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Toda una vida cerca del poder

Con Jorge Antonio desapareció la última leyenda del peronismo

Política

El recuerdo de quienes conocieron al empresario, operador y amigo de Perón

Era el año 1956. Un grupo de periodistas acreditados en la Casa Rosada fue trasladado por el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu hasta Río Gallegos. El destino final era el penal de esa ciudad. En la capilla se encontraba rezando, con profundo recogimiento, un puñado de altos dirigentes del peronismo derrocado: Jorge Antonio, poderoso empresario, junto con Héctor J. Cámpora, Ramón Cereijo, Guillermo Patricio Kelly y John William Cooke.

La vida de Jorge Antonio, fallecido el domingo último, tuvo la intensidad de un influyente empresario, figura clave, operador político y testigo privilegiado de la vida de Juan Domingo Perón. La mayor parte de sus 89 años fluyeron al calor del poder.

Antonio y sus compañeros huyeron de la cárcel patagónica en una cinematográfica fuga, que quedó grabada en la historia. El empresario, perseguido por la Revolución Libertadora, recaló en Cuba durante un año; de allí, partió en 1957 a Madrid, para acompañar el exilio de Perón.

En Cuba, Antonio obtuvo la protección del régimen de Fulgencio Batista, pero ya no estaba allí cuando sobrevino la revolución de 1958 que encabezó Fidel Castro. Empresario del poder, la función de Antonio fue financiar a Perón y al peronismo, de los cuales obtuvo contratos y privilegios que acrecentaron su fortuna.

Del bolsillo de Antonio salió el dinero para comprar el terreno en Madrid donde se construyó la residencia de Puerta de Hierro, morada del exilio de Perón, a quien había conocido en 1943, en un encuentro social, pero a quien sólo en 1949 comenzó a frecuentar y a asesorar.

La cercanía con el líder se debió a que Jorge Antonio representaba a la General Motors y a Mercedes-Benz, cuya radicación y crecimiento en la Argentina se debió al beneplácito del gobierno de entonces. La producción automotriz, le decía a Perón, debía ser uno de los ejes del proyecto de industrialización del país.

Perón le advirtió en 1955, antes de su derrocamiento, que él se exiliaría en España y lo invitó a ir. "Los militares lo ven a usted muy ligado a mí. No lo dejarán tranquilo. Venga conmigo", le dijo Perón. Pero Jorge Antonio optó por quedarse en el país. La Revolución Libertadora, luego, le confiscó propiedades y empresas.

"Le sacaron todo y luego recuperó algunas cosas y algunos campos, en distintos negocios agropecuarios como la producción de cereales, ganadería y la cría de caballos", recordó la última mujer de Antonio, Inés Schneider, que lo acompañaba desde 1971. Antonio también tuvo intereses en la industria pesquera en la Patagonia.

Su primera mujer fue Esmeralda Rubín, con quien tuvo diez hijos. "Era hermosa e inteligente, pero la prisión y su salida del país fue una época muy turbulenta y la pareja no resistió", contó Schneider.

Antonio es recordado por muchos como un conciliador entre la ortodoxia peronista y las generaciones emergentes que desembocaron en facciones revolucionarias en los años 70. Su relación con la derecha peronista era mala, quizá simbolizada por sus históricos enfrentamientos con José López Rega, por lo cual Antonio no alcanzó a vivir en Puerta de Hierro, pese a su cercanía con Perón.

Asimismo, ejercía una fuerte influencia y le acercaba a Perón a muchos dirigentes jóvenes, como Carlos Menem o Lorenzo Pepe.

Más allá de sus enconos con López Rega, tenía excelente trato con la estructura sindical. Según memoriosos del PJ, tanto Antonio como las 62 Organizaciones y la UOM fueron las dos fuentes principales de financiamiento del proceso de retorno del viejo general en los años 70.

Jorge Antonio solventó la publicación de la revista Primera Plana , a principios de esa década, con fuerte control de lo que se conoció como el Comando Tecnológico Peronista. Allí militaban Julián Licastro, Miguel Angel Toma, José Octavio Bordón y Carlos Grosso, entre otros. El objetivo era promover el regreso de Perón.

"El hizo dinero en el régimen peronista, con buenos contratos y privilegios, y siempre la puso al servicio del movimiento y de Perón", dijo a LA NACION uno de aquellos dirigentes.

Según Schneider, Antonio no pudo regresar a la Argentina hasta 1976, y durante los funerales de Juan Domingo Perón sólo pudo venir al país por un día. Algunos vincularon al empresario con el lavado de dinero procedente del régimen nazi, aunque su última esposa desestimó esas versiones. "Es ridículo, quieren manchar su nombre", aseguró Schneider.

También les dio empleo en sus plantas fabriles a viejos criminales de guerra nazis, como Adolf Eichmann. "No tuvo nada que ver con los nazis, Eichmann vino a Mercedes-Benz dentro de un lote de 30 operarios de Alemania y luego se supo quién era", dijo su esposa.

Homenaje

  • A propuesta del senador Carlos Menem (PJ-La Rioja) la Cámara alta rindió ayer homenaje al empresario peronista Jorge Antonio, fallecido el domingo último. Sin embargo, el tributo fue por demás atípico, ya que por primera vez no fue votado por una bancada entera. Es que el radicalismo se abstuvo de apoyar la iniciativa, sin dar mayores precisiones. No obstante, fuentes de la principal bancada de oposición comentaron a LA NACION que la actitud estuvo motivada en la controvertida figura del empresario.
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