Editorial II
Loteos y xenofobia
Sin duda los recursos naturales han despertado un interés que estaba adormecido en la Argentina. Además de varios conflictos ambientales aquí se ha instalado la preocupación por una supuesta extranjerización de las tierras, como consecuencia de que varias personas de otras nacionalidades han comprado importantes extensiones de campo en nuestro país.
En muchos casos se ha alimentado el absurdo temor de que los extranjeros compren tierras para apropiarse del agua subterránea que se encuentra bajo la superficie de sus propiedades. Obviamente, el debate resulta positivo, aun cuando la idea de que nos "vengan a robar el agua" se apoye mucho más en un concepto ideológico que en la realidad de nuestro sistema legal. Para tranquilidad de los compatriotas preocupados por la defensa de nuestro patrimonio, se debe resaltar un principio fundamental: la nacionalidad del propietario del suelo en nada cambia la soberanía de la Argentina sobre las aguas subterráneas y su explotación.
Al igual que ocurre con otros recursos naturales subterráneos, la explotación de las aguas de esa clase requiere siempre una autorización previa del Estado. Es más: hasta para hacer un simple pozo es necesario contar con la autorización del Estado, de modo que el peligro para nuestros recursos no reside en que alguien compre tierras para apoderarse del agua subterránea, sino en el maltrato que se tenga con ellos.
Tal vez el sentimiento inspirador de este temor sea un falso nacionalismo o una xenofobia encubierta que no sólo viola el principio constitucional de igualdad de derecho y tratamiento entre extranjeros y argentinos sino la premisa, éticamente inaceptable, de que los extranjeros son peores que los argentinos. A nosotros debe interesarnos la verdadera protección de nuestro patrimonio, independientemente de la nacionalidad de los propietarios de las tierras. Cada año desaparecen 300.000 hectáreas de bosques nativos y con ello muestras representativas de nuestra biodiversidad; cada año aumenta la contaminación de las aguas o se hace una utilización abusiva de agroquímicos, o se fraccionan indebidamente áreas de especial riqueza natural del país, cercanas a zonas sensibles.
Hace poco más de un mes, en esta columna resaltamos la insólita resolución del Concejo Deliberante de Puerto Madryn de derogar una ordenanza que adhería al Plan de Manejo del Area Protegida de Península Valdés, excluyendo de esta manera del área declarada sitio del Patrimonio Natural de la Humanidad a la zona de El Doradillo. El interés reside en lotear esta zona de especial importancia paisajística, declarada paisaje protegido. Se trata de una zona costera de apenas más de 20 kilómetros, sitio único en el planeta y desde donde pueden ser avistadas las ballenas, esos gigantescos cetáceos, a escasos metros de la costa sin necesidad de embarcarse.
La comunidad y varias organizaciones se opusieron a este fraccionamiento durante años por considerar que, en caso de aprobarse, se perdería la posibilidad de disfrutar de ese espectáculo único de la bella provincia de Chubut, una de las áreas de mayor crecimiento en cantidad de visitantes y una fuente fundamental de recursos locales.
Los mismos intereses inmobiliarios dominan un diario de alcance local y han utilizado ese medio para atacar a las organizaciones en forma sistemática, en particular a la Fundación Patagonia Natural (FPN), que posee una trayectoria de más de 18 años protegiendo la naturaleza en estrecha colaboración con las autoridades de todas las provincias del área y que goza de un prestigio internacional por ser la primera organización no gubernamental del mundo en dirigir, de modo independiente y transparente, un proyecto del Fondo del Medio Ambiente Mundial, dedicado a poner en marcha un plan de manejo de toda la zona costera patagónica.
El mencionado medio sistemáticamente le adjudica a esta fundación trabajar con extranjeros que han emprendido procesos de conservación en la Argentina, dando a entender que estas actividades se encontrarían reñidas con la ética y la moral.
Se trata de una metodología lamentable, sostenida por mezquinos intereses inmobiliarios, consistente en publicar notas y editoriales de dudoso estilo, que tienen por objetivo confundir a la comunidad sobre la supuesta extranjerización de las tierras, y cuya finalidad es debilitar la posición de quienes se oponen al loteo del área de El Doradillo, declarada paisaje protegido.
Dar la espalda al delicado Sistema del Area Protegida de Valdés, uno de los atractivos más importantes de la bella provincia de Chubut, y promover un loteo en pequeñas parcelas con especies absolutamente exóticas a la estepa patagónica, no les hace nada bien al paisaje ni al fantástico recurso turístico provincial.
El Doradillo es, naturalmente, parte del atractivo de observar fauna en estado natural en el sistema Valdés y su entorno actual no es un mero accesorio. Este ataque altanero de una parte de la prensa local a una organización con reconocido prestigio en materia de protección ambiental les hace flaco favor a quienes quieren apoyar la protección del patrimonio natural de Chubut y va a contrapelo del interés provincial en atraer a inversores, argentinos y extranjeros, que tanto benefician la economía local.
Toda esta delicada cuestión demuestra a las claras que más de una vez las ruidosas manifestaciones xenofóbicas tratan de ocultar operaciones que, como en este caso ocurre, persiguen otros intereses que no conviene ventilar. .
