Babel (Idem, EE.UU. 2006, color; hablada en inglés, español, japonés, berebere y árabe). Dirección: Alejandro González Iñárritu. Con Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Koji Yakusho, Adriana Barraza, Rinko Kikuchi, Said Tarchani, Mustapha Rachidi. Guión: Guillermo Arriaga, sobre una idea de González Iñárritu y Arriaga. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Gustavo Santaolalla. Edición: Stephen Mirrione y Douglas Crise. Presentada por UIP. Duración: 141 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
Como Crash , que hace un año le arrebató el Oscar a Secreto en la montaña , Babel es un film "importante", de esos que abordan muchos temas significativos, emplean una deliberada parsimonia para requerirnos atención y convencernos de la trascendencia de sus mensajes, proponen visiones del mundo que buscan ser abarcadoras y categóricas y con su constante apelación al impacto manipulan el ánimo del espectador hasta aturdirlo. Son films que nos informan todo el tiempo de su "importancia".
En el fondo, con ese gigantismo y esa calculada administración de cúspides dramáticas, se parecen a muchos best-sellers que a fuerza de impactos mantienen atrapado al lector mientras los lee y no sólo no le dejan después mucho sedimento, sino que raramente resisten el frío análisis sin revelar su inconsistencia. Babel , por eso mismo y por su envase llamativo y su construcción habilidosa, tiene todo lo necesario para seguir ganando premios, Oscar incluido.
González Iñárritu y su hasta hace poco inseparable guionista, Guillermo Arriaga, aplican otra vez su fórmula de emplear un accidente como disparador y conectar las historias de los personajes de variada condición que se ven afectados por él. Pero esta vez, ya lo anticipa el título, la intención es más ambiciosa. El hecho fortuito -y quizá más que el hecho, un objeto: un rifle- sirve como nexo entre tres relatos, ambientados en cuatro países. En una desértica zona marroquí, un pastor de cabras compra el arma y la confía a sus dos hijos para que maten a los chacales que diezman sus rebaños: los chicos juegan a hacer puntería. Un matrimonio norteamericano trata de paliar la crisis que le produjo la reciente muerte de su bebe con una excursión por el interior de Marruecos, donde la mujer resulta gravemente herida por una bala perdida; sus dos hijos han quedado lejos, en San Diego, al cuidado de una baby sitter mexicana que no tiene con quién dejarlos cuando debe asistir a la boda de su hijo del otro lado de la frontera y los lleva consigo. Más lejos aún, en el lujoso piso de Tokio del cazador en cuyas manos llegó a Marruecos el aciago fusil, su hija quinceañera y sordomuda vive alterada por el suicidio de su madre, su soledad afectiva y sus trabas de comunicación.
He ahí la palabra clave: es la dificultad de comunicarse en sus múltiples manifestaciones la que genera la catarata de desdichas que el film distribuirá a lo largo de los 140 minutos de proyección. Esta Babel propicia los desencuentros no sólo por su variedad de idiomas (siete, si se cuentan el lenguaje de signos de los sordomudos y el francés que se oye fugazmente), sino por las diferencias culturales y económicas, los prejuicios, la desconfianza y el miedo.
HabilidadGonzález Iñárritu sabe cómo atrapar al espectador con un montaje que deja las escenas pendientes de resolución, su conocido tratamiento del sonido (el silencio repentino genera distanciamiento y reclama atención sobre la "importancia" de lo que estamos viendo) y la inapreciable ayuda de Rodrigo Prieto en la fotografía y Gustavo Santaolalla en la música. La crudeza con que retrata las situaciones más dramáticas lastima poco: hay suficiente catarsis entre los personajes como para que el espectador comprometa su propia emoción. Y el subtexto crítico no escapa demasiado de la convención: los humildes son víctimas del azar o de los poderosos; éstos, que sufren como los demás humanos, tienen recursos para resolver sus problemas, y además, en algún momento, muestran la hilacha. Algunos gestos estratégicamente ubicados -el apretón de manos entre Brad Pitt y el marroquí, el acercamiento final de padre e hija en Tokio- sugieren la fraternidad universal como única salida de esta Babel colmada de desencuentros en la que vivimos. La visión es tan simplista y complaciente como para dejar al espectador satisfecho después de haberse asomado a las "verdades" del mundo que el film retrata.
El buen elenco contribuye con presencia y convicción al atractivo de un film que peca de arrogante y presuntuoso. Como la torre.
Fernando López
09.04.0712:41
30.03.0715:43