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Martes 19 de diciembre de 2006 | Publicado en edición impresa

Intervino el Gobierno tras ocho meses de conflicto

La UBA eligió a su rector en medio de graves incidentes

Rubén Hallú, peronista, fue designado en el Congreso; hubo choques con los estudiantes; 7 detenidos

 
 
 

En una sesión confusa y violenta, en medio de golpes, corridas y gritos, y tras una votación que pasó inadvertida para muchos asambleístas, la Universidad de Buenos Aires (UBA) eligió ayer a su nuevo rector y logró destrabar, con la decisiva ayuda del Gobierno, una crisis que ya superaba los ocho meses.

El sexto intento de asamblea se hizo en el Congreso Nacional, vallado desde el sábado, con la presencia de 500 policías, estrictos controles de ingreso y un espectacular operativo de seguridad que incluyó infantería, carros hidrantes, helicópteros y brigada de explosivos, y que terminó con violentos incidentes y siete detenidos fuera del edificio.

En diez minutos, sin discursos, debates ni formalidades, en medio de un desorden generalizado en el Salón Azul del Senado, se decidió que el nuevo rector será, hasta mayo de 2010, Rubén Hallú, hasta ayer decano de la Facultad de Veterinaria y que se definió como un “peronista no militante”. Según el acta que fue refrendada por los asambleístas, Hallú recibió 170 votos afirmativos, 15 abstenciones y 2 votos en contra. Superó así los 119 votos (es decir, la mitad más uno de los 236 asambleístas) necesarios para ganar en primera vuelta.

Desde el estrado, tratando de superar con el micrófono los gritos de los estudiantes de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), que eran retirados de a uno y violentamente de la sala por el personal de seguridad del Congreso, Hallú prometió trabajar “por la universidad pública y gratuita” y se mostró firme: “Estos no son estudiantes, son delincuentes”, dijo.

Enseguida, el Consejo Superior se reunió en una sala contigua, donde votó la designación del decano de la Facultad de Arquitectura, Jaime Sorin, como vicerrector, y de cuatro secretarios que acompañarán la gestión de Hallú. Se concretó así el acuerdo que hace algo más de un mes cerraron ocho decanos, que unió a dos grupos hasta entonces antagónicos: una coalición mayoritaria de radicales, peronistas e independientes, que propuso a Hallú, y un espacio de izquierda, que llevó a Sorín. Cuatro facultades no participan totalmente en el acuerdo y algunas -Derecho y Psicología- hicieron ayer explícita su distancia.

Es la primera vez en 20 años que la UBA está conducida por un rector y un vicerrector que se reconocen peronistas. Fue la decisión política del Gobierno de proveer seguridad y habilitar el Congreso lo que permitió concretar finalmente la asamblea. Hallú sucederá al ex rector Guillermo Jaim Etcheverry.

Desde temprano

La situación se percibía violenta desde temprano. Tal como habían anticipado, en las cuatro esquinas valladas del edificio del Congreso, custodiadas por policías, se ubicaron los estudiantes de la FUBA. Por teléfono celular, iban llegando versiones sobre el lugar por el que ingresarían los asambleístas.

Mientras los esperaban, los 28 consejeros que tiene la FUBA en distintas facultades -y que forman parte de la asamblea- pasaron el vallado mostrando sus acreditaciones y se prepararon para su plan B: tratar de impedir la asamblea desde adentro.

Una vez allí, los estudiantes se apostaron en la puerta que lleva al Salón de los Pasos Perdidos para evitar el ingreso de los asambleístas. Cuando el personal de seguridad los retiró, entraron en el Salón Azul, donde ya había varios asambleístas. Mientras la FUBA forcejeaba con decanos y estudiantes, otros pedían a gritos poder sesionar.

A las 10, mientras el decano de Económicas, Alberto Barbieri -que, después se supo, había sido elegido presidente de la asamblea en algún momento-, gritaba frases inaudibles, algunas manos se levantaron y la voz corrió entre los presentes: "Ya se eligió rector".

"¿Qué pasó?", preguntaba un decano, desconcertado, a los periodistas, mientras una profesora se retiraba enojada: "Esto es una burla. Ahora somos más truchos que los de la FUBA".

Más tarde, Barbieri debió traducir lo sucedido. "Hubo una moción de orden del decano de Farmacia, Alberto Boveris, proponiendo a Hallú, y se votó. Según lo que pude observar, no hubo manos levantadas por la abstención y la negativa, así que se superaron los 119 votos necesarios", dijo, expeditivo.

Para la FUBA fue "un fraude escandaloso", y sus dirigentes afirmaron que analizan presentar un pedido de impugnación a la Justicia.

En sus primeras palabras como rector, Hallú llamó a "la pluralidad y el respeto", pero se mostró firme: "Los que quieran destruir a la UBA encontrarán en mí a alguien que no se va a doblegar. En este modelo de país no hay lugar para esta gente", afirmó. Emocionado, agradeció a su familia "la posibilidad de estudiar en la UBA a pesar de no tener dinero", mientras los estudiantes le gritaban "fascista" y "represor".

Hallú afirmó que convocará a una reunión extraordinaria de Consejo Superior en febrero próximo, para establecer las comisiones que trabajarán hasta el 1° de julio en la reforma del estatuto.

De inmediato, se reunió el Consejo Superior en una sala anexa. Se aceptó la renuncia del vicerrector Aníbal Franco -de licencia, no estuvo presente- y se votó en su lugar a Jaime Sorin, presentado como "una persona que representa a una universidad académica y comprometida con una sociedad justa".

Luego se aceptó otra renuncia: la de la contadora María Luisa Aicardi, la única que continuó en su cargo durante la crisis. Fue, de lejos, la más aplaudida. Se designó entonces a Carlos Más Vélez (Derecho) secretario general; a María Rosa Neufeld (Filosofía y Letras) en la Secretaría Académica; a Hernán Piotti López (Económicas) en Hacienda; a Oscar García (Sociales) en Extensión, y a Hugo Cirkin (Exactas) en Investigación.

Levantada la sesión, algunos consejeros se felicitaban; otros se permitían alguna broma; los más serios repetían que fue "lo único que se pudo hacer". Abandonaron el salón rápidamente: la brigada de explosivos debía "limpiarlo" mientras, ya en penumbras, se retiraban los restos de la batalla de la sala contigua. .

Raquel San Martín
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