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Arte

 
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Domingo 14 de enero de 2007 | Publicado en edición impresa

Exploradores de los márgenes

Hay una nueva promoción de coleccionistas que parece dispuesta a jugarse por la audacia estética de los artistas emergentes, con quienes se identifica afectivamante

 
 
 

Cadenas de síntomas: Fernanda Laguna, directora de Belleza y Felicidad , experiencia que puso en escena, desde fines de la década pasada, algunas novísimas y diferenciales formas de producción estética (tan celebradas y publicitadas como resistidas), acaba de anunciar el cierre del espacio en tanto galería de arte -y lugar de exhibición- para retransformarlo en lo que había sido en un principio: una zona de cruce entre artistas y poetas, por fuera de las preocupaciones y oscilaciones del mercado. " La tarea de galerista me llevaba cada vez más tiempo y esfuerzo, la demanda crecía cada vez más, fue bueno dar a un paso al costado a tiempo" (Laguna dixit.)

Apenas antes, a principios de diciembre último, en el Centro Borges se llevó a cabo muy exitosamente la segunda edición de Periférica , lugar de encuentro, intercambio y difusión de emprendimientos independientes y micro-tendencias artísticas de todo el país (obras de diverso formato a precios inhabituales en galerías tradicionales, circulación de material de pequeños sellos musicales, elementos de diseño y moda realizados por jóvenes artistas y publicaciones alternativas), así como de escenas tan desconocidas en Buenos Aires como próximas en su geografía (arte emergente de Montevideo y Santiago de Chile, sin ir más lejos). Más que cuestionar o competir con los segmentos tradicionales del mercado del arte local, Periférica vino a sumar y dar lugar a un expansivo conjunto de proyectos.

Y eso no es todo: los stands del Barrio Joven de ArteBA este año ya no serán gratuitos. El ininterrumpido crecimiento de la propuesta, acorde con el interés masivo que suscita, fue la causa de esta reformulación: un cambio de categoría. La multiplicación del nivel de ventas resulta directamente proporcional a la instalación y asimilación de las propuestas de una flamante generación de artistas que fue intensificando su visibilidad en lo que va de la década, y que a su vez estimuló al establecimiento de una nueva promoción de coleccionistas que parecen menos atraídos por la adquisición de piezas de un alto precio de mercado que por la posesión de obras donde el interés preponderante se subraya en la novedad y en la identificación afectiva.

Simultáneamente, la disponibilidad en las librerías argentinas de guías como Coleccionar arte contemporáneo, del coleccionista Adam Lindemann (Taschen, 2006) con advertencias como "si desea comprar arte porque busca una pintura de un colorido que haga juego con el de sus paredes ¡no siga leyendo!", o bien la reciente circulación de Los dueños del arte. Coleccionismo y consumo cultural en Buenos Aires , de María Isabel Baldasarre (Edhasa), que investiga y analiza sobre los inicios de la actividad, como también la proliferación de mesas de discusión y reflexión sobre el coleccionismo vernáculo desarrolladas en distintos puntos del país (Tucumán, Córdoba, Rosario) por la Fundación arteBA, dan cuenta del progresivo interés por indagar en el fenómeno de transformación y evolución de la pluralidad de mercados, que dan cuenta de una gran variedad de coleccionismos coexistentes, tanto como de sus motivaciones, caprichos, estrategias y oscilaciones.

Las políticas del coleccionismo en su totalidad resultan fundamentales a la hora de establecer un canon. Resta aún estudiar en profundidad la enorme responsabilidad que diversas colecciones argentinas tuvieron en los avatares de la institucionalización de nuestro arte.

Surgidos en los últimos dos años, diversos espacios como Apetite, Rosa Chancho, la Oficina Proyectista, Jardín Oculto, Artechacra, el nómade KDA o 713 , ensayan heterogéneas formas de promoción e institucionalización en las que los roles de artistas, curadores y galeristas se entremezclan poniendo de manifiesto una dinámica desconocida en épocas pasadas. Sin embargo, esta creciente proliferación es un fenómeno que no logró trascender con contundencia los límites de nuestro medio. Lo cierto es que la producción artística argentina no logra, desde hace muchísimo tiempo, el decisivo apoyo oficial del que sí gozan creadores brasileños o mexicanos en su lanzamiento internacional.

No por otra razón, la figura del coleccionista de arte contemporáneo -un explorador de márgenes estéticos y culturales inéditos-, termina por realizar una labor de conservación y promoción que el Estado no realiza, y al mismo tiempo sirve de instrumento de graficación y estímulo en el comportamiento de los nuevos mercados y sus alternativas.

(El autor es editor de la revista Ramona) .

Por Rafael Cippolini
Para LA NACION
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