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Domingo 28 de enero de 2007 | Publicado en edición impresa

Escritores argentinos distinguidos en el exterior

La literatura, más allá de la nacionalidad

Tomás Eloy Martínez, Alberto Manguel y Edgardo Cozarinsky coinciden en que los mejores autores son universales

 
 
 

Cada vez que un escritor argentino es reconocido en el exterior, reaparece la inevitable pregunta sobre la vigencia de la literatura vernácula en el vasto océano de la cultura internacional.

Tomás Eloy Martínez, con su flamante Premio Casa de América Latina, en Portugal; Alberto Manguel, reciente ganador del Premio Grinzane Cavour, en Italia, y Edgardo Cozarinsky, nominado para el Independent Foreign Fiction, en Inglaterra, coinciden -con matices- en que la literatura no depende de una nacionalidad. Además, entienden que los mejores escritores son universales y que las relaciones en el mundo literario son fenómenos de carácter individual.

Vale decir: antes que hablar de una literatura argentina en el exterior, corresponde hablar de escritores que logran hacer pie en el competitivo mercado internacional más por afinidades culturales que por razones de identidad nacional.

Desde Estados Unidos, Francia y la Argentina, los tres escritores conversaron con LA NACION para analizar la situación de la literatura local en relación con la demanda del mercado mundial. Para despejar toda expectativa por anticipado, Tomás Eloy Martínez dijo: "En el exterior, la Argentina existe poco. Y la literatura argentina, muy poco".

Una mirada desde afuera

Distinguido por su novela ganadora del Premio Alfaguara 2002, El vuelo de la reina , para Eloy Martínez "los galardones ayudan sobre todo a la obra del autor premiado. Pero un escritor sólo no puede abrir camino a otros. Fuentes pensaba que un libro con mucho éxito podía abrir mercado a otros. Pero eso no ocurrió con el éxito de Isabel Allende y la narrativa chilena. Sin embargo, hoy la literatura británica y la india despiertan gran interés". El narrador estuvo nominado al premio portugués junto con Alfredo Bryce Echenique, con El huerto de mi amada ; Gabriel García Márquez y Memorias de mis putas tristes ; Chico Buarque, con Budapest, y Nélida Piñón, con Voces del desierto , entre otros.

Para Alberto Manguel, cuyo flamante Premio Grinzane Cavour lleva implícita la voluntad del jurado de acercar a los jóvenes a la lectura aprovechando el aporte que el autor de En el bosque del espejo (Norma) ha hecho al libro, "en estos tiempos nómadas, en los que nacemos en un sitio pero adoptamos la nacionalidad de otro país, la noción de identidad cercada no es muy interesante".

Manguel sostiene: "Siempre hubo una literatura de color local. Por ejemplo, la Argentina y el tango; Estados Unidos y los cowboys ; México y los mariachis; pero eso no significa que la literatura tenga que ver con un concepto de identidad nacional. Los temas de los escritores son más vastos y no están arraigados al folklore".

Se pregunta Manguel: "¿Por qué no condenamos a la ciencia a esa identidad nacional y sí lo hacemos con la literatura?". El ensayista, que se declara lector de Borges, Bioy Casares, Cortázar, Olga Orozco, Abelardo Castillo, Marco Denevi y otros argentinos, dice que la difusión de la literatura de un país es más una cuestión editorial. Y agrega, para ampliar el debate, que en la sociedad actual "el acto intelectual ya no tiene prestigio. Hubo un tiempo en que leer era un acto central en el imaginario de una nación. Pero hoy los valores de la lectura nada tienen que ver con la inmediatez que exige la sociedad".

Cozarinsky, que acaba de participar en distintos festivales y actividades culturales en el Reino Unido e Irlanda con la mirada puesta en el libro y la lectura, fue seleccionado entre 20 destacados escritores para el Independent Foreign Fiction Prize. Algunos de ellos son el español Javier Cercas, el premio Nobel portugués José Saramago y el albanés Ismail Kadaré. "No niego la importancia de la literatura argentina, pero creo que los premios se conceden a título personal, porque las relaciones en el mundo literario son individuales", dice el autor de La novia de Odessa .

Dijo el escritor y realizador cinematográfico: "No hay una sociedad que se interese por una literatura, sino que se interesa por escritores. Hay cuestiones de afinidad cultural y humana que se dan entre editores y autores. Por ejemplo, mi editor inglés leyó todos mis libros. Esas personas pueden cambiar de editoriales, pero si la relación es personal, al mudarse te llevan con ellos".

Según Cozarinsky, "hablar de grupos, movimientos, generaciones o tendencias remite a la ficticia polémica Boedo-Florida, que hoy resulta cómica. La vanguardia como noción de calidad ha dejado una especie de vacío que ha hecho resurgir a los narradores de historias". El autor de El rufián moldavo augura que "frente a una literatura de grandes éxitos, seguirá existiendo otra de catacumbas, que no debe traicionarse. Pero sí pueden traicionarse las leyes del mercado".

Sin imposiciones

Tomás Eloy Martínez agrega un dato para la reflexión: que un autor argentino sea difundido en el exterior no depende tanto de su valor narrativo como de sus traductores. "Borges, como figura dominante de cualquier conversación sobre literatura del siglo XX, junto con Kafka y Joyce, constituye un fenómeno aislado. En general, lo que ocurre con la literatura es que se vuelve difícil conectarla con movimientos nacionales."

Agregó: "México y España consiguieron mejorías en la calidad literaria, pero no presentan el tema como un fenómeno nacional. La difusión de la literatura tiene que ver con la capacidad para comunicar. Hay novelas con mucha fuerza para transmitir historias inverosímiles. Lo que tiene más fuerza es la capacidad de comunicación y la libertad del novelista para expresarse sin imposiciones editoriales ni modas ni nacionalidades". .

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION
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