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Domingo 14 de enero de 2007 | Publicado en edición impresa

A boca de jarro | Beatriz Borovich

“Todo lo que no es nombrado no existe”

 
 
 

"De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño –tan rigurosamente extraño, diremos– como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos. Es verdad que Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero es indiscutible que lo previó", lee la profesora en Letras y maestra de Cábala, Beatriz Borovich.

"Este es el comienzo de La muerte y la brújula, cuento que Jorge Luis Borges escribió en 1951, pero que, además, significó el despertar de mi interés por la Cábala hebrea. Hace unos años era profesora de literatura en el Colegio Nacional Mitre y quería que mis alumnos conocieran y disfrutaran la obra de Borges. Entonces necesitaba estudiar muy bien el relato para poder explicarlo y así descubrí que la solución que propone el investigador Erik Lönnrot pasa por una interpretación de la Cábala", sonríe.

Borovich es profesora universitaria y autora de varios libros; entre otros, Los caminos de Borges, La Kabalah, los mitos y los símbolos, y acaba de presentar Kabalah, un camino hacia la luz.

"Claro que también comprendí que mi conocimiento de la doctrina secreta no era suficiente. Entonces corrí a una librería y compré un ejemplar de Iniciación a la Kabalah hebrea, de A. D. Grad, un cabalista moderno. Al que le siguió La Kabalah, tradición secreta de Occidente, de Papus Encausse, un cabalista cristiano, y luego sesudas obras de Jacob Frank, Sefer Yetzirah, Aryeh Kaplan, Rabí Isaac Luria, Gershom Scholem. Tuve otros maestros, como el recordado padre jesuita Ismael Quiles. Como ve, soy una intelectual judía ecuménica.

–¿Conoció a Borges?

–Lo conocí en Salta, en 1978, durante un encuentro de escritores. Cuando le conté que mi amor por la Cábala había nacido de la lectura de un cuento suyo se rió y me confesó que su interés surgió cuando cayó en sus manos Der Golem, la obra de Gustav Meyrink sobre la leyenda del extraño hombre de barro que creó el rabino Juda Low en el siglo XVI. Fue entonces que su entusiasmo lo llevó a escribir su poema El Golem: "Algo anormal y tosco hubo en el Golem,/ ya que a su paso, el gato del rabino/ se escondía. (...) El rabí lo miraba con ternura/ y con algún horror. «Cómo» (se dijo)/ «pude engendrar este penoso hijo/ y la inacción dejé, que es la cordura?»". ¡Bello poema! Mantuvimos una cálida amistad que duró 8 años, lo vi por última vez en junio de 1985. Pero todavía me cuesta aceptar que no lo veré más y a veces me sorprendo diciendo: "Borges suele decir", como si estuviera vivo.

–¿Cómo era?

–Un verdadero maestro, a veces era muy irónico y decía cosas que a mis alumnos del Mitre no les gustaban. Por ejemplo, sostenía que un partido de fútbol eran 22 hombres corriendo desesperados por tener una pelota. Y que con parar el partido y darles una pelota a cada uno volvería la paz. Se lo dije en una de mis charlas telefónicas y acordamos organizar una visita a su casa para que mis alumnos pudieran conocerlo y escuchar sus razones. Fuimos una tarde, a eso de las 5, y allí estaba Borges, sentado a la mesa comiendo su ración de copos de maíz. Y explicó: "Creo que no fui comprendido, nunca podría reírme del número 22, porque para mí es muy importante. Imagínense, es el número de letras que tiene el alfabeto hebreo. En cuanto a la pelota, significa el aleph, el número uno, que en la Cábala simboliza el árbol de la vida; todos tenemos un árbol de la vida, aunque no lo sepamos." Los chicos quedaron encantados, aunque no sé muy bien si entendieron sus explicaciones.

–¿Qué es la Cábala?

–Es la búsqueda de una respuesta a los interrogantes del universo y de nuestro ser en los textos sagrados. Es una ciencia secreta, la parte esotérica del judaísmo, basada en el valor de la palabra. El estudioso de la Cábala sabe que nombrar es existir. Que los objetos y los seres de este mundo son si se los nombra. Todo lo que no es nombrado no existe, y la Cábala nació cuando el hombre le puso nombre a las cosas. ¿Quién fue el autor? ¿Adán? ¿Abraham? ¿Moisés? No lo sabemos, nada se anotó y cada generación fue recibiendo el conocimiento de la generación anterior.

–¿Cómo busca el cabalista?

–Descifrando el alefbet, alfabeto hebreo, donde cada una de las 22 letras tiene un número y un símbolo que se usaron para diagramar el universo, hacer al hombre y dibujar los senderos de la Tierra y el cosmos. Pueden tener varias interpretaciones, según el orden que tengan en la palabra. Este significado tiene contextos filosóficos y cotidianos, lo que permite conocer el sentido de nuestra vida. El objeto del estudio de la Cábala es romper la cáscara de cada letra como si fuera una nuez, para encontrar su verdad.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, la letra gimel, la número 3, significa ayuda, capacidad de no desesperar nunca. Con gimel escribo gamel, camello, un animal que sobrevive en el desierto, en parte por los depósitos de líquido que almacena en su propio cuerpo, y porque incluso puede beber su propio orín. A veces una letra parece apoyar a su vecina: dalet, la número 4, significa pedido de ayuda, socorro, y su vecina hei (hache aspirada) significa dar, ayudar. Borges decía: "En el nombre de la rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo". Si nombramos rosa nos referimos a lo perfecto, a lo acabado, el aroma, el amor, la belleza, la pasión. Si nombramos Nilo pensamos en el extenso río, su delta, Egipto, las pirámides, el limo fértil que hace nacer la vida en el desierto. .

Luis Aubele
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