de los lugareños, en cuya dieta abunda la carne.

También se comprobó que el mamón se adapta a la región. Y el trabajo es paciente, ya que va de la semilla al cuidado del millar de plantas que no dejan de dar frutos. "Aprendimos a elaborar dulce de mamón y estamos colocando en la zona 500 kilos envasados", cuenta orgulloso Lavaqué.

También han conseguido buenos resultados con la apicultura. Ya son 20 las familias que se dedican a esta actividad. Entregan la miel a una cooperadora de El Potrillo, que se destaca por elaborar por ciclo unos 30.000 kilos de miel casi orgánica, parte de la cual exportan a la Unión Europea.

En la cañada que nunca se seca, se sembraron 2000 juveniles de pacú que ya alcanzan casi los seis kilos, siendo consumidos por los lugareños, que deben mejorar su nutrición.

Hay otros emprendimientos como la lombricultura, que tiene por finalidad la producción de compuestos para el mejoramiento de la tierra. El Quebracho es, de todos modos, una zona ganadera. Los criollos y aborígenes cuentan con vacunos, equinos, caprinos, ovinos y porcinos. El lugar cuenta ahora con una oficina permanente de Senasa. La escuela coordina las labores de vacunación contra la aftosa e impulsó la elaboración y envasado de productos cárnicos para su venta en los departamentos del oeste y también en los comercios de la ciudad capital. "Elaboramos carne deshidratada o charque", anuncia el docente, al tiempo que se ufana por tratarse de la única planta en su tipo en el país. .

Por Justo Urbieta Para LA NACION
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