WASHINGTON.– La guerra en Irak consume casi todas las energías de la política exterior de Estados Unidos. Es una realidad de la administración Bush, pero Michael Shifter piensa que seguirá por varios años más. “Es ingenuo pensar que América latina va a ser una prioridad para el próximo presidente”, previene el profesor de la Escuela de Servicio Exterior de la Georgetown University.
Shifter toma lo excluyente de la situación iraquí, sin embargo, como una oportunidad para los países latinoamericanos. “América latina debería promover múltiples opciones estratégicas. Buscar otros aliados, claro que sin descartar a Estados Unidos”, explica.
Vicepresidente para Políticas del Inter-American Dialogue y, antes, director para América latina del prestigioso National Endowment for Democracy y de la Fundación Ford, Shifter vivió en Chile y Perú varios años, hasta que comenzó a recibir amenazas de Sendero Luminoso. Se marchó, pero con un manejo perfecto del español, idioma en que se desarrolló la entrevista.
Elogia la gestión del presidente Néstor Kirchner, pero también observa que falta coherencia en sus decisiones. "Es muy difícil encasillarlo como populista, pragmático o moderado", dice, lo que explica por qué en Washington aún no saben cómo abordarlo.
Claro que a él tampoco le agradan las simplificaciones. Desecha la visión de un eje del mal latinoamericano y dice que esa idea es fruto de pensamientos irracionales, aunque vislumbra serios desafíos en el camino del presidente Hugo Chávez.
-Varias veces en los últimos años, usted aludió a la "maldición de los segundos gobiernos". ¿Puede explayarse sobre eso?
-Hay una tendencia marcada en los gobernantes de América latina de obtener la reelección. Pero si uno piensa en experiencias pasadas, observa que los segundos gobiernos suelen ser complicados. Esas experiencias no son alentadoras. Y aun así está el apetito del poder, la posibilidad de continuar en el gobierno, con los riesgos propios de la continuidad, como son la arrogancia y una pérdida de contacto con la sociedad, con la opinión pública. Esto es complicado.
-¿Ve riesgos en los segundos mandatos aunque gobiernen otros presidentes en el medio?
-Así es. La experiencia lo demuestra. En Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, por ejemplo, tuvo una administración exitosa en los años 90, pero su segundo gobierno fue un desastre y tuvo que marcharse. La sociedad boliviana había cambiado notablemente sus demandas y expectativas, y Sánchez de Lozada intentó aplicar las mismas recetas. Eso es el poder: cuando uno se acostumbra a los éxitos, la tentación es repetir lo ya hecho. Lo mismo le ocurrió a Carlos Andrés Pérez en Venezuela. Y ahora veremos qué ocurre con Oscar Arias, en Costa Rica, y con Alan García en Perú. El lleva seis meses y ya hay señales que son preocupantes. No creo que repita lo que vivió en los años 80, pero me pregunto si ha aprendido lo suficiente para aprovechar su segunda oportunidad.
-¿Qué le recomendaría al presidente Kirchner? ¿Que se postule, que no lo haga, que promueva a Cristina Kirchner? ¿O sería lo mismo cualquiera de los dos?
-No es mi función darle consejos a un presidente. Sólo hablaré del caso de Alvaro Uribe (reelegido en Colombia), a quien en un artículo comparé con Franklin Roosevelt, el ex presidente de los Estados Unidos que fue elegido cuatro veces. Mi argumento es que en circunstancias normales no es lo mejor buscar la reelección, pero que no siempre las circunstancias son normales. En el caso de la Argentina, la crisis de 2001 fue muy profunda y dramática y, obviamente, el presidente Kirchner ha hecho una buena gestión, goza de legitimidad y de una alta popularidad. La economía está bien. Entonces hay un argumento para que busque la continuidad de su gestión. En suma: no tengo nada en contra de los segundos mandatos en sí mismos, pero hay riesgos propios del apetito ilimitado por el poder que muestran muchos políticos y que pueden llevar a una concentración del poder y a medidas autoritarias. Ese es un peligro que vemos ahora en Washington.
-A fines de 2005, usted dijo que Kirchner era aún una gran incógnita para muchos expertos y funcionarios norteamericanos. ¿Y ahora?
-La percepción es que Kirchner está tomando decisiones políticamente muy inteligentes, muy hábiles, que le permiten ganar popularidad y poder, pero que son muy dispersas, que no reflejan una coherencia de enfoque. Entonces es muy difícil encasillarlo como populista, pragmático o moderado. Tiene aspectos de cada cosa. Creo, también, que un fenómeno como el peronismo es único en América latina. En otros países hay partidos socialistas, como en Chile, o de los trabajadores, como en Brasil, pero tienen una definición más clara y coherente. El peronismo es un fenómeno particular en la región. Abarca varias tendencias al mismo tiempo, lo que complica aún más el esfuerzo por ubicar a Kirchner entre los líderes de América latina.
