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Una mezcla de poesía y tragedia

Jueves 25 de enero de 2007
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El arco ( Hwal , Corea del Sur/Japón/2005). Dirección y guión: Kim Ki-duk. Con Jeon Sung-hwan, Han Yeo-reum, Seo- Ji-seok, Jeon Gook-hwan y otros. Fotografía: Jang Seung-baek. Música: Kan Eunil. Presentada por Alfa Film. Hablada en coreano. Duración: 90 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: muy buena

El escenario de El arco es el mar, y en él flota un viejo barco de pesca en el que viven permanentemente un anciano y una joven. Ambos están siempre callados, tan callados que en todo el relato no se conocen sus voces, y la distracción de ambos se limita, en él, a utilizar un arco tanto para afinar su puntería como para arrancarle sonidos musicales, y en ella, a ser el objeto de las flechas que el hombre descarga en su torno mientras la muchacha se balancea sin temor en uno de los costados de la embarcación.

Ambos dejan transitar los días en ese juego que encierra una pasión sin sexo y una convivencia reflejada en sus miradas y en sus gestos. Sólo cuando algunos pescadores llegan al barco para lograr un rato de esparcimiento tratando de hacerse de peces se rompe esa monotonía que anuda a la pareja en esa convivencia en la que el anciano, siempre vigilando a la mujer, no permite que ninguno de los visitantes se le acerque con alguna palabra cálida o con algún gesto insinuante.

Jeon Sung-hwan y Han Yeo-reum, como los personajes principales del film del coreano Kim Ki-duk
Jeon Sung-hwan y Han Yeo-reum, como los personajes principales del film del coreano Kim Ki-duk. Foto: Alfa Films

El hombre es paciente y espera que su protegida cumpla diecisiete años para casarse con ella, que, conociendo nada más que la soledad del mar, se resigna a esa existencia cuya única forma de vida es tolerar las manías de ese viejo que, con su arco de forma simple y de fuerza destructiva cuando la tensión es manejada con mano hábil, lanza flechas como único vocabulario de su intimidad. Su arco es tanto arma mortal como instrumento de música, momento en que la embarcación se envuelve en un clima terso y poético. La larga relación del anciano y de la mujer se verá de pronto interrumpida cuando un estudiante llega al barco a pescar. Es uno de los varios visitantes que pasan por la cubierta de la nave, pero para ella es el descubrimiento del verdadero amor.

El arco del hombre adquiere entonces el propósito de destruir ese idilio que rompe la soledad que, hasta ese momento, se mantenía en ese micromundo solitario y pacífico. Pero el anciano no deja de comprender que la existencia está también mucho más allá de la placidez del mar y de la claridad del cielo, y toma una enérgica determinación en la que lo poético se une con lo trágico.

Más allá de las palabras

El director Kim Ki-duk, el mismo de Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera y de Hierro 3 deja aquí de lado la ambientación urbana para volver a lo rural sin olvidar la presencia de un elemento como el agua, que es un sello indeleble en su impecable filmografía. Sobre la base de un guión aparentemente simple, el realizador coreano ilustra aquí los deseos y las esperanzas de un hombre viejo y solitario en relación con una joven muchacha a la que nunca podrá poseer. Pero detrás de esta anécdota el film relata con emoción y calidez muchas de las angustias del ser humano que albergan un deseo o un anhelo oculto que no se puede expresar y muestra todo lo vil, lo noble, lo hermoso, lo triste y lo dichoso que puede resultar todo lo oculto cuando se revela.

Como el arco, su protagonista masculino quiere vivir con su cuerda en tensión hasta el día de su muerte. Y las flechas de su arma son los signos vitales de su comportamiento y también son su forma de expresarse mucho más allá de las palabras.

El arco es un poema que registra lo más oculto de esa pareja que vive con pasión sus respectivos destinos. Y es, además, un film que devuelve a la pantalla a Kim Ki-duk, un cineasta que conoce y sabe dar a conocer todas las angustias de la humanidad a través de la emoción más sincera y de la imaginación más prodigiosa.

Adolfo C. Martínez

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