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Matías Zaldarriaga, físico formado en la UBA

La "beca de los genios", a un argentino

Ciencia/Salud

A los 35 años y a tres semanas de ser padre de una beba, al físico argentino Matías Zaldarriaga ni se le había pasado por la cabeza que alguien llamaría a su casa para preguntar por él y le indicaría que se sentara antes de seguir conversando.

Pero eso fue precisamente lo que ocurrió hace algunas semanas, cuando le anunciaron que era uno de los 25 creadores del arte y la ciencia que este año habían sido elegidos para recibir lo que se conoce como "beca de los genios", otorgada por la Fundación Mac Arthur, de los EE.UU.

La distinción consiste en un subsidio de 500.000 dólares que se reciben a lo largo de cinco años, "sin obligaciones específicas ni de rendir cuentas", destinado a individuos de cualquier edad o actividad "que muestran excepcional creatividad en su trabajo".

"Fue una sorpresa", dice el investigador argentino desde su casa, ubicada en un barrio de los suburbios de Boston -llamado, casualmente, Newton-, mientras se refiere a su carrera con una sencillez que desconcierta.

Zaldarriaga es actualmente profesor en la Universidad de Harvard, pero se crió en el barrio porteño de Coghlan. Formado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y doctorado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), reside en los Estados Unidos desde el 25 de mayo de 1995. Como físico teórico, intenta descifrar el tenue suspiro que llega del Big Bang para armar el rompecabezas de los primeros instantes del cosmos.

Ecos de la creación

"Recientemente, él y sus colegas postularon que el período posterior al Big Bang, pero anterior a la aparición de las primeras estrellas, puede ser observado indirectamente examinando las variaciones de la radiación cósmica de fondo [...]. Esta propuesta ofrece una ventana experimental hacia eventos que hasta ahora habían sido sólo materia de conjetura", dice en su comunicado la Fundación John D. and Catherine T. Mac Arthur.

La vocación científica de Zaldarriaga no reconoce antecedentes familiares, pero sí el estímulo de un profesor de la Belgrano Day School, donde cursó el secundario. "Trabajaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica y nos llevó a visitar el [acelerador de partículas] Tandar", recuerda.

El verano que llegó al MIT para trabajar con Edmund Bertschinger y Uros Seljak tampoco tenía muy en claro cuál sería su tema de investigación. "En Buenos Aires había trabajado en cosmología y seguí haciendo cosas similares", cuenta.

Pero una vez graduado, su progreso profesional fue meteórico. Se convirtió en profesor visitante del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (donde también investiga otro físico argentino que brilla en el escenario de la ciencia mundial, Juan Martín Maldacena), y luego en profesor asistente de la Universidad de Nueva York.

"A los dos años, me llamaron tanto del MIT como de Harvard -recuerda-. Yo no estaba buscando otro trabajo, pero en las dos universidades me ofrecieron un puesto de profesor. No fue fácil decidir..."

La meta de Zaldarriaga es ambiciosa: nada más y nada menos que entender el nacimiento del universo. "Casi todo lo que hago tiene que ver con momentos de la historia cósmica que de alguna manera creemos que podríamos observar, o de los cuales quedó algo que podemos medir", explica.

En esa línea, uno de sus temas principales es la radiación cósmica de fondo, un "residuo" del universo primigenio considerado la principal evidencia del modelo del Big Bang y descubierto por azar en 1964. "Data de la época en que el cosmos tenía unos 400.000 años", puntualiza.

Por estos días, trabaja en algo que un tanto crípticamente se denomina "línea de 21 centímetros".

"Los elementos tienen distintas «transiciones» -explica-. Si uno ve la luz producida por un elemento determinado, se puede dar cuenta de que es de ése y no de otro. Y el hidrógeno, que es el más abundante del universo, tiene una transición que corresponde a una longitud de onda de 21 cm. Lo que creemos es que se va a poder usar esa transición de 21 cm para ver el momento en que se formaron las primeras estrellas. Ahora no sabemos muy bien cuándo fue, porque el cosmos en sus comienzos era homogéneo. Por ejemplo, cuando miramos la radiación cósmica de fondo, 400.000 años después del Big Bang, no había nada. Con el paso del tiempo y por acción de la gravedad, se fueron formando estructuras cada vez más grandes y llega un momento en que se forman las primeras estrellas, pero no sabemos cuándo pasó, y creemos que si pudiéramos ver ese hidrógeno a través de su línea de 21 cm podríamos por primera vez estudiar ese momento y saber cómo estaban distribuidas, si esa distribución fue al azar o no... En principio, creemos que fue 500 millones de años después del Big Bang. La edad del universo es hoy de 13.600 millones de años."

El nacimiento del cosmos

Según Zaldarriaga y sus colegas, las huellas de ese fenómeno deberían poder observarse con radiotelescopios capaces de registrar una frecuencia de 140 MHz.

"Es más o menos la misma longitud de onda que usamos para comunicarnos con la radio, la televisión y los aviones; por eso es muy difícil hacer esas observaciones, porque hay mucha interferencia -detalla-. Por otro lado, como se trata de una señal muy débil, se necesitan muchas antenas distribuidas en una zona amplia. Pero lo realmente complicado no son las antenas, sino el procesamiento de los datos que obtienen. Se requieren computadoras muy poderosas.Yo estoy haciendo las predicciones de qué es lo que esperamos que nos digan esos experimentos."

¿Algún día sabremos qué ocurrió en el primer instante del universo? "Espero que en los próximos años sepamos bastante más sobre ese primer momento -dice Zaldarriaga-, pero de lo que no estoy seguro es de que, a raíz de lo que averigüemos, no surjan otras preguntas. Por otro lado, depende de cómo lo definamos. Por ejemplo, ahora hay quienes piensan que el universo es muchísimo más grande y que podría haber muchos universos. El nuestro sería como una burbuja que se creó dentro de algo muchísimo mayor. Entonces, si eso fuera cierto, querremos aprender sobre eso otro más grande."

En la Argentina todavía viven su familia y muchos de sus amigos, pero, confiesa, regresar no está entre sus planes. "Las posibilidades de investigación que tengo acá no las hubiera tenido allá -reconoce con franqueza-. Hay un ambiente que es muy difícil de reproducir en la Argentina, porque todos vienen, dan sus charlas... Aquí uno sabe exactamente qué es lo que está pasando en el mundo." .

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