LYON (EFE).- Más de dos décadas después de su estreno, la Carmen de Antonio Gades no ha perdido una pizca de su fuerza, a juzgar por la apasionada reacción del público francés en la maratónica gira en la que está embarcada su refundada compañía.
Esta semana, en la Maison de la Dance de Lyon, en el sudeste de Francia, los cuatro primeros pases han finalizado con estruendosas ovaciones y parte del público en pie lanzando bravos y pidiendo más bises. El centro lionés de la danza se ha llenado hasta la bandera desde el pasado martes y se espera lo mismo en el resto de las funciones que quedan hasta el domingo, día en que la compañía se despide.
La exitosa adaptación al flamenco de la obra de Prosper Mérimée forma parte del legado que dejó el bailarín y coreógrafo español Antonio Gades a su muerte, en julio del 2004. Una herencia que está perpetuando su compañía, reconstruida con ese fin, y que tiene al frente a Stella Arauzo, la única mujer tras Cristina Hoyos, en interpretar a Carmen junto a Gades.
La bailarina y directora artística se encarga de recordar a la mayoría de sus compañeros la manera de trabajar y el arte de la desaparecida leyenda de flamenco que la hizo debutar hace 25 años, en Bodas de sangre , cuando era una adolescente. Sólo cinco miembros de la compañía compartieron escenario con Antonio Gades. La Carmen que dirige Stella Arauzo sigue al pie de la letra a la de su creador, con una extrema simplicidad de vestuarios, escenografía e iluminación.
La diferencia con el original, estrenado en París en 1983, reside en la evolución de la interpretación: "La de ahora está más enriquecida que la de hace 24 años, hacia donde creo que quería Antonio".
"El me decía: «tú baila con la edad que tienes». Como antes me comían los nervios, mi Carmen era todo fuerza, frivolidad y pasión. Ahora he conseguido añadirle entrega y sensualidad, y según los días me sale más o menos romántica", asegura la bailaora madrileña.
Durante la gira por Francia, que comenzó en noviembre y concluirá a mediados de febrero, Arauzo afirma que se emocionó cuando un espectador le dijo que llegó a sentir a Gades en el escenario y que pensó que en cualquier momento saldría a saludar. Uno de los artífices de ese efecto mágico y casi sobrenatural es Adrián Galia, el encargado de calzarse el papel de Don José, el que interpretaba Antonio Gades. "Todos los días salgo con un nudo en la garganta", afirma el bailarín con gran humildad y respeto hacia la gran figura que emula en el escenario.