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Opinión

 
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Domingo 04 de febrero de 2007 | Publicado en edición impresa

Editorial II

El valor de contar un cuento

 
 
 

Una acertada iniciativa del gobierno de la ciudad ha permitido que los más de 26.000 niños de entre 3 y 17 años que concurren a las colonias públicas porteñas puedan acceder de manera muy atractiva al conocimiento de la literatura infantil.

En efecto, este año el Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires ha instrumentado un programa, Voces que Cuentan, que propone la narrativa oral y la lectura como una manera de restablecer el lazo entre los chicos y la experiencia de leer, escuchar y contar historias.

Para muchos de los niños asistentes, sin embargo, ésta es la primera vez que entran en contacto con el mágico y misterioso mundo de la poesía y la narrativa a través de los libros. Por esa razón fue que la mayoría de los textos (una selección de obras infantiles y juveniles principalmente de autores nacionales) se escogió teniendo en cuenta que los pequeños lectores pudieran luego reencontrarse con ellos fácilmente en las bibliotecas escolares.

También se seleccionaron 20 docentes de escuelas de la Capital Federal para trabajar como promotores de lectura durante el verano. Los narradores son profesionales egresados de distintas escuelas de narración oral, donde aprendieron técnicas corporales y repertorios para públicos de distintas edades.

El entusiasmo que ha despertado esta propuesta entre los niños los ha llevado también a querer contar ellos los relatos que aprendieron de sus padres o abuelos, lo que se transforma entonces en una oportunidad inigualable para intercambiar anécdotas bien diferentes, porque allí concurren chicos de distintos barrios, de distintas provincias y aun de países limítrofes como Bolivia y Paraguay.

Recuperar la narración oral, ese antiguo hábito de compartir relatos para el cual no importa la edad que se tenga, es uno de los propósitos principales del programa, además de brindarles a los chicos otro entretenimiento junto con los juegos al sol y un día de pileta. Y como todos los expertos en educación saben, una de las mejores maneras de fijar conocimientos es a través del juego y de la narración de cuentos. Se desarrolla la imaginación, se aprenden palabras y estructuras lingüísticas nuevas, y se deriva naturalmente en el gusto -o la pasión, por qué no- por la lectura y, más tarde, por la escritura.

No es la primera vez que la narración de cuentos en voz alta es utilizada en nuestro país con fines didácticos y de entretenimiento, con éxito similar. Baste recordar aquí el ejemplo de las Abuelas Cuentacuentos del Chaco, que van a las escuelas y a los hospitales a leer historias o a contar las propias, una actividad que incluso les ha valido premios internacionales, o los Encuentros de Narración Oral de la Feria del Libro.

Son experiencias que ratifican el hecho de que el valor de la palabra no se ha perdido de ninguna manera, ni siquiera hoy, que parecería que la imagen lo es todo.

Esta iniciativa del gobierno de la ciudad debe ser bienvenida porque, además, con ella se está contribuyendo también a formar a los futuros ciudadanos de esta sociedad. .

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