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Domingo 22 de octubre de 2006 | Publicado en edición impresa

Teatro Colón: la mira en el centenario

Manos a la obra

A partir del 2 de noviembre, el coliseo porteño permanecerá cerrado por un año y medio para desarrollar la última etapa del Master Plan

 
 
 

Cuando el 1° de noviembre baje el telón luego del saludo de Mercedes Soda y la Orquesta Estable del Teatro Colón a pleno –que cerrarán la temporada puertas adentro, ya que proseguirá en otros escenarios–, comenzará la tercera y última etapa de las obras del Master Plan, quizá la más polémica porque implica el cierre de la sala hasta el 25 de mayo de 2008, fecha en que se hará la gran reapertura para los festejos del centenario.

Las tareas de puesta en valor y actualización tecnológica que comenzaron en 2001 llegarán así al corazón mismo del teatro, a las zonas de mayor valor patrimonial, es decir, al Salón Dorado, al foyer, a la sala principal y a la caja escénica. Tareas que les dieron más volumen a las voces que desde hace un tiempo se vienen alzando en contra de las reformas, de los cambios y de las intervenciones, ya que se suma el temor de muchos de los empleados del teatro –que circula como un rumor acallado pero insistente por sus pasillos-, de que luego del día de fiesta las puertas se vuelvan a cerrar para continuar las obras o, peor, que no se vuelvan a abrir.

"No hay ninguna posibilidad de que algo de esto suceda. El 25 de mayo de 2008 el teatro se reabrirá para el festejo del centenario y así permanecerá. Lo que no se logre ejecutar hasta esa fecha se podrá seguir realizando luego, pero esas obras no interrumpirán la temporada artística que se inicie ese día." La arquitecta Sonia Terreno, coordinadora general de los trabajos del Master Plan, modula cada palabra como para que se entienda bien su concepto, para que no quede ninguna duda sobre lo que dice. Desde hace varios meses, Terreno viene teniendo un entrenamiento más que intenso en esto de dar explicaciones, en tratar de mostrar y de demostrar que todas las etapas del plan maestro se están llevando a cabo con absoluta responsabilidad y seriedad. "Toda la documentación sobre el trabajo que se está haciendo es pública y la puede consultar quien quiera; de hecho, la vamos a subir a la Web para que sea más accesible a todos."

Aunque sería más gráfico ilustrar lo que va a suceder a partir del 1° de noviembre en el teatro con una tromba de obreros que entre a la sala por el pasillo central, no sería muy cercano a la realidad, ya que si bien hay apuro y los tiempos van a empezar a correr de manera precipitada, la gran tarea de desvestir la sala será realizada con mucha minuciosidad y paciencia, ya que antes de desarmar hay que terminar de estudiar detalladamente cada sistema de cortinado, herrería, entablonado y demás. Mientras tanto, concluirá el proceso de licitación de la empresa gerenciadora que se encargará de los contratos parciales con los diferentes especialistas (restauradores de dorados y ornamentos, confeccionistas de textiles y tapiceros, entre otros).

Plumero en mano

Básicamente, se tratará de un trabajo de enorme limpieza especializada, que exigirá un andamio en toda la herradura de la sala, a la que habrá que vaciar de cortinados, mobiliario y luminarias. La única que permanecerá como testigo de todo lo que allí suceda será la enorme araña central que se restaurará en el lugar.

"Se trata de una obra llave en mano; es decir, que comprende desde el reemplazo de la instalación eléctrica de la sala, del aire acondicionado, hasta la renovación de todos los textiles y de la tapicería", detalla Terreno.

Para eso, entre otras tareas, en estos momentos se están haciendo pruebas de bordados tanto en la Argentina como en la India y, según lo que explica la arquitecta, lo más probable es que en asuntos de restauración se armen equipos mixtos. "En el caso de textiles, los géneros que estamos pidiendo tienen que cumplir con una certificación europea, por lo que es posible que muchos de ellos provengan del exterior y que las confecciones se realicen acá."

La cuestión de los textiles tomó otra envergadura por la necesidad de reemplazarlos por unos que, además de ser iguales, con el mismo nivel de absorción sonora, sean ignífugos, por lo que, por ejemplo, las butacas serán retapizadas con terciopelo de lana -como en realidad eran las originales- y no de algodón, como es el terciopelo que las recubre ahora.

Así, la preservación del teatro contra el fuego se convirtió en uno de los principales problemas por resolver a través de sistemas de detección temprana, extinción y monitoreo permanente. "Estamos haciendo instalar en un espacio que está en la esquina de Cerrito y Tucumán una central de incendio que va a ser el cerebro del sistema y, debajo de la Plaza del Vaticano, una enorme reserva de agua", detalla la arquitecta.

