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Dos visiones opuestas que amenazan la gobernabilidad

Lunes 16 de octubre de 2006

QUITO.- Fruto de la crisis política que afecta a Ecuador desde hace por lo menos una década, el resultado de las elecciones de ayer puso sobre el tapete las profundas diferencias que dividen a esta sociedad polarizada, que apoyó a dos candidatos con visiones incompatibles, lo que difícilmente garantice la tan buscada estabilidad.

En forma sorpresiva y a pesar de lo que indicaban las últimas encuestas, el candidato populista de derecha Alvaro Noboa obtuvo un caudal de votos superior al esperado, y el candidato de la izquierda, Rafael Correa, estuvo lejos de lograr la holgada victoria que pretendía.

Analistas ecuatorianos coinciden en que esto se debe al enfoque diferente -tan disímil como las visiones de país que cada uno tiene- que le ha dado cada candidato a su campaña en la recta final y que trajo mejores resultados a Noboa.

El discurso central de Correa, eminentemente político, con propuestas de cambio y de refundación del país, que le fue muy fructífero en el inicio de la campaña y le permitió despegar en las encuestas, llegó en las últimas semanas a un límite que el candidato no supo identificar a tiempo, según coinciden los analistas.

Por su parte, Noboa optó por un discurso más cercano al elector, con promesas a diestra y siniestra en temas como vivienda, empleo y microcréditos, lo que le valió un creciente apoyo en los últimos días de campaña.

"Los resultados muestran que la candidatura de Correa se desinfló en las últimas dos semanas por un exceso de triunfalismo y por un convencimiento de que la campaña seguía moviéndose en el sentido correcto, que era el de seguir criticando a la «partidocracia». Frente a ese discurso llegó uno más modesto en cuanto al cambio político y con propuestas más cercanas a la gente", indicó a LA NACION el subdirector de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Felipe Burbano.

Mientras Correa proponía convocar a una Asamblea Constituyente para recomponer la malherida democracia ecuatoriana y expresaba su oposición al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y su repudio a lo que llamó el PUM (por "Partidocracia Unida Mentirosa", en referencia a los partidos tradicionales) -temas que tuvieron buena respuesta del electorado en un inicio-, Noboa se dedicó a recorrer el país haciendo ofertas concretas a los sectores más pobres.

En las últimas semanas, Noboa se conectó con el electorado por su campaña basada en la cercanía y el asistencialismo: en cada acto proselitista regaló sillas de ruedas a los discapacitados, computadoras a las escuelas y dinero en efectivo, al tiempo que prometió construir 300.000 viviendas por año y generar un millón de empleos.

El miedo a la izquierda

Noboa se ocupó, además, de confrontar directamente con su contrincante. "El discurso de cambio de Correa dio espacio a un discurso de derecha que agitó los miedos que despierta la izquierda en la sociedad ecuatoriana, tradicionalmente conservadora", añadió Burbano.

En efecto, las de Correa y Noboa son dos visiones opuestas de país y de hacer política; ambas ahora protagonizarán la campaña para la segunda vuelta. "De ahora en más, se oponen dos visiones incompatibles de la sociedad ecuatoriana", señaló a LA NACION el analista político José Hernández.

"Casi una caricatura en algún sentido: de un lado el «millonario que no paga impuestos y que explota a los niños» -Noboa, según Correa- y del otro el «comunista amigo de Cuba» -Correa, según Noboa-. Va a ser difícil que salga de esa visión estereotipada", añadió Hernández.

Todo esto en un contexto de gran y continua inestabilidad política plantea a quien sea el ganador del ballottage un desafío enorme y urgente: la gobernabilidad. Y ninguno de los dos candidatos parece tener el camino pavimentado en su eventual mandato.

"Lo más peligroso de Noboa es que es la cabeza del grupo económico más grande de Ecuador, representa a 110 empresas y es ese grupo económico el que va a controlar el poder. Es una fusión peligrosísima entre el mayor poder oligárquico y el Estado, una identificación plena entre los grupos de poder económico y el poder político que no dará espacio a la redistribución", afirmó Burbano, y dejó entrever el posible retorno de protestas sociales. "Representa la continuidad de la inestable práctica política ecuatoriana de los últimos 25 años", añadió.

En tanto, una eventual victoria de Correa en segunda vuelta tampoco es garantía de gobernabilidad, ya que una de las condiciones fundamentales de su ambicioso proyecto político era el apoyo masivo de la ciudadanía, lo cual no quedó ayer reflejado en las urnas.

"El desafío que planteó al Congreso y a la llamada «partidocracia» implica un conflicto institucional muy grande que sólo puede superar con una victoria abrumadora. En el caso eventual de ganar la segunda vuelta, será un triunfo apretado y toda su propuesta de cambio político se le vuelve cuesta arriba porque va a tener un Congreso totalmente opositor, así como una parte del establishment reticente", concluyó Burbano.

Por Ignacio Coló Enviado especial

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