Diálogo con Jorge Taverna Irigoyen
"Los investigadores enfrentan dificultades de todo orden"
El nuevo presidente de la Academia de Bellas Artes y su plan
"Es otro desafío. Mi vida ha estado llena de ellos. Para salir airoso, siempre he aplicado la misma clave: trabajar con alegría. Esta permite, creo, que un desafío abra posibilidades a otra realidad."
En la reflexión del doctor Jorge Taverna Irigoyen, recientemente designado al frente de la Academia Nacional de Bellas Artes para el trienio 2007-2009 (de la que fue miembro de número desde 1995), hay una implícita referencia a sus múltiples desempeños.
Abarcan la promoción y difusión cultural, la crítica de arte -su columna especializada en el diario El Litoral de Santa Fe figura entre las más destacadas del país-, además de su actividad como curador de numerosas exposiciones locales y extranjeras y una amplia tarea literaria, en la que sobresalen ensayos sobre pintores santafecinos y un breve pero estupendo libro de meditaciones, La vida cabe en el arte. Hasta el año pasado, además, dirigió el Centro Transdisciplinario de Investigaciones Estéticas, que fundó en 1992.
Todo un acierto el lugar que eligió para su diálogo con LA NACION: el bar jardín, adornado por estatuaria y fuentes, en la entrada del Museo de Arte Decorativo, en el majestuoso palacio Errázuriz, una parte del cual es sede de la academia, que se encuentra en receso hasta el 17 de febrero.
Señala la importancia de la entidad, que hoy ocupa el tercer lugar en América del Sur, precedida sólo por las de Brasil y Chile, pero creada antes que aquéllas, en 1936, durante el gobierno de Agustín P. Justo. Su acción está dirigida a la conservación y difusión del patrimonio, a una sostenida acción cultural a través de becas y premios y a sostener su condición específica de ser un medio referente para la consulta de la cultura en general.
Taverna Irigoyen señala el cometido que le cabe en el dictado de leyes o anteproyectos vinculados con "la defensa de nuestro patrimonio", y pone énfasis en la tarea editorial, tradicionalmente orientada a exponer investigaciones propias, como su valiosísima y exhaustiva Historia general del arte en la Argentina, integrada por 12 volúmenes, que demandó más de 20 años de intenso trabajo.
"A lo largo de esas dos décadas, los investigadores y especialistas debieron hacer frente a dificultades de todo orden, no sólo económicos sino también de carácter técnico y organizativo. Con justicia, se puede decir que fue uno de los emprendimientos más complejos que se han encarado y resuelto exitosamente", afirma.
Presupuesto
"Eso no lo puedo decir -manifiesta, al consultarlo por el monto presupuestario asignado a la ANBA por el Poder Ejecutivo-, pero sí calificarlo de insuficiente. Para entenderlo así, es preciso considerar la variedad de disciplinas comprendidas: arquitectura, urbanismo, música, pintura, escultura, historia, crítica del arte, escultura, grabado y diseño, a lo que hay que sumar dos recientes incorporaciones, cinematografía y tecnología textil. Semejante cobertura y la organización de seminarios y talleres serían prácticamente imposibles si no contáramos con el apoyo privado, en gran medida consistente en legados y donación de inmuebles que generan recursos".
Formula elogios a la labor de su antecesora, la profesora Rosa María Ravera, que presidió la Academia en dos períodos. En el último, impulsó la realización de los notables seminarios de cultura contemporánea, que contaron con la participación, entre otros, del filósofo italiano Gianni Vattimo y de Consuelo Ciscar, directora del Instituto de Arte Moderno de Valencia.
"Creo en la bondad del término «continuidad» -señala Taverna Irigoyen-. Aquí debemos aplicar aquello de que nadie descubre la pólvora. Por «continuidad» quiero significar seguir sedimentando los criterios respecto de la consolidación institucional. ¿Un anhelo? Sí: concretar la Casa del Artista, planeada por el arquitecto Florindo Testa hace muchos años."
Lo acompañarán en la mesa directiva la doctora Pola Suárez Urtubey, Osvaldo Svanascini, Ary Brizzi, Guillermo Roux y Juan Melé. .
Por Willy G. BouillonDe la Redacción de LA NACION