Actualmente, el teatro tiene instalaciones contra incendio en todo el sector que amplió, en la década del 60, el estudio del arquitecto Mario Roberto Alvarez, pero en otros, como el escenario, no hay ninguno, por lo que este lugar, precisamente donde más posibilidades hay de que se produzca un siniestro, se convirtió en prioridad.

"Por un lado se está realizando la instalación contra incendio propiamente dicha, que es una cañería que sube por las parrillas y que arma el sistema de extinción y, por otro, lo que se llaman las protecciones pasivas, que están formadas por unas puertas automáticas que, en caso de detección de incendio en el escenario, se cierran para que quede bloqueado", sigue Terreno. La idea es que si se quema algo, sea sólo el escenario, que se puede volver a construir; lo que se considera irrecuperable es la sala. También se cambió la viga cortafuego, que es un plano que continúa desde el escenario -donde es movible y toma el nombre de telón cortafuego- y llega hasta el último subsuelo.

A escena

El escenario será el otro gran centro de acción a partir del cierre del teatro, ya que allí se llevarán a cabo modificaciones escenotécnicas que ya se están terminando de detallar a nivel de planos con los técnicos australianos de la empresa subcontratista. Estos ajustes de proyecto se deben básicamente a que a lo largo de los cinco años que lleva la obra han ido cambiando los directores generales del teatro y también los directores escenotécnicos, lo que implicó que cada uno hubiera solicitado alguna modificación al pedido de su predecesor. "Cada director escenotécnico tiene un modo particular de trabajar en el escenario; por eso, antes de relicitar se vuelve a ajustar el proyecto."

Durante la década del 80 se realizó una importante remodelación desde el piso escénico hacia arriba, hacia la zona de parrillas y maquinaria escénica superior, pero no alcanzaron a hacer la readecuación del piso escénico hacia abajo, por lo que las tareas que comenzarán en noviembre tocarán directamente el piso del escenario y la vía de comunicación entre los talleres de producción de escenografía y el escenario, que actualmente se produce a través de un túnel muy quebrado, que se ensanchará para desplazar con más comodidad y rapidez piezas de escenografías de mayor tamaño.

Los límites de la obra

"La madera del piso del escenario está hecha un queso, llena de agujeros, durante décadas y décadas de clavar. Además, tampoco es el piso original; es uno que se agregó hace varias décadas cuando se puso el disco giratorio. Vamos a conservar ese disco y la pendiente; sólo se va a sacar la segunda capa del piso para reemplazarlo por uno nuevo."

Terreno se empeña en destacar que no van a hacer algo que no está. "El que quiera otro teatro tendrá que ir a buscarlo a otra parte. Nuestro límite, también en la reforma escenotécnica, lo ponen los parámetros de medición de la acústica. No vamos a ensanchar ni cortar ni romper nada que pueda llegar a afectarlos."

Con esta idea, resume básicamente que el 25 de mayo de 2008, cuando se reabra el teatro, la gente no va a notar nada demasiado diferente de lo que había, salvo, sí, que todo estará más luminoso, más limpio, pero no habrá grandes cambios a la vista. De hecho, gran parte de los trabajos de la segunda etapa que está a punto de concluir está y estará lejos de los ojos de los espectadores. Como la renovación del sistema de agua caliente, la ampliación de la potencia eléctrica, el sistema de iluminación de emergencia en el escenario, el cambio de colector de vapor y tanque de condensado, entre muchísimos otros, imposibles de enumerar.

Ahora bien, para ver y, sobre todo, escuchar, cómo resultará finalmente el Master Plan, habrá que esperar hasta el día de la celebración del centenario del teatro, que, por más mejoras que tenga, seguirá siendo un señor de cien años al que, felizmente, nadie intenta ocultarle las arrugas ni las canas, que bien ganadas las tiene.

Por Verónica Pagés
De la Redacción de LA NACION

A la vista

  • Entre las muchas modificaciones que el público no podrá apreciar porque están destinadas a mejorar estructuralmente el teatro, hay otras que sí puede ver quien tenga ganas de curiosear la zona, como el techo de zinc, los vitrales del gran foyer (el central está a días de concluirse), la consolidación estructural de balcones y las mejoras en el Pasaje de los Carruajes. Y los que pierdan la batalla contra la ansiedad no tendrán más que recorrer las veredas laterales del teatro para seguir la restauración de las fachadas y la renovación y ejecución de la nueva Plaza del Vaticano. Es más: hasta quizás el Centro de Experimentación del Teatro Colón abra sus puertas mucho antes del centenario y reciba a los espectadores que quieran ver no sólo las propuestas artísticas del lugar, sino también pispear en qué anda la nave madre.
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