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Editorial II

La relación entre padres e hijos

Opinión

Padre y madre, testimonio del amor humano. Tan tierno y universal sentimiento fue el eje de las deliberaciones de alrededor de 500 padres de familia, provenientes de distintos lugares del país y congregados por el IV Congreso de la Fundación Padres, efectuado recientemente en el parque Temaikén, de Escobar, provincia de Buenos Aires. El encuentro estuvo dedicado a reflexionar sobre el amor natural que confiere sentido, estabilidad y trascendencia a la relación entre padres e hijos.

Uno de los primeros conceptos movilizadores propuestos a los participantes del congreso es el que se refiere a la naturaleza singularísima del amor paternal y maternal, considerado una de las fuerzas que mueven cotidianamente al mundo. Se tomó como punto de partida la idea de que el amor de los padres a los hijos es sin dudas un sentimiento humano insuperable, no sólo por su potencia sino también por su incontaminada pureza.

En el documento utilizado como base para las deliberaciones, se señala que el amor del padre hacia su hijo es normalmente superior, en caudal de intensidad y en capacidad de entrega, al amor que el hijo experimenta respecto de sus padress. Y eso es así, se observa, como consecuencia de una espiral de crecimiento que está en la naturaleza misma del desarrollo humano.

Del mismo modo que en el deber o el ideal de todo alumno está implícita la aspiración de superar a su maestro, todo hijo está convocado, por ley natural, a superar a su padre. Y la misión de los padres es, justamente, hacerse superar por sus hijos. Como lo recordó uno de los participantes, el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, doctor Horacio Sanguinetti, uno de los pasajes más bellos de La Ilíada es aquel en el cual el héroe troyano Héctor les ruega a los dioses que alguien pueda decir alguna vez de su hijo: "Es mucho más valiente que su padre".

Hay en la base de la relación padre-hijo, por lo demás, un íntimo y compartido requerimiento de ejemplaridad. El hijo tiende a copiar el modelo paterno y, al mismo tiempo, a trascenderlo, a ir más allá de lo que ese modelo le propone. A satisfacer y ahondar esos diferentes impulsos, acaso contradictorios, confluyen todos los matices del intercambio emocional que alimentan la enorme vitalidad del vínculo entre padres e hijos.

Otro aspecto que se propuso como tema de análisis fue el relacionado con el valor de la palabra como elemento para la comunicación emocional y afectiva en la trama de las relaciones familiares. El peso de la palabra en la transmisión de valores y en la comunicación de paradigmas -hicieron notar varios participantes- se advierte con especial nitidez en el efecto ritual de los cuentos y los relatos infantiles que en el imaginario de todas las culturas cumplen la misión de acompañar a los niños a desarrollar sus fantasías y, por las noches, a conciliar el sueño.

También se analizó el significado del amor como acción humana que es necesario, y posible, mejorar e incrementar minuto tras minuto, día tras día. Y se intercambiaron ideas sobre el papel fundamental que están llamados a desempeñar, al lado del amor, otros dos componentes del ánimo: la protección y la disponibilidad. La protección, se dijo, es un sostén indispensable para el hijo, amenazado en muchos casos por un disgregador sentimiento de indefensión frente al mundo. En cuanto a la disponibilidad, se la definió como ese impulso incontenible que bien podría manifestarse con estas palabras: "Estoy con vos". O con estas otras: "Voy a ser tu acompañante en toda hora y en toda circunstancia". La disponibilidad, en suma, es esa fuerza del sentimiento y del espíritu que convierte y transfigura al amor en una fuerza incondicional.

El IV Congreso del Proyecto Padres ha dejado muchas otras propuestas de inestimable valor y de gran significación espiritual y filosófica. En medio de ese torrente de vida natural que es el parque Temaikén, los conmovedores testimonios representaron un valiosísimo paso adelante en el esfuerzo por rescatar los principios que más contribuyen a mejorar y a dignificar la relación entre padres e hijos. Acaso ayude a sintetizar el espíritu que late debajo de esos testimonios esta frase insuperable de Goethe, contenida en el documento que presidió las deliberaciones: "Da más fuerza el saberse amado que el saberse fuerte".

Por supuesto, el amor entre padres e hijos no es -o debe ser- complacencia ni aceptación de la conducta del otro. Ese amor es, antes que nada, exigencia. Y es, a la vez, invitación a la autoexigencia. No se concibe el amor sin un fuerte estímulo para lograr que el otro crezca en el esfuerzo, en la capacidad de entrega, en la voluntad de ser cada día mejor. Y, sobre todo, en la verdad que emana de la lección del ejemplo, que, como decía José Manuel de Estrada, "aventaja a todas en elocuencia". .

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