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Domingo 28 de enero de 2007 | Publicado en edición impresa

Entrelíneas

Distribuir films es como comprar acciones

Bernardo Zupnik, con 40 años de experiencia en la distribución cinematográfica, habla de su profesión

 
 
 

Cuando a Bernardo Zupnik le preguntan en qué consiste su tarea, responde que ser distribuidor de cine es "como comprar acciones en la Bolsa. Se elige levantando la mano y se paga después. En este negocio no existe (bueno, ¡bah!, casi no existe) el «no te voy a pagar»". Ahí está el hombre, en su despacho de Distribution Company ("Una distribuidora de interés general -dice -, cine de arte, cine argentino, cine de terror, comedias, de todo un poco") cumpliendo con una de sus rutinas predilectas: pispear las taquillas de todo el mundo. "Las veo por vicio, porque no hay relación entre películas exitosas aquí y en el extranjero. Fijate que una película como 15 minutos , con Robert De Niro, fue un fracaso afuera y un gran éxito acá. La Argentina es muy especial en cuanto a sus preferencias cinematográficas. Tuvimos cine de arte antes que en cualquier otro lado", cuenta el hombre que ya tiene más de 40 años de relación con el cine y que, admite, forjó su vocación gracias a las funciones del Cineclub Núcleo y del cine Lorraine. Pero más allá de lo artístico, que respeta, y mucho, sabe que en esta actividad manda el mercado. Y el mercado dice a los gritos que para la exhibición norteamericana, por ejemplo, México significa el 40 por ciento de sus ingresos, Brasil el 30 y la Argentina el 8, cifra que llega al 12 por ciento sólo si se suman los producidos de Chile, Uruguay y Paraguay.

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Para Zupnik, éste que acaba de pasar fue el peor semestre de los últimos tiempos. Y acumula razones: "Por la piratería; bajan de Internet y se quedan con el 20 o 30 por ciento del mercado en salas y con la mitad del negocio en DVD. Esto obliga a estrenar casi a la par de los Estados Unidos. Si esperás, como se hacía antes, cinco o seis semanas, la piratería te aplasta. También influye que la gente va menos al cine. En la época del mundial, los reproductores de DVD pasaron de costar mil dólares a 80, pero en seis cuotas y sin intereses. Hace un año, 300 mil hogares tenían este aparato y hoy ya son tres millones. Y encima, también influye la baja oferta de películas realmente rendidoras que vienen de los Estados Unidos".

Vuelve a apelar a metáforas timberas ante la necesidad de explicar por qué una película funciona o es ignorada. "Influye decisivamente el azar", reconoce Zupnik. Su distribuidora (fundada en 1985, asociada a Luis Puenzo y Marcelo Piñeiro) estrenó desde el 25 de diciembre de 2005 a igual fecha de 2006 cuarenta films. "Uno se sigue equivocando en sus elecciones a pesar de la experiencia. Este año, con Ser digno de ser [una excelente coproducción franco-israelí-rumana], que no funcionó en ningún lado del mundo, aquí, con sólo seis copias, metió 100.000 espectadores, a razón de 16.666 por copia. Una cifra -afirma-que hasta Casino Royale le envidiaría hoy". Zupnik se congratula también de los buenos resultados, para nada secretos, de películas como Secreto en la montaña y Secretos de diván , pero se lamenta por el flojo rendimiento de El nacimiento, de la que dice que tuvo mucho gasto de lanzamiento y hasta ahora vendió menos de 80 mil entradas.

Detalla otros aspectos no muy conocidos del negocio. "De entrada están los gastos de copias y publicidad; después del estreno entre un 50 y un 60 por ciento debe retornarse a los productores de origen. Y de ahí a rezar, buscando llegar al punto de equilibrio. Te confieso algo: todas las películas que tengo en cartel [última semana de diciembre de 2006] están en rojo. Mirá el caso de El viento que acaricia el prado , una película excelente, con doce semanas de exhibición; hizo 50 mil espectadores y no cubrió su gasto de inversión. Sólo con su copia de video llegará al punto de equilibrio".

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Hasta 1964, Zupnik fue fotógrafo y socio de su padre en una escuela de fotografía por correspondencia. Hasta que optó por el cine. "Pensaba que iba a estar detrás de las cámaras, pero primero que nada me mandaron a comprar sándwiches. Lo importante es que nunca más me fui del cine", especifica quien cumplió diversas tareas de producción en más de treinta películas argentinas. "En esos años, aprendí todo del negocio", sintetiza. En los tiempos que corren, sus actividades son más gratificantes que correr por triples de miga a la panadería de la esquina. Por ejemplo, elegir películas ("Ahí te tenés que poner en público", declara) recorriendo los principales festivales de cine del mundo: París, Berlín, Mar del Plata, Cannes, Montreal, Toronto o lugares de compra como el American Film Market. Productor y exhibidor del cine argentino en general y de los nuevos realizadores en particular -desde La tregua y Crónica de una señora hasta Derecho de familia y Crónica de una fuga - Zupnik se lamenta mucho de que la gente no se haya subido a la ola del nuevo cine argentino. "Eso está pendiente. Necesitaríamos un nuevo Juan Moreira , un Gatica , un Hijo de la novia . Me acuerdo en 1974, cuando se estrenó La tregua . También estaba La Patagonia rebelde , Una mujer y las de Porcel y Olmedo. Caminabas por Lavalle y no veías una película extranjera."

Zupnik menciona últimos films argentinos de calidad - Derecho de familia , El método , Las manos , Crónica de una fuga - que, según su opinión, deberían haber recaudado mucho más. Que él no pueda explicarse las razones del bajón marca lo oscilante de la actividad. "Hasta julio del 2006 estábamos hasta en un 3 por ciento arriba respecto del 2005. Pero algo pasó a mitad de año que las cifras se cayeron", revela. Igualmente seguirá apostando al cine argentino. A fines de 2006 estampó su firma para llevar adelante un negocio de producción. Unido a empresas como Cine Color, Alta Definición, Films Suez y Burman-Dubcovsky, Distribution Company integrará un fideicomiso para solventar cinco películas en los próximos cinco años, dos de ellas en este mismo año. Para ninguna, prometen, pedirán ayuda financiera al Instituto de Cinematografía. .

Por Carlos Ulanovsky
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