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El recuerdo de Florida y las dudas sobre las máquinas de votación

Sábado 04 de noviembre de 2006

MIAMI.- Entre la diversidad de episodios sospechosos que se registraron en las elecciones presidenciales de 2000, en Florida, con la consecuencia de que el triunfo que inicialmente se le atribuyó al candidato demócrata Al Gore debió ser corregido poco después en beneficio de George W. Bush, el más misterioso es el que sucedió en el condado de Volusia. Allí, más de 16.000 votos en favor de Gore se evaporaron en la madrugada como resultado, aparentemente, del mal funcionamiento de una de las tarjetas de memoria de las máquinas electrónicas de votar.

La tarjeta defectuosa había sido previamente examinada y pasó la prueba de errores sin problemas. La posibilidad de que esto suceda es, según los técnicos, de 60.000 a 1.

La vulnerabilidad de las máquinas de votar, que la semana próxima habrán de procesar más del 90 por ciento de los votos de la crucial elección de medio término, donde está en juego el control del Congreso, fue el tema de un inquietante documental titulado " Hacking Democracy " (Pirateando la democracia) que la cadena HBO emitió el jueves por la noche.

Dirigido por Bev Harris, una escritora y activista de Seattle, el documental expone las serias reservas que se advierten en la confiabilidad de la votación electrónica.

En el curso de sus indagaciones, donde encontró cientos de incidentes referidos a errores de cómputo, Harris se topó con un sitio en Internet que contenía el código madre del programa utilizado en las máquinas de votar de la Diebold Corporation, otra de las fabricantes de estas máquinas.

Tras copiar las cientos de páginas del código en tres CD, Harris entregó los discos al doctor Avi Rubin, de la Universidad Johns Hopkins, uno de los expertos más reconocidos en seguridad electrónica. El análisis de Rubin determinó que el software carecía de las necesarias prevenciones como para evitar la infiltración y la manipulación de los resultados.

Las preocupaciones de Harris son compartidas por muchos expertos y analistas que apuntan a una variedad de peligros inherentes a dejar los resultados electorales en la nación más poderosa del mundo en manos de las cuatro empresas privadas que se dividen el mercado. Estas empresas son, además de las ya mencionadas ES&S y Diebold, Hart InterCivic y Sequoia Voting Systems.

Ninguna de ellas está obligada a someter el programa madre a verificación y la semana pasada hubo un principio de pánico en el gobierno de Florida, cuando The Miami Herald reveló que la Sequoia Voting Systems había sido adquirida por un consorcio venezolano. Una investigación está en marcha para determinar si el grupo tiene alguna conexión con el presidente Hugo Chávez.

Por otra parte, científicos de la Universidad de Princeton, encabezados por el profesor Edward Felten, sometieron a la máquina de Diebold a una serie de pruebas que demostró que era posible insertar programas en el sistema operativo que permiten manipular los resultados. Felten hizo una exposición de sus conclusiones ante una comisión del Congreso.

Diebold rechazó en un comunicado las conclusiones del grupo de Princeton, calificándolas de "inexactas y poco realistas", pero Felten insistió en su validez, agregando que cambiar la tarjeta de memoria de una de estas máquinas podía hacerse en "menos de un minuto" y ni siquiera era necesario un especialista.

En el documental de Harris, David Dill, profesor de ciencias de la computación de la Universidad de Stanford, señala que "hay mucha gente involucrada en programar el software y puede haber pasado por muchas manos antes de ser instalado en la máquina de votar. Si alguna de estas personas hubiera decidido poner algo malicioso en el programa y éste se traslada luego a todas las máquinas, esta persona sería responsable de haber cambiado decenas, tal vez cientos de miles de votos en todo el país".

Otro de las posibles fuentes de catástrofe es el hecho de que muchas de estas máquinas carecen de un sistema paralelo de constancia en papel. Solo 27 de los 50 estados lo exigen, lo que deja aproximadamente al 40 por ciento de los votantes a total merced de la electrónica.

Es en estas condiciones de plausible incertidumbre los norteramericanos saldrán a votar el próximo martes. El recelo no es injustificado. Si en las elecciones de 2000, el escrutinio de votos en Florida se hubiera hecho correctamente, la historia de los Estados Unidos, y la de buena parte del mundo, habría sido diferente.

Por Mario Diament

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