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Sábado 30.08.2008 (actualizado hace 626 días)
Retrospectiva: Estudio Aisenson

Ideas construidas

Hasta el 14 de enero, en el CCR, una muestra con fotos, dibujos y maquetas condensa los 72 años de trayectoria del equipo. Entre otros temas, se incluyen torres de viviendas y de oficinas
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Miércoles 13 de diciembre de 2006 | Publicado en diario de hoy 

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Hasta el 14 de enero, en el CCR, una muestra con fotos, dibujos y maquetas condensa los 72 años de trayectoria del equipo. Entre otros temas, se incluyen torres de viviendas y de oficinasRoberto Aisenson, titular del estudio de arquitectos Foto: Fernando Massobrio

Por los avatares de la economía argentina, trabajar de manera continua e ininterrumpida por varias décadas es una difícil tarea para los estudios de arquitectura; éste es el caso del estudio fundado por José Aisenson en 1934, y que desde 1967 incorporó a su hijo, Roberto.

"Para mí fue natural elegir este oficio, pero a mi padre le hubiera gustado que siguiera Medicina, porque pensaba que el médico era un profesional más respetado por sus clientes que el arquitecto. Y estaba en lo cierto, pero hago arquitectura por vocación", cuenta orgulloso Roberto Aisenson, que actualmente dirige la oficina junto con sus asociados Carlos Pujals, María Hojman y Pablo Pschepiurca.

"Me recibí en 1960 -continúa Aisenson- y en 1961 ingresé en la entonces Facultad de Arquitectura y Urbanismo como docente. Me entusiasmé hasta 1966, año en el que después de la Noche de los Bastones Largos me plegué a una renuncia masiva de la Facultad. A partir de 1967 dediqué toda mi energía al trabajo profesional."

-¿Qué influencias rescata?

-En mi época de la Facultad había dos corrientes predominantes en la arquitectura moderna: la racionalista de Le Corbusier, y la organicista de Frank Lloyd Wright. Por mi forma de ser me sentí más identificado con el primero. Alvar Aalto creo que fue el arquitecto más integral. Actualmente me gusta mucho Mathias Klotz, pero Renzo Piano es el que más me interesa.

-¿Cómo evolucionaron del ladrillo al hormigón?

-En realidad, las primeras torres de Belgrano (década del 80) tenían un juego entre paramentos de ladrillo predominantes y franjas horizontales y algún paramento ciego en hormigón a la vista. Con el avance de la tecnología del hormigón (calidad-rapidez y buena terminación), la ecuación económica fue llevando hacia las soluciones de fachadas integrales en hormigón a la vista, sobre todo en edificios de gran altura. Además la solución del ladrillo a la vista requiere utilizar la doble pared con cámara de aire, lo que significa un gran consumo de FOT y los desarrolladores no lo aceptan.

Otro gran cambio es el uso de las carpinterías de aluminio, en las cuales se desarrolló la posibilidad de trabajar con soluciones de buen diseño y respuestas de estanqueidad y aislamiento de ruidos externos.

Pudimos desarrollar algunos proyectos interesantes, como el conjunto Las Plazas (1993), y un edificio más en Belgrano, el edificio Belvedere (1999), con carpinterías de aluminio, superficies vidriadas más importantes.

-Esto incorpora más luz y transparencia, ¿cuál es el criterio que utilizan?

-Los paramentos vidriados en un edificio son un paradigma de la arquitectura racionalista en el que nosotros trabajamos. Lógicamente que privilegiamos las visuales teniendo también en cuenta la orientación y lo que puede afectar el incorrecto asoleamiento.

-¿Cuál es la evolución de las plantas según los cambios en el segmento medio y alto con el que trabajan?

-El arquitecto puede proponer nuevas soluciones a los programas que le proponen. Por ejemplo, en una de las torres de Belgrano encontramos la manera de llegar al departamento a través de un hall de entrada que diera al exterior con una excelente vista. El usuario y los desarrolladores van exigiendo cambios motivados ya sea por razones de exigencias de mayor confort o caso contrario, por razones de encontrar una solución compacta y racional para una familia tipo que necesita una cantidad de dormitorios con pocos metros cuadrados.

