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La batalla del ADN

Por Primarosa Chieri Para LA NACION

Jueves 11 de enero de 2007

Al igual que en cualquier otro país del mundo, morir en la Argentina es un acontecimiento triste y silencioso, generalmente resultado de una enfermedad, un accidente de transito o bien de un hecho policial. En los casos de muerte violenta o dudosa, morir en la Argentina tendrá un trato muy diferente si se trata de un ser común, o si la víctima es un personaje rico o famoso. Estos muertos no gozarán de la paz y el descanso como los otros. Los acontecimientos toman otros rumbos: no hay privacidad; aparecen grandes titulares en diarios y revistas y notas televisivas capaces de encender la imaginación de cualquier escritor de novelas caribeñas. Las versiones se vuelven contradictorias, las pruebas de ADN dudosas, las autopsias se repiten, las exhumaciones se ordenan sin grandes inconvenientes, a veces infringiendo antiguos rituales religiosos. Los muertos son levantados de sus lujosos nichos, son tocados, mutilados, fotografiados, filmados una y otra vez, según cuán taquillero es el caso o cuánto puede ser el monto de una herencia.

En el pasado, los sabuesos que investigaban los crímenes más brutales debían manejarse con el ingenio, el olfato, los testigos oculares y las impresiones dactilares. Actualmente las cosas se le complicaron a todos y al referirme a todos incluyo al asesino, al violador, a los médicos forenses, jueces, fiscales, biólogos y médicos legistas. Esto gracias a la prueba de ADN. Una prueba ahora tan popular que es mencionada en cuanta novela o serie policial se conozca.

Pero ¿qué es en realidad el ADN? ¿Para qué sirve la prueba y qué credibilidad tiene? ¿Por qué se ha vuelto tan popular?

El ADN es un material biológico que se halla presente en todas las células de un organismo, vivas o muertas, sangre, semen, pelos, uñas, dientes, huesos, y a partir del que se puede definir la identidad biológica única de una persona, de un animal o de una planta.

Una prueba actualmente admitida en todos los tribunales del mundo para identificar autores de crímenes y violaciones, para definir disputas de paternidad, identificar restos humanos de fosas comunes, de catástrofes, actos de terrorismo, sin olvidarnos de la posibilidad de liberar a personas inocentes falsamente inculpadas.

El ADN de un individuo no cambia, su perfil identificatorio será siempre el mismo, esté hecho en un laboratorio argentino o por el FBI.

Pero entonces ¿qué es lo que lo puede cambiar, por qué hacerlo en otros países si el resultado de la prueba de ADN siempre será igual para esa persona o para ese cadáver? ¿Por qué no admitir los resultados de una prueba realizada en centros de probada idoneidad científica como es el caso de Ceprocor de Córdoba? Es aquí cuando entramos en el mundo de las tinieblas y de los fantasmas. En el mundo donde se duda de todo y de todos, policía, instituciones, jueces, fiscales científicos, y del propio asesino.

Todos recordarán el famoso juicio de O.J. Simpson, un afroamericano ídolo del fútbol norteamericano que asesinó a su esposa Nicolle y a un joven que, desafortunadamente, se hallaba en el lugar y en el momento inadecuado. Fue el crimen más comentado y televisado después del asesinato de J.F. Kennedy, y en el que la prueba de ADN fue una de las figuras principales, sometida al mayor escrutinio; no así las técnicas forenses empleadas.

Desde el comienzo de la exposición, la defensa argumentaba temas de corrupción, contaminación y alteración de evidencias; dicho en otras palabras, las manchas de sangre habrían sido colocadas. Si bien todos los laboratorios que actuaron hallaron ADN de Simpson en el cuerpo de las víctimas y ADN de la esposa y del joven acompañante presente en los calcetines, en un guante, en un zapato y en el auto de Simpson, éste fue declarado inocente. Las pruebas de ADN se ensuciaron de tal modo que el caso finalizó con una increíble distorsión entre la ley y la ciencia. Algo así como un ajuste de cuentas. Afortunadamente, el caso se reabrió en lo civil y fue declarado culpable ante pruebas devastadoras.

La enseñanza que dejó esta lamentable historia es la imperiosa necesidad de respetar estrictamente el protocolo en la escena del crimen, donde el personal actuante deberá conocer cómo se deben recolectar las evidencias, pues, de no hacerlo, la prueba de ADN carecerá totalmente de valor y será mal interpretada y seguramente impugnada.

Hay muchos puntos que pueden hacer fracasar la prueba de ADN.

Tomemos como ejemplo el caso de una violación y muerte. La recolección de las evidencias biológicas para identificar la presencia de ADN masculino deberá ser tomada en los sitios donde se sospecha la presencia de semen, caso contrario sólo se hallará el perfil de ADN de la víctima y no la del violador. Los hisopos tomados de una violación serán varios y enviados inmediatamente al laboratorio; se dividirán, por un lado, los que se usarán para las determinaciones bioquímicas y, por otro, los hisopos en los que se realizarán las pruebas de ADN, para poder así determinar con seguridad si hay coincidencia con alguno de los sospechosos al hallarse ADN masculino.

Las evidencias biológicas levantadas en la escena del crimen y que son analizadas en el laboratorio deben cumplir con las normas internacionales vigentes; el no respetarlas estrictamente invalidará por completo los resultados de la prueba de ADN.

Algunas de las formas de evidencia levantada incorrectamente son provocadas por material insuficiente, mal conservado, viejo, degradado, contaminado por el personal actuante, cambiado por error o intencionalmente; por impericia en los laboratorios que realizan la prueba de ADN, etc. De este modo, en lugar de ser un intento de esclarecer la verdad se transforma en el desprestigio de un procedimiento, no superado hasta el momento por ningún otro para el esclarecimiento de causas criminales y civiles.

Los laboratorios argentinos contratados por la Justicia para realizar las pruebas de ADN, y que han dado, a lo largo de los años, sobradas demostraciones de su seriedad y capacitación, cuentan actualmente con toda la tecnología moderna y los programas para la interpretación de sus resultados, al igual que cualquier encumbrado laboratorio estadounidense, británico o español.

La Sociedad Argentina de Genética Forense (SAGF) -única sociedad con personería jurídica reconocida en nuestro país- realiza cursos de capacitación, así como evaluaciones anuales de eficiencia y control de calidad de sus integrantes. Muchos de ellos han actuado en casos tan complejos como los relacionados con las personas desaparecidas durante la dictadura militar, la AMIA, LAPA, violadores seriales, crímenes mafiosos, etc. Pero tengamos bien claro que ningún científico puede ni debe transformarse en mago y obtener resultados a partir de muestras inexistentes, tales como las de sangre, semen, pelos, etc., por ejemplo, levantadas luego de un mes, en lugares donde, desde los primeros momentos, no se respetó la escena del crimen, o a partir de hisopados de violaciones, guardados por meses en algún cajón.

¿Quiénes son, entonces, los peores enemigos de la prueba de ADN? ¿Con quién debe librar la batalla? Sin lugar a dudas, con la ignorancia y las crisis éticas y morales.

La autora es médica genetista, presidenta de la Sociedad Argentina de Genética Forense (SAGF).

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