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Historias solidarias

Un sacerdote aprendió a ser padre para ayudar a niños desamparados

Información general

Más de 500 chicos viven en el hogar que fundó el cura Aguilera, en Unquillo

Por   | LA NACION

CORDOBA.- Para los cordobeses, hablar de la Casa del Niño del padre Aguilera es ya una tradición, es un sinónimo de solidaridad y caridad para con los 538 chicos a los que la desintegración de sus familias los dejó solos.

"No se trata de que a estos chicos los vayamos a hacer felices porque los saquemos de la pobreza. Nuestro objetivo es que vivan dignamente y que sean capaces de no repetir lo que les pasó en sus familias", enfatizó Héctor Zenón Aguilera, el cura de 67 años, de la vecina localidad de Unquillo, artífice de esta acción benefactora.

"Es una experiencia, con toda su pobreza, pero con sus alegrías y esperanzas. No es la panacea, ni la solución para estos chicos, pero aquí aprenden a valorar la vida, a superar las dificultades espirituales y a sentirse capaces y sin resentimientos", recalcó.

Ocupado en los preparativos para salir de campamento con un centenar de sus "ahijados", el sacerdote atendió amablemente a La Nación para dar cuenta de su acción humanitaria.

Durante la caminata por la humilde casa, el padre Aguilera no cesó de intercambiar besos con las criaturas que le transmitían su infinita ternura. Para estos niños no hay nadie como él y se lo hacen notar.

Los orígenes del emprendimiento del padre Aguilera se remontan a principios de enero de 1970, cuando el sacerdote se encontró con la increíble y triste historia de cuatro chicos que quedaron solos porque el río les había llevado la casita, en Unquillo.

"Nadie los atendía y me animé a cuidarlos porque sentía que como cura debía ser un ejemplo de la solidaridad. Entonces los llevé a vivir conmigo en mi casa parroquial", recordó.

Es evidente que el caso lo marcó profundamente, lo suficiente para convencerlo a comenzar con su obra. Con satisfacción, el padre agregó: "Agradezco a Dios haberme animado en aquella oportunidad a afrontar esa situación. Definitivamente, ese día mi vida dio un vuelco del que nunca me arrepentiré".

Como si fueran sus hijos

Siguiendo su relato, el sacerdote afirmó que empezó a compartir la vida con los chicos y, ante su inexperiencia como padre de familia, optó por consultar a los entendidos: "Recorrí el barrio para preguntarle a algunos vecinos cómo hacían para atender a sus hijos", explicó.

Así empezó semejante desafío que, impensadamente, se convertiría en un gigantesco hogar de niños abandonados. Un orgullo para toda la ciudad. "Después de los cuatro hermanitos que traje conmigo en el año 70, llegaron dos chicos más. Más tarde fueron ocho, diez y dos años más tarde..."

El relato de Aguilera fue interrumpido por un nene que acudió a comentarle al padre: "Se me salió el diente y se me perdió".

Tras el afectuoso consuelo del sacerdote, retomó su historia y señaló que "a los dos años ya teníamos más de 15 chicos".

Pero esa cifra quedó en el ayer: hasta el presente pasaron por las manos de Aguilera más de 1600 menores cordobeses y de otras provincias.

Con el tiempo, la gente había reemplazado la denominación de la casa parroquial por la Casa del Niño. "Fue porque cada vez que iban a hablar conmigo salían chicos por todas partes", indicó el sacerdote.

Ante la magnitud que iba adquiriendo ese desafío, el propio arzobispo de la provincia, cardenal Raúl Francisco Primatesta, tomó cartas en el asunto y le cedió los terrenos donde hoy se levantan las construcciones de su ejemplar obra.

Vivir de la providencia

Así empezó este trabajo hace cerca de 30 años. "Estamos expuestos a la providencia, a la ayuda de empresas, instituciones y particulares. El gobierno nos da una mano con algunas raciones alimentarias y con una cuota mensual para los chicos, muy exigua (menos de 30 pesos por mes y por niño)", expresó Aguilera.

Pero el religioso se mostró firme y crítico: "Creo que la ayuda del Estado es una ayuda de justicia, pero no quiero que sea el que mantenga la Casa, porque si me convirtiera en el administrador de los bienes del Estado esta casa no sería una obra de fe y caridad".

Quienes puedan cooperar con la Casa del Niño del padre Aguilera, pueden hacer llegar sus aportes a la calle Deán Funes sin número de la localidad de Unquillo, teléfono (0543) 88038. En la ciudad de Córdoba pueden hacerlo en Caseros 261, entrepiso, galería del Huerto, teléfono (051) 231663.

En la Capital Federal, las donaciones se reciben en el colegio Madre Cabrinil, situado en César Díaz 2048 del barrio de Flores, teléfono (01) 585-2229.

Para dar una mano

El comedor Casa del Niño Corazón de Jesús, de San Francisco Solano, fue fundado hace un año por 12 madres del barrio Las Piedras.

Allí comen diariamente 90 chicos. Quienes puedan ayudarlos con polenta, arroz, galletitas, fideos y azúcar, pueden comunicarse al 212-8841.

Trasplantes

La Asociación Amor y Vida, que reúne a pacientes que esperan un trasplante y a sus familiares, organiza un encuentro para abordar temas médicos y psicológicos de quines viven esta situación.

Los interesados en participar en la reunión pueden llamar al 863-1232 y preguntar por la familia Sánchez.

