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Educación

Deserción escolar

Comunidad

Los indicadores más graves se concentran en la escuela media, con un abandono que llega al 19,79% en los últimos tres. Esto afecta a 270.000 adolescentes, muchos de los cuales regresan gracias a la tarea conjunta del Gobierno, el sector social y las empresas

No sólo importa llegar, sino también permanecer. Esta frase popular adquiere una dimensión preocupante cuando se piensa en el sistema educativo y en el problema de la deserción escolar. En nuestro país, las estadísticas nacionales muestran que los indicadores más graves se concentran en la escuela media, con una abandono interanual del 8,54% en los primeros años, que llega al 19,79% en los últimos tres. Esto afecta, principalmente, a 270.000 adolescentes.

La repitencia, que tiene gran incidencia en el abandono escolar, es del 10,38% en los primeros años del secundario y de 7,58% en los últimos. Otro indicador que podría incidir da cuenta del crecimiento de la deserción a medida que se avanza en los niveles educativos es el de la promoción efectiva -los chicos que aprueban el año-, que en el primario es del 91,73%, cae a 81,08% en los primeros años del secundario y desciende al 72,63% en los últimos tres del secundario.

La flamante ley de educación nacional fija la obligatoriedad de todo el secundario y establece como objetivos "garantizar la inclusión educativa" y "garantizar a todos el acceso y las condiciones para la permanencia y el egreso de los diferentes niveles del sistema educativo".

El secretario de Educación de la Nación, Juan Carlos Tedesco, consideró que el problema de la deserción "es serio, sobre todo en los últimos tramos del secundario", y precisó que "el abandono es el último segmento de un proceso cuyos primeros síntomas son el bajo rendimiento escolar, la repitencia y el ausentismo", por lo cual se vuelve fundamental fijar medidas de prevención.

Tedesco estimó que el hecho de que la secundaria sea obligatoria a partir de ahora "amplia el compromiso del Estado", y que si bien el problema del abandono requiere políticas públicas, las estrategias deben ser individuales porque cada chico es un mundo.

Chicos recuperados

El Ministerio de Educación de la Nación lleva adelante el Programa Nacional de Inclusión Educativa (PNIE), que propone un trabajo conjunto con organizaciones civiles. En tres años, el programa logró que regresaran a la escuela 94.944 jóvenes de entre 6 y 18 años que recibieron una beca de 400 pesos.

Hay 1137 escuelas que perciben un subsidio anual de 3000 pesos para proyectos educativos de inclusión, y más de 7000 docentes, supervisores y miembros de organizaciones sociales participaron de encuentros para promover políticas que aporten soluciones al problema.

"La deserción tiene dos niveles de causas muy marcados. Por un lado, el chico y su contexto social y demográfico -pobreza, problemas familiares, la creencia de que la educación no es una forma de ascenso social-, y por otro, la escuela, que no se ha podido adaptar a los cambios necesarios para retener a los chicos. Hay que generar cambios en estos dos niveles", consideró Juan Pablo Amichetti, director de la Fundación de Organización Comunitaria (FOC).

Amichetti indicó que las organizaciones no gubernamentales se conectan con la realidad de estos chicos y sus problemas, y al estar en su mismo territorio tienen un conocimiento directo. "Cuando nos acercamos a los chicos nos enteramos, por ejemplo, que los temas que más los tocan son el amor, la muerte, el futuro y el tiempo. Los chicos marginales también tienen que remar contra un discurso social que los tilda de delincuentes y vagos, lo que influye en forma directa en la deserción escolar, porque si nadie cree en ellos bajan los brazos", explicó.

Las historias de vida que se relatan en esta edición de Comunidad muestran las causas que pueden llevar a un joven a no ir más a la escuela: necesidad de conseguir un trabajo para mantener a su familia, falta de un proyecto de vida a largo plazo, desinterés o desconocimiento de las posibilidades que ofrece la educación o falta de contención familiar. Pero estas mismas historias demuestran que es posible revertir la situación y volver a los estudios.

Valorar la escuela

Según Axel Rivas, director del área Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Cambio (Cippec), para evitar el abandono del colegio secundario, "no basta con dar una beca, sino que es necesario crear un espacio con el que se identifique".

Rivas explicó: "Se está dando un proceso complicado, porque la salida de la crisis de 2001 promovió empleos que ofrecían más dinero que el que obtendrían con una beca, y parece que la educación no es lo suficientemente valorada como factor para trascender su situación económica. La escuela debería generar una valoración que impidiera esta situación".

Rivas indicó, asimismo, que dentro de las políticas que se aplican son interesantes los espacios puente, que proponen actividades en un ámbito que permite que el chico se identifique con la institución educativa. Por ejemplo, la realización de tareas comunitarias o deportivas en la escuela.

