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El hombre que está solo y espera

Cacho Fontana, al borde de los 75, planea irse del país si no hay trabajo para él

Domingo 04 de marzo de 2007
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LA NACION

Los que cuentan con menos de 25 casi casi no tienen idea de su existencia. Apenas una enigmática alusión a su nombre en "Voy a dormir", el tema de Andrés Calamaro, que produce vagas curiosidades en blogs y portales jóvenes de Internet. "¿Quién era?" "¿Vive?" "¿Realmente existió?"

Cuando los que hoy tienen, precisamente, 25 años estaban llegando a este mundo, la leyenda gigante de Jorge "Cacho" Fontana comenzaba a evaporarse con gran velocidad. Mucho tiempo pasó desde que con Pinky condujo por el canal oficial la maratón Las 24 horas de las Malvinas , que procuraba recaudar fondos cuando la menguante dictadura militar tuvo la loca idea de salvarse enfrentando bélicamente al Reino Unido. A la derrota nacional, Fontana sumaría pronto la propia, mucho más sórdida y profunda.

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Desde ahí el hombre que revolucionó con un formato radial que hoy todavía perdura y rinde (16 temporadas consecutivas del Fontana Show ), que revalorizó el horario del regreso con Sexta edición y que anticipó el vértigo visual televisivo, en 1978, con VideoShow , entró en un cono de sombras del que ya nunca volvió a salir del todo, más allá de alguno que otro pequeñísimo destello fugaz.

La inconfundible voz y la acicalada prestancia que grababa a fuego los eslogans de las grandes marcas -"Con seguridad" (Odol), "Dígale sí" (Terrabusi), "Y péguele fuerte" (YPF), entre otras tantas- de la noche a la mañana se quedó sin auditorio ni marcas para anunciar.

Acostumbrado a su notable pulcritud en el decir y en el vestir, el público tácitamente le había reclamado lo mismo en el hacer y, aunque esa vez lo toleró a regañadientes, no vio con buenos ojos que tras doce años de convivencia abandonara a Beba Bidart (doce años mayor que él) para refugiarse en los brazos de la "chica del momento", Liliana Caldini (veinte años menor que él). Tras otros doce años de matrimonio con ella y dos hijas (que se sumaron a la que tuvo de su primera esposa, Dora Palma, con la que estuvo dos años) esa historia de amor también terminó y no bien.

Para entonces la paciencia de sus seguidores, que lo habían idealizado, y de las empresas, que acudían a él por su imagen supuestamente impoluta, comenzaba a agotarse. Fue entonces cuando le cayó encima el episodio más oscuro de su vida. Con acusaciones de inducción a los estupefacientes y golpes, la modelo Marcela Tiraboschi lo depositó cuatro años en Tribunales. Cuando, al final, fue sobreseído ya había pasado mucho tiempo y no pudo sacarse el tufo de ese fango maloliente. Todavía faltaba, además, lo que pasó o no con Nancy Herrera, la última compañera del malogrado Alberto Olmedo.

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Ahora que toda esa carnicería quedó tan atrás y que está por cumplir 75 años (el próximo 23 de abril), con la voz intacta, con el porte característico de siempre -saco, corbata, "mi uniforme de vida", se resigna-, Norberto Palese (su verdadero nombre) está bastante cansado de tener tan inactivo a su muñeco Cacho Fontana, que con tantas felicidades y desdichas tapizó toda su vida.

Piensa que un cuarto de siglo es demasiado tiempo desde que su historia grande terminó, cuando apenas pisaba los cincuenta años. Y si llegó hasta ahora, a duras penas, fue por los trabajos más que esporádicos, que le tendieron las manos amigas de Tito Lectoure, Julio Márbiz, Mario Kaminsky, Alberto Pérez y unos pocos más. Ahora mismo viene de Córdoba, tras una corta experiencia como voz de una radio deportiva.

Con tanto tiempo ocioso a su disposición, Fontana fluctúa entre extremos bien contrastados: desde fantasear con acabar con todo de una buena vez (y todos sabemos bien qué quiere decir eso) hasta reclamar lo que él cree más que legítimo ("la radio tiene 24 horas y yo encajo en alguna" -dicen que repite en su círculo íntimo, pero más como reclamo que como lamento- porque estoy vigente y entero y si me dan de 1 a 4 de la madrugada empiezo mañana mismo").

Los que lo conocen aseguran que no vive del pasado y que sabe que las reglas del juego han cambiado, que los locutores forman parte de una raza en extinción y que ya desde hace mucho las tandas no se dicen como antes porque están grabadas. Así y todo cuando tiene que llenar algún casillero consignando su profesión no trepida en poner "locutor comercial". Y aunque se ofrece modestamente hasta para leer sólo PNT (publicidad no tradicional, las menciones publicitarias que hay dentro de los programas) en ciclos conocidos, los que lo frecuentan aseguran que todavía no ha arriado del todo las banderas de gran organizador. "La radio -larga en cuanto se le tira un poco de la lengua frente a un café y entra en confianza- es un cuerpo desvestido al que hay que ponerle camisa, medias y zapatos, pero si no se cuenta con cien kilovatios, a uno sólo le queda hacer guerrilla desde el micrófono." Tiene en claro que para competir a lo grande, sin potencia de transmisión no hay carisma que valga. El público sintoniza lo que mejor y más fuerte se oye, sin molestas interferencias.

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El hombre que conoció la gloria y la vergüenza casi por partes iguales es hijo único y vivió en una pieza del barrio de Barracas con sus padres hasta los 21 años. De chico le tomó amor a la profesión que abrazaría al ver a los locutores que presentaban a las orquestas típicas en los auditorios de las grandes radios. Entonces admiraba las voces de Juan Monti y Roberto Galán. Debutó en Radio Del Pueblo con Roberto González Rivero y durante mucho tiempo Guillermo Brizuela Méndez fue su gran consejero.

Tal vez su mayor dolor haya sido que siendo centro de tanto chimento depredador y esclavo de sus propios actos, nunca su madre le haya preguntado nada al respecto. Y no será por falta de tiempo ya que vivió hasta los 104 años y murió hace tres.

Por invertir tanto en el desarrollo de sus programas, quizá por despilfarrar en donde y en quienes no debía, y por tener que pagar muchos abogados y divorcios, Fontana no posee ahorros y vive prácticamente de la caridad del pope de la empresa Tsu Cosméticos.

Eso sí: se mantiene en forma, camina, escucha mucha radio, va al cine y, cosa rara, arma cada día en su casa un programa imaginario con los titulares de los periódicos y las noticias que dan vuelta.

No tiene muchas expectativas (o sí, quién sabe): le gustaría, a manera de despedida, emprender una gira por el interior. Tampoco descarta mandarse a mudar e instalarse en España cerca, pero sin molestar, de Estela (55), su hija mayor, que vive en Ceuta, o tal vez de Ludmila (29), que está afincada en Madrid (la otra gemela, Antonella, es productora de Radio Nacional, aquí en Buenos Aires).

Si alguien tiene alguna idea mejor -tradúzcase: trabajo consistente- que no demore en escribirle a jorgecachofontana@fibertel.com.ar. Ayer y hoy

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