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Viernes 10.10.2008 (actualizado hace 650 días)
Diana Cohen Agrest

"Todos olvidamos, guardamos las cacerolas"

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Domingo 31 de diciembre de 2006 | Publicado en edición impresa 

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"Todos olvidamos, guardamos las cacerolas"

"El ciudadano tiene que salir de la minoría de edad", reclamaba el filósofo Emmanuel Kant (1724-1804) en su cátedra de la ciudad rusa de Könisberg. Reencontré el texto hace poco y me volvió a sorprender su vigencia. Imagínese, decía eso hace más de 200 años", se sorprende Diana Cohen Agrest.

"¿Y qué significaba para Kant la minoría de edad? Pues dejarnos llevar por mandatos que vienen de afuera, por lo que nos dicen o nos imponen. Ser como chicos y, lo peor, creer que esa actitud infantil es la mejor, o la única posible", agrega.

Cohen Agrest hizo el doctorado en Filosofía en la UBA y un magister en Bioética, en el Center for Human Bioethics, en la Universidad de Monash, Australia. Es profesora universitaria, investigadora y autora de varios libros; entre ellos, el reciente Inteligencia ética para la vida cotidiana.

"En unas horas más entraremos en un nuevo año. Comenzaremos a transitar 2007, una nueva oportunidad para crecer; para ser mejores, más libres, más conscientes, más responsables, etcétera. La lista es interminable. Entre otras cosas, en 2007 habrá nuevamente elecciones. Elegiremos a los hombres y las mujeres que nos van a representar, que van a defender nuestros valores, que en nuestro nombre van a crear leyes y hacerlas cumplir. ¿No es fabuloso? Sí que lo es, emociona pensarlo. Sin embargo, y de buena fe, muchos argentinos piensan que la política no tiene que ver con ellos. Unos días atrás, en uno de los diarios más importantes del país se publicaron declaraciones de viajeros preocupados por la amenaza de los asambleístas de Entre Ríos de impedir la salida de barcos a Uruguay. Uno de ellos sostenía, palabras más, palabras menos, que era injusto que los asambleístas castigaran con cortes a gente inocente que no tenía nada que ver con eso, que eran problemas políticos. ¡Tremendo! ¿Se da cuenta?

–¿Cómo votamos los argentinos?

–Hay estudios que sostienen que votamos de tres maneras: con el voto castigo, el voto consuelo y el voto marketinero. Triste, ¿no?

–¿Y cómo habría que votar?

–No voy a decir nada nuevo. El consejo es tan viejo como la creación del sistema: responsablemente. Dándole al hecho de votar (elegir nuestros representantes) toda la importancia que tiene. Analizando prolijamente la plataforma, la trayectoria y la personalidad de cada candidato. No dejándonos influir por campañas publicitarias que suelen destacar atributos que poco tienen que ver con la capacidad de gobernar. Como que fulano es un novelista muy leído, o un jugador de fútbol que defendió los colores argentinos, o un actor que logró hacer llorar a multitudes, o simplemente un buen vecino, un tipo simpático y divertido. Todas estas averiguaciones no son difíciles: la mayoría de los buenos diarios las publican, y por Internet se puede obtener fácilmente una información completa.

–¿Cómo sería un buen candidato?

–Los griegos tenían un término muy lindo: areté. ¿Qué significa areté? Es la virtud, la perfección, la excelencia en la función, el arte. La areté del corredor de distancia es ser veloz y resistente. La del maestro, conocer a fondo su materia y poder comunicarla, enseñarla. Además, esto también se aplicaba a los animales y los objetos: la areté de un buen cuchillo es cortar bien, tener un buen filo y un diseño adecuado. Ahora bien, ¿cuál sería la areté del político? Evidentemente, ser un gobernante altamente eficiente, honesto, lúcido, muy comprometido con la tarea para la que ha sido elegido. Que tenga muy claro que está donde está para defender los intereses de los gobernados y no los de una corporación. Pero hasta aquí, todo lo que hemos discutido es para el tiempo previo a la elección.

–¿Qué habría que hacer después?

–Recuerdo a la gente batiendo cacerolas al grito de ¡que se vayan todos! ¿Y después? Siguieron todos, luego todos olvidamos, guardamos las cacerolas, e incluso pensamos que nuestra actitud había sido algo desmesurada. Como siempre, se siguió prometiendo una inteligente e inalcanzable reforma política como solución definitiva para todos los males. La historia está llena de ejemplos de brotes rebeldes contra cosas que luego pasan a ser sólo recuerdos para divertir la sobremesa. Una vez que los representantes fueron elegidos, ¿cuál tendría que ser nuestra actitud? Por supuesto, no puede ser pasiva, no se puede bajar los brazos. Hay que evitar la indiferencia, el frustrante no te metás. Seguir la gestión, controlar, exigir el cumplimiento de lo prometido en el programa por todos los medios a nuestro alcance. Por ejemplo, mediante algo tan próximo, eficiente y económico como las cartas de lectores.

–¿Qué pasa con los políticos?

–En muchos políticos, no vamos a decir que en todos, hay una confusión entre los medios y los fines. En realidad, conseguir el poder es el medio que da la Constitución para poner en práctica las propuestas que permiten el buen gobierno de la polis. Pero muchos de ellos simplifican las cosas al máximo y creen que alcanzar el poder es un fin en sí mismo. El segundo paso es incrementarlo, y entonces llegamos al absurdo de creer que cuanto más poder acumula un político, mejor gobernante será.

–¿Su propuesta para 2007?

–Recordar nuevamente la frase del maestro Kant: "El ciudadano tiene que salir de la minoría de edad". ¡Feliz Año Nuevo!

Luis Aubele

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