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Política

 
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Jueves 01 de marzo de 2007 | 16:50

El diluvio y la poca gente empañaron la fiesta

Hubo mucha menos gente que los 30 mil que esperaba el Gobierno; la lluvia opacó la manifestación y no hubo piqueteros; postales del folclore kirchnerista

Por Lucrecia Bullrich  | LA NACION

 
 
 

Estaba todo organizado casi milimétricamente e incluso mejor que en años anteriores. Pero el apoyo a Néstor Kirchner en las calles mientras daba su extenso discurso ante el Congreso se opacó por una circunstancia que, aunque pudiera preverse, no tenía manera de ser resuelta para evitar que arruinara la fiesta.

Alrededor de las 11, cuando todavía faltaba una hora para que el Presidente empezara a hablar ante los legisladores, el cielo gris dejó de ser una amenaza para convertirse en un diluvio imparable.

Los alrededor de 500 militantes kirchneristas que ya habían llegado a la Plaza de los Dos Congresos, frente al Parlamento, primero saltaron y disfrutaron del agua y después empezaron a buscar donde guarecerse.

"Cinco pesitos". Como suele ocurrir, casi en simultáneo con la primera gota caída sobre el asfalto empezó a sonar en el ambiente el clásico “Los impermeables a cinco pesitos”. El vendedor ofrecía protección de la lluvia, a esa altura feroz, en dos colores: azul y amarillo. Los punteros barriales, en cambio, repartían bolsas de residuo negras para que cumplieran el mismo fin.

Pese a la poca gente, en el ambiente el aire era de despedida. Tal vez por el importante grado de organización en la plaza y sus alrededores. El operativo de seguridad, a cargo del Ministerio del Interior, incluyó vallas alrededor del Congreso y policías ubicados en los alrededores del edificio con sus clásicos chalecos naranja.

Pantallas y tribunas. A diferencia de otros años, los organizadores instalaron dos pantallas gigantes, a los costados de a explanada, y tres tribunas, para que los manifestantes pudieran sentarse y para evitar el agolpe contra las vallas, tan típico de otros años.

A caballo. La atención de la mayoría se trasladó a la avenida Rivadavia, cuando poco después de las 10.30 se escuchó avanzar a los Granaderos al ritmo de la Marcha de San Lorenzo. Desde atrás de las vallas algunos de animaron a cantar el clásico del cancionero patrio, otros sacaron sus celulares para sacarles fotos.

Se quedaron allí hasta que recibieron la orden de bajarse de los caballos. Algunos aprovecharon el “recreo” para acercarse a los cerca de 30 baños químicos ubicados en las esquinas de la plaza.

Respaldo municipal. Las banderas de apoyo a Kirchner eran todas de localidades bonaerenses cuyos intendentes se convirtieron en fervientes seguidores. Los grupos piqueteros Federación de Tierra y Vivienda (FTV), de Luis D Elía; de Barrios de Pie, de Jorge Ceballos; del Movimiento Evita, de Emilio Pérsico, y del Frente Transversal, de Edgardo Depetris iban a sumarse a los vecinos movilizados por los intendentes.

Un clásico. Un hombre de remera rosa y maletín esquivaba vallas y se quejaba. “El Estado me tiene que garantizar la libre circulación” le decía a un policía que trataba de explicarle que iba a tener que desviarse unas cuadras.

A pocos metros otros dos hombres hacían equilibrio con dos pesadas sogas que sostenían al ya clásico pingüino inflable, que apareció por primera vez en la Plaza de Mayo el 25 de mayo del año pasado y que se convirtió en un “infaltable” de cada cita kirchnerista.

Kirchner conduce. “Estamos tratando de que quede derecho, bien de frente al Congreso”, contaron orgullosos los hombres a LANACION.com. Con una especie de banda presidencial cruzada en el pecho de plástico la leyenda del animal era uno de los pocos indicios de “continuidad” kirchnerista en el poder a partir de octubre. “Kirchner conduce: proyección 2007”, decía sobre la panza del animal.

Guerra de afiches. También las internas municipales se trasladaron al Congreso. Poco después de las 10 y como salidos de la nada, dos hombres cargados con baldes de engrudo y rollos de afiches y las manos metidas en oportunos guantes de plástico naranja, avanzaron a paso firme por la plaza. Su objetivo era claro. Cualquier espacio que sirviera para pegar sus carteles les venía bien. Pero la idea era que el afiche de su candidato a intendente en Avellaneda, Rubén García, tapara los que más temprano habían pegado los seguidores de Cacho Alvarez, el actual jefe comunal.

Con el diluvio llegaron las dudas. Si Kirchner había llegado, si suspendería el discurso, si faltaba mucho para que finalmente empiece a hablar y, sobre todo, si el agua dejaría de caer con tanta violencia en algún momento.

Sólo el paso de los minutos respondió las preguntas. La mayoría soportó las casi dos horas y media de discurso presidencial con estoicismo, aunque se vieron expresiones de alivio cuando las pantallas transmitieron el último “muchas gracias”.

No eran las 30 mil personas con las que en algún momento se ilusionó el Gobierno y no fue el "día peronista" con el que les hubiera gustado recordar la última vez que Kirchner abrió un período de sesiones ordinarias en el Congreso. El clima no fue un aliado al Presidente. .

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