Organizar una guardería

Un grupo de mujeres peruanas colaboran con un centro de salud donde se atienden las necesidades asistenciales de chicos y sus madres.

Estas mujeres se reunieron para organizar una guardería y necesitan pañales, zapatillas y una heladera para preservar vacunas y medicamentos.

Para quienes puedan colaborar con ellas, su teléfono es el 781-4300.

Mujeres voluntarias ofician de madres

El cuidado de los 538 chicos de la Casa del Niño está a cargo de unas 50 mujeres que cumplen el papel de madres, viven dentro del complejo y no cobran retribución alguna.

"Nadie tiene sueldo, primero, porque ningún chico tiene mamá por horas y, segundo, nadie cobra por ser mamá", remarcó el padre Héctor Zenón Aguilera.

También puso de manifiesto la voluntad y generosidad de numerosos profesionales de la salud, entre ellos pediatras, neurólogos, fisioterapeutas y psicólogos, que atienden desinteresadamente a los niños que se encuentran en el hogar.

Esas prestaciones resultan fundamentales para los chicos con deficiencias físicas o mentales. Muchas veces, también los chicos necesitan asesoramiento legal ya que se encuentran en conflicto con la ley por algún delito.

Aun cuando dejan la Casa, a los chicos se les hace un seguimiento para que "no desvíen el camino".

Al respecto,el padre Aguilera mostró como fruto de su trabajo a 54 jóvenes, de ambos sexos, que dejaron el establecimiento, se han casado, han tenido hijos y algunos poseen títulos profesionales.

En el hogar, los chicos no dedican el tiempo sólo a los juegos: van a la escuela y participan -según las edades y sexo en diversos talleres prácticos.

Entre los más importantes figuran: panadería, albañilería, electricidad, cestería, cotillón, peluquería, y hasta zapatillería. También aprenden el cuidado de huertas y de granjas donde crían gallinas y conejos.

Todas estas prácticas son realizadas en el predio de 20 hectáreas en el que se construyeron 38 pequeñas casas para albergar a los chicos del hogar.

Emprendedores que saben decir "muchas gracias"

Animo: centenares de personas se comunicaron con el Paraguas Club, que apoya el desarrollo de pequeños proyectos individuales.

Después de aparecer en Historias solidarias, los teléfonos del Paraguas Club no dejaron de sonar. La agrupación, integrada por profesionales de clase media, tiene como objetivo desarrollar microemprendimientos que se conviertan en la fuente de trabajo de estas personas.

"La respuesta de los lectores fue impresionante", sintetizó Norberto Toppino, uno de los pioneros del grupo.

Toppino fue optimista en su declaración: "Sabíamos que eso iba a pasar. Al diario lo leen personas con el perfil que buscamos y por eso tuvimos tanto éxito".

"La nota fue muy bien recibida por la comunidad. Nos llamaron entre 300 y 400 personas", dijo el creador del Paraguas Club, Leo Sokolovsky.

"Fue como una semilla que hizo brotar otras notas en otros medios y atrajeron más gente", agregó el emprendedor fundador.

Un aluvión de gente

El Paraguas Club debió organizar más reuniones que las previstas habitualmente para responder a tanta demanda.

Toppino y Sokolovsky coincidieron en que era muy difícil evaluar qué pasaba con las personas una vez que se reunían y formaban microproyectos de trabajo.

"Estamos tratando de cambiar esta modalidad porque no queremos perder contacto con la gente", señaló Sokolovsky.

La Historia solidaria del Paraguas Club publicada en estas páginas recorrió el mundo de la mano de Internet.

"Recibí cartas de un diario que se publica en castellano en los Estados Unidos en las que me decían que el proyecto les parecía bárbaro y estaban interesados en reproducir material nuestro", precisó el creador del creciente grupo.

"Pero como no tenemos e-mail perdimos contacto con ellos", se lamentó.

Como publicó La Nación el 6 de octubre último, el principal pedido del grupo, formado por desempleados, jubilados y gente con ganas de salir adelante pese a la crisis, consiste en una oficina para mejorar el funcionamiento del club.

En esa oportunidad, Sokolovsky manifestó que necesitaban una oficina, teléfono, computadora (de ser posible con Internet) y fax. "Si pudiésemos generar una red con pares de las provincias se agilizarían los proyectos", explicó.

Desafortunadamente, desde entonces no fue posible conseguirla. Aun así, los miembros del grupo siguen luchando por concretar el sueño.

"Estamos en tratativas con el Gobierno de la Ciudad, porque ellos tienen un programa de microemprendimientos, y con una sección de las Naciones Unidas que se interesó en el Paraguas", señaló Sokolovsky.

Un sector sin apoyo

"Mediante el trabajo de este grupo descubrimos que no existen proyectos oficiales para la gente en nuestra situación", comentó el fundador.

Y se quejó:"Hay programas de apoyo para personas con toda clase de necesidades, pero aquellos que al parecer no existimos para el ámbito laboral tampoco existimos para los programas de apoyo".

No obstante ello, haciendo gala de un envidiable optimismo, Sokolovsky comentó:"Con mucho esfuerzo y sin recibir ninguna clase de apoyo estamos creando ese espacio".

Para quienes quieran colaborar o sumarse con el Paraguas Club, el teléfono de su creador es 554-0385 y la correspondencia la reciben en la Casilla de Correo 72, sucursal 27, código postal 1427. .

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