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Acertada labor de la Sinfónica Nacional

Domingo 26 de noviembre de 2006

Acción sacra La Betulia liberada , de Wolfgang Amadeus Mozart, con libreto de Metastasio. Orquesta Sinfónica Nacional y Coro Nacional de Jóvenes preparado por Néstor Zadoff. Solistas: Soledad de la Rosa, Alejandra Malvino, Carlos Ullán, Lucas Debevec-Mayer, Ricardo González Dorrego, Pehuén Díaz Bruno y Federico Ciancio (clave). Dirección musical: Antonio Russo. Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Nuestra opinión: bueno

La historia de los habitantes de la ciudad de Betulia que se encuentran asediados por Holofernes, la de Judit, con el anuncio de un misterioso acontecimiento, la del noble Aquior, y hasta la disquisición de un fragmento de la historia hebrea y de una encendida discusión sobre politeísmo y monoteísmo fueron los temas de un libreto de Metastasio para que el adolescente Mozart de 15 años escribiera una obra que es un oratorio en dos partes.

Impresionante muestra del genio que, tras abandonar Milán en 1771, capta el estilo italiano, rico en recitativos y arias con adornos prevenientes del barroco y lo suma a una orquestación germana, rica en matices y que conlleva un sonido gluckiano con una escritura virtuosística que asombra y emociona a cada instante. Y estos detalles que deben tenerse presente son necesarios para valorar en su justa medida las casi dos horas de música de La Betulia liberata que ofreció en la Catedral Metropolitana un conjunto de solistas vocales, la Sinfónica Nacional y el Coro de Jóvenes, con la batuta expresiva, temperamental y sabia de Antonio Russo.

La obertura fue objeto de una excelente versión porque Russo desde el primer compás insufló esa cuota de energía interior y brillo que conlleva la música de Mozart, de ahí que se apreció con claridad la intencionalidad del creador en rendirle un homenaje a Alcestes de Gluck, aquella donde está el manifiesto para la reforma del arte lírico. Pero es significativo el uso de la tonalidad en menor y la atmósfera fatalista que surge de esa página y más tarde, a lo largo de toda la obra, Mozart parece como impregnado del estilo italiano con una intencionalidad eclesiástica de expresión subjetiva, sin dejar de lado en las arias con las coloraturas, la generosidad del canto.

Equilibrio

Esto da lugar a una obra que pretende ser religiosa pero que se aparta del tono místico. Que presenta transparencias en contrastes con el tono dramático que al mismo tiempo exigen virtuosismo en un clima de tono moralizador con tendencia a cierta solemnidad sonora. De ahí su enorme dificultad para encuadrar La Betulia liberada, de Mozart, de ahí la necesidad de un trabajo meticuloso y de un equilibrio riguroso entre coro, orquesta y voces solistas.

Como se ha dicho la obertura resultó muy buena. Luego llegarían los recitativos, el canto y la necesidad de un clave para el continuo. Entonces surgieron deficiencias provenientes de la condición acústica de la Catedral, cuya nave central era la única que ocupaba el público en los asientos disponibles. El resto era el espacio recoleto y sobrio de las naves laterales, pero un eco del sonido sumamente marcado provocó una mezcla molesta de los matices, que se agravó con los cantantes.

Entre ellos, sólo Soledad de la Rosa cumplió su cometido con musicalidad, resolviendo con buen estilo cada una de las arias, sin perder afinación ni sonido cristalino. Fue una pena que no se escuchara en la inmensidad del templo el clave ejecutado por Federico Ciancio y que el resto de los cantantes, a pesar de su sobrada experiencia, no pudieran mitigar los problemas derivados de la condición acústica, agravados en algunos de ellos por una articulación poco clara.

En cambio, fue muy digna la labor de la Sinfónica y del Coro de Jóvenes que dejaron escuchar muy buen rendimiento. Por el lado de la orquesta fue muy feliz la actuación de los dos cornistas con partes expuestas. Por el buen nivel del coro se palpó la sólida tarea de Néstor Zadoff, titular del organismo. Claro está que también se escucharon con excesiva reverberancia. No obstante, el público, respetuoso e interesado en la obra de Mozart, ofreció un cálido aplauso.

Juan Carlos Montero

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