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Opinión

 
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Domingo 15 de octubre de 2006 | Publicado en edición impresa

Editorial II

Yunus, justo Nobel de la Paz

 
 
 

Hacia mucho tiempo que un Premio Nobel de la Paz no lograba provocar una aceptación casi unánime en el mundo entero. Sin embargo, anteayer, cuando se supo que el ganador era Muhammad Yunus -el "banquero de los pobres", como se lo conoce desde que comenzó, en 1976, con su idea de conceder microcréditos a los más pobres de entre los pobres- hubo alegría y sentimiento de justicia plena. Se había premiado a un hombre y a su creación, el Grameen Bank, pero también significaba el reconocimiento de que "la paz y la economía están directamente relacionadas" y de que "la paz duradera no puede alcanzarse a menos que vastos grupos de la población encuentren formas para salir de la pobreza", como lo expresó el comité noruego del premio en sus considerandos.

Este Nobel de la Paz es, también, representativo del momento que está viviendo el mundo que todos habitamos. Escindido de manera brutal entre los que tienen mucho y los que lo han perdido todo, los excluidos sociales que día tras día son más, sólo un cambio profundo de manera de pensar y de obrar puede salvar a nuestra "casa" de la violencia de las guerras y de las grandes hambrunas e injusticias. Y lo que parece imposible, ante la desmesura de la tarea, tiene, sin embargo, su principio de remedio en algo tan pequeño y tan simple como una buena idea y su concreción: en este caso, la notable experiencia de Yunus conocida como microcrédito.

He aquí uno de los grandes méritos del flamante premiado que, valiéndose de las mismas reglas de juego impuestas por el capitalismo desde hace más de un siglo de existencia, hizo una propuesta invalorable para cambiar la realidad. Transformó algunas nociones tradicionales de la economía e implementó lo que los bancos comerciales no hacen: brindar créditos pequeños (los microcréditos) a familias muy pobres; sobre todo, a las mujeres, con lo cual también introdujo otro cambio fundamental, al confiar en aquellas en las que no confiaría habitualmente una entidad financiera. De esta manera, que ahora aparece como muy clara y sencilla, miles de personas pueden convertirse en trabajadores independientes y producir diferencia de dinero sobre el costo. Hoy el Grameen Bank (Banco Rural), lleva entregados más de 5720 millones de dólares en pequeños préstamos a bengalíes pobres, con lo cual se proveyó de un salvavidas a millones de personas y de un modelo bancario a más de 100 naciones que lo han imitado, desde los Estados Unidos hasta Uganda.

Yunus había recibido anteriormente otros importantes reconocimientos y apoyos; por ejemplo, en 1998, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Y la ONU declaró el año 2005 como Año Internacional del Microcrédito. Pero, a partir de hoy, el nombre de Muhammad Yunus sonará familiar en todo el mundo, y su obra tendrá la oportunidad de verse "replicada" mucho más de lo que era hasta ahora. Con respecto a nuestro país, debemos señalar con orgullo que el economista ha estado aquí en tres oportunidades -1999, 2001 y 2003- y que la Fundación Grameen cuenta hoy con 26 sucursales en todo el país, concentradas en su mayor parte en el Gran Buenos Aires, que han entregado ya más de 3000 microcréditos. En agosto último, el Congreso argentino sancionó una ley de microcréditos que permitirá, a partir de 2007, financiar a sectores pobres (que suman 11 millones de personas en el país, es decir, un 31 por ciento de la población), con montos de hasta 9600 pesos.

Quizás uno de los que mejor comprendió la importancia de Yunus y su obra haya sido el recordado periodista de LA NACION Germán Sopeña cuando, en un artículo sobre el economista bengalí, publicado en este diario en enero de 1999, escribía: "Es un economista que un buen día se convirtió en un filósofo que valora las condiciones básicas del ser humano: su capacidad de supervivencia, sus ansias de mejorar, de elevar el nivel de vida de sus hijos, de aportar una cuota de creatividad individual para ganarse honradamente un lugar en la vida". Curiosamente, ya en ese momento Sopeña sostenía que Yunus sería en el futuro un candidato lógico al Nobel de la Paz. Y no se equivocó.

En efecto, al premiar una obra excepcional al servicio de la solidaridad, el desarrollo y la paz, la Academia Sueca ha ido más lejos todavía. Porque con este gesto se está revalorizando también un conjunto de valores tradicionales a la luz de nuevas interpretaciones. Ojalá se esté ahora más cerca de cumplir esa otra meta superior de Yunus: "Acabar con la pobreza en el mundo para el año 2050. Que en ese momento pensar en la miseria y la marginación sea una barbarie del pasado que nos avergüence como seres humanos". .

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