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El gobierno sueco debutó con escándalo

A sólo dos semanas de haber asumido el gabinete del conservador Fredrik Reinfeldt, dos ministras tuvieron que renunciar por no haber declarado el trabajo de sus niñeras; podría haber nuevas dimisiones

Martes 24 de octubre de 2006 • 09:16

ESTOCOLMO (AFP).— Después que dos ministras tuvieran que dimitir días atrás por no declarar el trabajo de las niñeras que guardaban a sus hijos, cualquiera diría que en Suecia nadie lo hace, pero este escándalo ha abierto una verdadera caja de Pandora.

De revelación en revelación en la prensa sueca, un ramillete de personalidades se han visto obligadas a admitir que no han declarado las guardias de sus hijos o que se han negado a pagar los impuestos audiovisuales.

Desde hace una semana estas informaciones son una verdadera pesadilla para el flamante primer ministro conservador Fredrik Reinfeldt.

Llegado al poder hace apenas dos semanas tras una victoria histórica contra los socialdemócratas que dominaban el país desde hace doce años, Reinfeldt se ve en aprietos para contener la hemorragia gubernamental.

Primera renuncia. La ministra de Comercio, Maria Borelius, fue la primera que dimitió hace una semana, seguida el martes de la semana pasada por la titular de Cultura, Cecilia Stegö Chilo. Ambas reconocieron, presionadas por la prensa, haber cometido actos ilegales.

"Al no pagar mi impuesto audiovisual y no declarar el trabajo a domicilio, he cometido antes de ser ministra unas infracciones inaceptables", reconoció Stegö Chilo.

Todo sueldo anual que pase de 10.000 coronas (1080 euros) debe ser declarado a los servicios de impuestos.

Los suecos figuran en el pelotón de cabeza de los contribuyentes más gravados del mundo. Los escándalos han confirmado dos cosas en apariencia contradictorias.

El fraude fiscal, con formas diversas, es práctica extendida. Pero también es algo muy mal visto en un país donde las ideas de solidaridad social están muy enraizadas.

Promesas electorales. Bastante antes de estos casos, la nueva mayoría de derechas había hecho la promesa electoral de bajar los impuestos de las clases medias para luchar contra el mercado negro de los servicios.

Otros dos miembros del Gobierno sueco están en la cuerda floja, el ministro de Migraciones, Tobias Billström, que se niega desde hace diez años a pagar el impuesto de la televisión por "razones ideológicas", y el ministro de Finanzas, Anders Borg, por haber pagado a la niñera en efectivo.

La prensa reveló la semana pasada que además Borg había contratado a una joven polaca indocumentada. El ministro asegura que no estaba al corriente.

El primer ministro defiende a sus dos ministros y admite que en un país como Suecia, orgulloso de la paridad, con una mayoría de mujeres que trabajan fuera de casa, las familias deben recurrir a veces a una ayuda a domicilio.

"Aquí se trata, y muchos padres lo saben, de que cuando la madre y el padre intentan compaginar la carrera y los hijos, necesitan una niñera y en este país no existe realmente un sistema que funcione legal y normalmente", afirmó Reinfeldt.

"Si yo juzgara a cada padre de este país que paga en efectivo a su niñera y le dijera que iba a ser expulsado de la función pública, no sé yo qué reacción en cadena produciría", añadió el primer ministro.

Antes de abordar la lucha contra el fraude fiscal, una labor difícil, el Gobierno debe intentar recobrar su credibilidad.

Según un sondeo publicado por el diario popular Aftonbladet, un 61% de lectores no tiene nada que decir si un político tiene una aventura extraconyugal, pero sólo un 17% considera normal que una personalidad política pague sin declarar a una niñera.

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