-A propósito, ustedes se dedican a hacer torres y hay un debate sobre el efecto negativo en el entorno.

-Creo que la tipología de edificios de perímetro libre es positiva para la ciudad, esto no significa que se permita construirlas en toda ella. Evidentemente que se deben preservar zonas o distritos consolidados con otro tipo de morfologías en los cuales la edificación de torres podría ser negativa. Creo asimismo que la opinión de los vecinos es importante, pero no debería ser vinculante. Son los técnicos quienes deberán definir un nuevo Código de Planeamiento, donde se encuentre un sabio equilibrio entre las necesidades del vecino de la ciudad. No olvidemos que la mayoría de las familias que buscan una vivienda prefieren un departamento en una torre, con jardín y todas las facilidades que les puede brindar una casa fuera de la ciudad.

-Al principio mencionó la cuestión del poco respeto por el arquitecto, ¿cree que eso cambió?

-No, los arquitectos y los críticos de arquitectura no hemos instaurado el tema en la sociedad. En The New York Times tienen la costumbre de sumar la crítica de arquitectura de los edificios emblemáticos, que se hicieron o se están haciendo. Toda la sociedad participa en esa discusión y eso hace que se valorice más el sello de un arquitecto.

Fernando G. Caniza

Por qué hacemos arquitectura

Dos integrantes de este estudio, con 72 años de trayectoria, explican sus motivaciones al poner manos a la obra

Por José Fiszelew
Especial para LA NACION


Hay tres aspectos, entre otros, que merecen mi atención respecto de la pregunta acerca de por qué hacemos arquitectura. Uno de ellos es el desafío de responder a la función de habitar, entendiendo a ésta como un fenómeno cultural que implica una íntima, amplia y compleja relación entre el hombre social y su entorno físico.

La otra se enlaza con la anterior y es la importancia de participar en la construcción de la imagen de nuestra ciudad entendida ésta también como objeto cultural, creando y caracterizando espacios para habitar.

Por último, hay un aspecto más vocacional, que se refiere al proceso de cristalizar un proyecto en el plano de lo concreto, tangible y pasible de producir experiencias de uso. O sea, completar lo que todavía no se conoce del objeto arquitectónico, poner en acción sus ideas y los significados, y entenderlo en toda su extensión.

Egresado del colegio Otto Krause (1963) y como arquitecto de la FAU--UBA (1971). Profesor en Enseñanza Universitaria en la Carrera de Posgrado de la UB (1985). Fue profesor adjunto de Conocimiento Proyectual I y II del Ciclo Básico FADU-UBA (1985 al 2000).

Por María Hojman
Especial para LA NACION


Si entendemos por arquitectura "el arte de proyectar y construir edificios", pensamos que estos edificios deben cumplir con su destino de albergar las actividades del hombre, logrando cobijarlas de la intemperie, permitiendo el desarrollo adecuado de sus necesidades y durando en el tiempo. Si, además, hemos logrado que algunos de estos edificios, por sus proporciones, la combinación, colocación y selección de materiales, su relación de llenos y vacíos, su perfil recortado bajo la luz, su acertado diálogo con el entorno paisaje o ciudad, conmuevan, podemos decir que ésta es la manera en que pensamos la arquitectura y las ideas que guían nuestro pensamiento profesional. Es en ese sentido, cada obra que proyectamos, cada detalle constructivo que resolvemos, son un desafío, una excusa, para pensar lo que nos convoca: pensar el mundo a través de nuestra actividad, la arquitectura.

Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional de San Isidro. Ingresó en la FAU-UBA en 1973 y se graduó en 1978. Fue docente en las cátedras de Bucho Baliero y Alberto Varas, y actualmente es profesora del CEAC-UTDT.

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