-Usted ha criticado a Chávez, pero desecha la idea de un eje del mal en la región y piensa que ésos son pensamientos irracionales. ¿Mantiene su tranquilidad con Chávez, Ortega, Morales, Correa y los Castro en el poder?
-Así es. Pienso que es un error trazar un eje del mal. Obviamente hay alianzas de conveniencia, y cierta amistad entre Chávez, Ortega y Morales, pero cada situación es distinta. Ortega es un político muy hábil y tratará de aprovechar todas las opciones que tiene. Una es su relación con Chávez, pero no descarta tener también relaciones con los Estados Unidos, con Costa Rica y otros países. Lo mismo ocurre con Correa. Chávez tiene sus seguidores por su retórica, porque habla de justicia social y contra los Estados Unidos y contra Bush. Obviamente, Bush no es muy querido en América latina y en gran parte del mundo, y Chávez no tiene pelos en la lengua, lo que le gusta a su público. Pero después de ocho años en el poder, y con tanto dinero, no noto que la "experiencia bolivariana" sea un modelo para exportar. Chávez no ha podido gobernar de manera eficaz, de un modo que le permita construir una oferta atractiva para la región. A esto se suma su manera de ser: para la gran mayoría de los latinoamericanos, Chávez se pasa un poco demasiado con sus agresiones verbales. A la mayoría le incómoda su estilo agresivo.
-García Márquez escribió El enigma de los dos Chávez en 1999, cuando intuyó que "la suerte empedernida" le estaba ofreciendo la oportunidad de salvar a su país, pero que también podía pasar a la historia como un déspota más. ¿Qué ocurrirá con Chávez?
-No se ha escrito algo más agudo sobre Chávez que aquel ensayo de García Márquez. Creo que los próximos años no serán fáciles para Chávez. Hubo un presidente en Haití, "Papa Doc"[François Duvalier], que fue igual: fue elegido y se perpetuó en el poder. No estoy tan seguro de que todos los chavistas que ahora lo apoyan compartan esa visión, y eso puede causar problemas muy serios dentro de su coalición. A su ambición se suma, además, la corrupción. Afrontará serios problemas antes de que concluya este nuevo mandato.
-Winston Churchill dijo con ironía que los Estados Unidos tienden a hacer las cosas bien cuando han agotado todas las demás opciones. ¿Las agotaron en América latina?
-[Ríe.] Ha habido tantos fracasos -la lucha contra la droga es el ejemplo más claro- que, lógicamente, habría que pensar que sí. Pero en las actuales circunstancias, en las que la guerra de Irak es tan dominante que absorbe todo el oxígeno de la política norteamericana, es difícil ser muy optimista sobre los Estados Unidos y la región. Se puede hacer mucho, pero no soy muy optimista.
-Un año después de los ataques del 11-S, usted advirtió que la campaña contra el terrorismo había llenado el vacío dejado por la Guerra Fría y había aportado una nueva "misión" a los Estados Unidos. ¿Los problemas en Irak pueden herir de muerte a la lucha global contra el terror?
-Hay algo de eso. En los Estados Unidos siempre hay una tendencia natural a retirarse de un conflicto cuando marcha mal. Así ocurrió en Vietnam y en Somalia. Pero, como también mucha gente nos lo recuerda, nos retiramos de Vietnam en 1975, pero nuestra etapa aislacionista no duró mucho tiempo: apenas cinco años. Los Estados Unidos tienen en su carácter algo profundo, que renueva su espíritu. Cuando fue elegido Ronald Reagan, en 1980, ocurrió el resurgir de los Estados Unidos como potencia. Habrá muchas presiones para retirarse de Irak y resurgirá la tendencia aislacionista, pero no sé cuánto durará. Los Estados Unidos volverán a defender sus intenciones en el mundo.
-¿Qué cabe esperar, entonces, para América latina hasta enero de 2009?
-En un mundo globalizado y con los Estados Unidos concentrados en Irak, un buen gobierno de América latina debería promover múltiples opciones estratégicas. Buscar otros aliados, sin descartar a los Estados Unidos. Pero es un error esperar una gran iniciativa, otra Alianza para el Progreso en el siglo XXI. Eso ya no es realista, quedó atrás.
-¿Habría grandes diferencias para América latina si continuaran los republicanos o si ganaran los demócratas?
-No. Es ingenuo pensar que América latina será una prioridad para el próximo presidente.
Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE. UU.