Opinión

Domingo 07.09.2008 (actualizado hace 580 días)
Editorial I

Mejores políticas de desarrollo infantil

Noticias de Opinión: anterior | siguiente
Lunes 5 de febrero de 2007 | Publicado en diario de hoy 

A lo largo de la última década el impresionante avance de las neurociencias ha demostrado de manera mucho más rigurosa que en el pasado la asombrosa plasticidad del cerebro humano para sobreponerse a circunstancias adversas. Y no hablamos de casos tan extremos como el de Nico, un chico que con sólo medio cerebro logró un desarrollo cognitivo excelente, analizado por Antonio Battro en su libro Medio cerebro es suficiente . La recuperación también es posible en circunstancias lamentablemente más habituales, como las que se presentan ante insuficiencias nutricionales no extremas o de estimulación en la infancia temprana.

Para que la recuperación sea efectiva, sin embargo, es imprescindible que los chicos sean especialmente tratados, tanto en su hogar como en los jardines y en la escuela. Hay en la Argentina ejemplos excelentes de que ello es posible, y de cómo deber hacerse. Uno bien conocido es el programa de la Fundación Conin, dirigida por el doctor Abel Albino, especializado en la recuperación desde la desnutrición extrema. Otro es el que realiza con los chicos de 0 a 3 años el Centro de Atención Temprana de Lobería, en la provincia de Buenos Aires, que tiene el valor agregado de basarse en un estudio realizado en colaboración con el prestigioso Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), que probó un aumento del desarrollo de los niños en el área mental y en el desarrollo motor, así como en el período de lactancia materna exclusiva.

El programa de Lobería apuntó a mejorar los hábitos de crianza, cuidado y estimulación prodigados por la familia desde el embarazo y en los primeros años de vida, y a promover la activa exploración del mundo que los rodea por parte de los chicos. Su método central fue un programa comunitario de tres años de duración, con amplia participación del gobierno local, los medios de comunicación, los empresarios, las escuelas y las familias. Pudo probarse que las intervenciones en los primeros años de vida son capaces de contrarrestar muchos de los efectos de las situaciones adversas de la primera infancia sobre el desarrollo infantil, pues posibilitan mejores condiciones de educabilidad.

Su impacto alcanzó a toda la comunidad, al reforzar la confianza en sí mismos de los padres en cuanto a su capacidad de cuidar a sus hijos y en la capacitación de recursos humanos especializados en desarrollo infantil. Comprobaciones análogas han presentado Jorge Colombo y Sebastián Lipina, del Cemic, en su libro Hacia un programa público de estimulación cognitiva infantil . La de Lobería es una experiencia importante para todos, porque demuestra que, cuando se convoca a la comunidad para actividades trascendentes, hay una amplia respuesta.

Las buenas prácticas de desarrollo infantil son siempre importantes, pero más aún en situaciones como las de la Argentina de los últimos años, en los que la crisis económica ha tenido efectos muy negativos sobre la capacidad de las familias para desarrollar y nutrir adecuadamente a sus hijos. Por eso hay que celebrar que la nueva ley de educación nacional haya incluido por vez primera el desarrollo infantil de los chicos desde los 45 días como política educativa, aunque, en verdad, debió ser desde el embarazo, que es cuando comienza efectivamente dicho desarrollo.

Por cierto, la ley es apenas un primer paso. Nuestros sistemas educativos y de salud están todavía muy lejos de haber incorporado las mejores prácticas en la materia, que deben incluir también pedagogías especiales en las zonas de bajos recursos, algo técnicamente posible y de costos razonables. Se trata nada más y nada menos de una de las mejores inversiones que puede hacer la Argentina por su gente y por su futuro.

Noticias de Opinión: anterior | siguiente

Ranking de notas

Diario de hoy | Opinión