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El análisis

Una cuestión de fe, no de pruebas

Política

Como tantas causas en las que se pretendió instalar una historia oficial, la de la AMIA se ha convertido en una cuestión de fe, no de pruebas.

Y las pruebas faltan en el dictamen del fiscal Alberto Nisman, refrendado ahora por el juez Rodolfo Canicoba Corral, que al hablar de "crimen de lesa humanidad" pretende que la causa no prescriba. Un intento loable, aunque cabe plantearse si ahora aparecerán las pruebas que no se buscaron en doce años.

Casi toda la sustancia del dictamen de Nisman, escrito en estilo narrativo y no judicial, se basa en testimonios indirectos de disidentes iraníes e informes de la SIDE, que, a su vez, se basan en informes secretos de la CIA y el Mossad israelí. Algunos de estos elementos dudosos, como el que sostiene que el chofer suicida fue el libanés Ibrahim Hussein Berro, integrante de Hezbollah, fueron refutados por el Líbano en respuestas oficiales a exhortos argentinos. Líbano y dos hermanos de Berro aseguran que éste murió en septiembre de 1994, dos meses después del atentado.

Se afirma que Irán y Hezbollah volaron la AMIA porque Carlos Menem incumplió acuerdos de ventas de material nuclear a Teherán. Mohsen Baharvand, encargado de negocios de la embajada iraní, ha dicho que las conversaciones sobre esas ventas siguieron después del atentado.

Pero el mayor defecto es la ausencia de la conexión argentina. Una acusación contra Irán y Hezbollah sin una mención a ese eslabón local resulta renga. ¿Sabemos todo sobre el papel de Irán y nada sobre el de los argentinos? ¿Por qué en el momento de la voladura no estaban en sus sitios los dos agentes de la Policía Federal que debían custodiar la AMIA?

Una fuente del juzgado admitió que la prueba sobre Berro no es convincente. "Para los demás iraníes los indicios alcanzan porque no dictamos una sentencia", dijo. Significa que esos indicios no superarían un juicio oral. Ni un trámite de extradición.

El juez incluyó la captura del ex embajador Hadi Soleimanpour, a quien Londres liberó hace tres años porque la Argentina no presentó pruebas sólidas. Ninguna prueba nueva se ha agregado ahora.

Como el dictamen fiscal acusa al Estado iraní, a un ex presidente y un ex canciller, debería intervenir la Corte. Y así lo planteó Baharvand a la Cancillería. Su planteo no tendrá respuesta "porque Irán -agregó la fuente- no es parte en esta causa".

La causa AMIA sigue lejos de las pruebas y las normas. La SIDE, que debería ser investigada por su papel antes del atentado, cuando supuestamente seguía a una célula iraní en Buenos Aires, es la que provee el material para acusar a Irán. ¿Y si mañana la SIDE acusa a un argentino sin pruebas, como ya ocurrió con Carlos Telledín? Un crimen de lesa humanidad -el juez también habla de genocidio- no justifica el todo vale. Ni justifica reemplazar la verdad real con la verdad revelada. .

Por Jorge Urien Berri De la Redacción de LA NACION
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