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La Plata hace su felicidad: "Verón, Verón..."

Deportiva

Juan Pablo Varsky
Para LA NACION

Algún día será presidente de Estudiantes. No se trata de un aviso de campaña. Simplemente, es una predicción de cumplimiento inevitable. Mientras tanto, no necesita la investidura formal para el ejercicio del cargo. Desde que volvió de Italia, ha participado activamente de la vida del club con mentalidad de gerente. Su paso por Europa lo convenció de que el fútbol necesita más dirigentes con pasado de jugador y está decidido a llenar ese formulario sin aspirantes. En persona, solucionó el conflicto entre el club y la Municipalidad de La Plata por la remodelación del estadio. Su encuentro con el presidente Kirchner destrabó una polémica que parecía interminable y el Pincha podrá arreglar su cancha de 1 y 57.

Sin avisar, apareció en una jornada de divisiones juveniles y conversó con los chicos que tienen pegado su póster en la habitación. Además de motivarlos, les dijo que nada de esto se parece al comercial de Pepsi donde con un chasquido de dedos él mismo conseguía todo lo que quería. Antes del regreso, ya había hecho su aporte de dinero para que las canchas y el gimnasio de City Bell hoy sean un orgullo institucional.

Conversa permanentemente con el actual presidente Eduardo Abadie y el anterior Julio Alegre. Lejos de la competencia y los celos, los dos hombres fuertes aceptan y valoran su omnipresencia en el club. Su padre, Juan Ramón, es el secretario técnico, un cargo con más honor que obligación para la verdadera Bruja , acaso el mejor futbolista en la historia de Estudiantes. Pero a la hora de tomar decisiones importantes, siempre aparece el actual número 11.

También dentro de la cancha, donde el Cholo Simeone toma en cuenta su palabra. Jugaron juntos (la selección, Lazio) y vuelcan ese entendimiento al servicio del equipo. Pueden dialogar sobre un cambio, compartir alguna indicación y no habrá superposición de funciones. Tampoco el DT, que algún día será el seleccionador nacional, interpreta esta influencia como un desafío a su autoridad.

Asimismo, alimenta su relación con los hinchas que van a los entrenamientos sólo para verlo a él. Cada uno se retira con su autógrafo. No disponible ante Lanús por cinco amarillas, presenció el triunfo desde la tribuna. De entrada dijo: "Muchachos, quiero ver el partido. En el entretiempo, les firmo". Y el tipo cumplió...

Aún no nos hemos ocupado de lo más importante. Porque Juan Sebastián Verón volvió a Estudiantes para jugar al fútbol, ¿no? Y lo está haciendo bastante bien, con protagonismo en cada partido (siempre es el que más toca la pelota), precisión para los pases (80% de eficacia) y la idea de jugar de primera en campo rival. La hernia de disco que tanto lo complicó en Chelsea todavía le provoca dolores de espalda.

Pero hoy no hay nada que pueda molestarlo. Está disfrutando de la mayor alegría de su carrera, si unimos pasión con profesión: 7 a 0, en su primer clásico diagonal. Se había perdido aquel 3-0 del Apertura 95 con el puntual gol de Calderón que gritó desde la popular. Casi once años después, se dio el gusto de abrazarse en el campo con el mismo delantero, ejemplo de vigencia que facturó por triplicado.

El equipo de Simeone jugó el partido perfecto para entrar en los libros. Y Verón no necesitó de su mejor versión para meterse en el comentario. Abrió y cerró la fiesta con dos pases gol. En el primero puso la pelota donde la marcación zonal de Gimnasia no tenía cobertura y ahí llegó Galván para conectar de cabeza. En el último, terminó con el toqueteo en campo propio y habilitó al goleador para el séptimo sello. Compensó los pases incorrectos con una mayor recuperación de balones en la mitad de la cancha, al lado del formidable Chapu Braña.

Con la goleada consumada, dio la orden de jugar en serio y seguir atacando. Nada de circo por respeto al rival, aunque parezca contradictorio. "Uno más", pidió después del cuarto. Y, tras el sexto, hizo señas a los hinchas para que se alejaran de la zona más cercana a la tribuna del Lobo. Ante el riesgo de suspensión, había que evitar todo acto provocador. Por supuesto, ellos también le obedecieron.

La Plata hace la felicidad de Juan Sebastián Verón. Mejor dicho Estudiantes, esa forma de ser que te atrapa (Miguel Russo dixit), con sentido de pertenencia que se transmite de generación en generación, lugar que no se olvida y al que siempre se vuelve (Martín Palermo estuvo en el estadio como un hincha más). Ese club que hoy lo tiene como prócer y del que algún día será presidente. .

jpvarsky@lanacion.com.ar
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