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Editorial I

La prostitución de adolescentes

Opinión

Ante el crecimiento desmedido de la pornografía infantil y la prostitución de niños y adolescentes en el nivel mundial, se hace necesario extremar esfuerzos para sensibilizar a nuestra sociedad en el sentido de combatir estos delitos aberrantes y estar atentos ante cualquier manifestación sospechosa que esté relacionada con ellos.

Y decimos cualquier manifestación sospechosa porque algunos especialistas argentinos han comenzado a detectar la existencia de nuevas estrategias perversas para introducir a las niñas y las adolescentes en la prostitución y en el negocio de la pornografía.

Ante la consulta de padres preocupados porque sus hijas aparentaban manejar cantidades importantes de dinero que ellos no les daban, comenzó a desnudarse una realidad impensada: a la salida de la escuela, es frecuente que niñas y adolescentes sean abordadas por sujetos que, con la excusa de ser promotores de programas de televisión, les entregan una tarjeta con un nombre supuesto y un número de teléfono celular al cual deberán llamar para hacer una cita en un estudio donde se las invitará a hacer pruebas fotográficas. Esas "sesiones fotográficas" son pagadas al principio, de allí la presencia de ese dinero no registrado por los padres.

La vulnerabilidad característica de la personalidad adolescente, sumada a la ingenuidad de creer en la posibilidad de ganar dinero muy pronto y de manera aparentemente fácil, hace que niñas y adolescentes sean engañadas por esta "oferta" laboral para iniciarse en el soñado mundo de las modelos profesionales.

Por supuesto que procedimientos como éstos han existido siempre, pero lo que es distinto es que estas falsas promesas ahora se apoyan en la fuerza que les concede el entorno en que hoy viven estas niñas: el despliegue muchas veces lindante con lo obsceno que puede verse en muchos medios de comunicación, principalmente en la televisión, de cuerpos femeninos semidesnudos exhibidos sin ningún pudor y la ligereza con que en muchos hogares se festejan los éxitos obtenidos con dinero fácil.

Es esta realidad próxima la que puede hacerles ver como natural a muchas niñas y adolescentes el ser "descubiertas" en la calle, con lo que paulatinamente se encaminarán a lo que termina lisa y llanamente en el delito conocido como trata de personas. Lamentablemente, éste constituye uno de los negocios más lucrativos en el mundo actual y está considerado un delito aun si la persona que es objeto de la trata ha dado su consentimiento.

En julio último se conoció un informe de la Unicef donde se informaba que alrededor de un millón de niños y adolescentes son absorbidos todos los años por el comercio sexual -como la venta de niños, la prostitución, el turismo sexual y la pornografía infantil- , víctimas de la degradación y sometidos a un riesgo que amenaza sus vidas.

Conviene recordar que, en agosto de 2003, nuestro país aprobó el Protocolo Relativo a la Venta de Niños, la Prostitución Infantil y la Utilización de los Niños en la Pornografía, documento que complementa la Convención de los Derechos del Niño y donde se señala que todo Estado parte deberá castigar ese delito con penalidades adecuadas a su gravedad. Sin embargo, además de la importancia que significa adherir a estas iniciativas internacionales deben estar las medidas de todos los días para enfrentar estos delitos de la mejor manera posible.

Así, el Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Conaf) ha dado una serie de recomendaciones para prevenir a los niños de ser víctimas de la pornografía infantil: no enviar fotos por Internet a gente desconocida ni dar datos personales; no ir en soledad a un encuentro "a ciegas"; no dejarse sacar fotos o evitar invitaciones para posar a cambio de dinero; desconfiar de regalos de desconocidos o eludir citas de noche y sin compañía, o en sitios donde hay poca gente.

Ante una realidad insoslayable como la descripta no hay tiempo para dudar. Se hace imprescindible organizar desde el Estado campañas nacionales destinadas a los miembros de la sociedad que están naturalmente en contacto con los niños, padres, maestros, autoridades escolares, pedagogos, psicólogos y también al resto de la comunidad, para que todos comprendamos claramente hasta qué punto está en juego el futuro de muchos de nuestros niños. .

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