El Ministerio de Educación nacional desarrolla el PNIE con 4957 docentes que gestionan los espacios puente, con el fin de que el chico se incorpore a la educación formal.

La ciudad de Buenos Aires, que está entre las jurisdicciones con mejor tasa de promoción efectiva en el secundario y con menor porcentaje de repitencia, tiene, sin embargo, una serie de programas sobre inclusión educativa, como las escuelas de reingreso para jóvenes de entre 16 y 21 años, que incluyen un sistema de apoyo escolar, tutorías docentes, becas, cobertura alimentaria, por ejemplo.

También está el proyecto para alumnas madres y alumnos padres, que funciona en las escuelas medias y técnicas, que contempla, además, la inclusión educativa de los niños de 45 días a 4 años.

Este programa forma parte del Plan de Fortalecimiento de Nivel Medio que se inició en 2001. "En el inicio se dio prioridad a los altos niveles de abandono y repitencia en 1° y 2° año, y luego lo extendimos a otros años", comentó Adriana Serulnikov, coordinadora de equipo del Plan de Fortalecimiento.

"La escuela no puede solucionar la problemática socioeconómica y afectiva de la familia del chico, pero sí compensar con servicios escolares como becas, viandas, comedores, tutores escolares. Y la principal contención de la escuela es garantizarle al joven su función de alumno.

Año tras año apuntamos a que se enseñe en forma inclusiva, para todos, y que los chicos aprendan; por eso trabajamos con los docentes", indicó Serulnikov.

Fotos: de archivo y de Miguel Acevedo Riu

Yamila, 24 años

Villa Fiorito

Yamila tiene 24 años y vive en Fiorito. Recuerda los días que pasaba aburrida, sin nada para hacer, como una etapa negra, sin sentido. No sabe bien por qué dejó de ir al colegio, pero lo cierto es que un día empezó a salir con un chico que la llevó a una vida de vagancia y se alejó de los libros.

"Dejé en 1er. año de la secundaria. Por las mañanas trabajaba en una remisería, pero tenía todas las tardes libres y me aburría. Estaba todo el día sola en mi casa porque mi mamá trabajaba y mi hermana iba al colegio."

Cuando después dejó de trabajar se iba a la calle a mirar los autos con una amiga que tampoco estudiaba. "No sabíamos qué hacer. En esos momentos pensaba para qué había dejado la escuela, pero no se me ocurría volver."

Cuando pensaba qué quería hacer de su vida, se le aparecía el deseo de ser maestra jardinera, pero no podía si no terminaba el colegio. "Entonces retomé la escuela y este año me voy a anotar en la 222 de Villa Urbano para estudiar maestra jardinera. Mi mamá siempre me decía que todo lo que empezaba lo dejaba y le pude demostrar que no, que sí terminé de estudiar."

Su hermana dejó la escuela porque quedó embarazada y Yamila está tratando de convencerla para que vuelva. "Mi mamá siempre nos decía: Yo no pude estudiar porque tenía que ir a trabajar y ustedes que pueden no van. Casi todas mis amigas dejaron la escuela y la mayoría tiene hijos."

Claudio, 21 años

Retomó los estudios y dejó la droga

Claudio, con sus 21 años, sabe que la calle está peligrosa y no porque se lo contaron, sino porque la sufrió durante mucho tiempo. "Desde los 5 años que ando solo por la calle porque mi mamá trabajaba con cama adentro y yo hacía la mía. Me dedicaba a hacer macanas todo el tiempo o le tiraba piedras a los trenes. A los 13 me fui a cartonear a Palermo Viejo porque mi mamá se había quedado sin trabajo. Me iba solo y hacía muy buena plata. En esa época se vendían muy bien los cartuchos de impresoras y yo conseguía bastantes."

Con eso Claudio mantenía a su familia, pagaba el alquiler y sostenía su adicción a las drogas, como marihuana y pastillas. "Me llegaba a fumar 25 porros por día, o directamente tomaba Rivotril. En ese contexto, el colegio no me interesaba para nada. Dejé en 8° grado por vago, porque no quise dar dos materias que tenía previas; ni siquiera me presenté. Lo cargaba todo el tiempo al profesor de plástica y él me decía: El que ríe último ríe mejor, y tuvo razón."

Ahí empezó a sobrevivir con cualquier cosa que encontraba: trabajó como mecánico, limpió canchas de paddle o hizo changas.

A los 18 volvió a estudiar y terminó el colegio. Se anotó en cursos de gasista, administrador de microempresas y le falta un año para recibirse de profesor de dibujo y pintura. Ahora también trabaja en la Red de Jóvenes de FOC. Vive con su mamá y su hermana.

"Tengo 16 sobrinos de mis dos hermanas y quiero que ellos tengan un futuro y que se den cuenta de que la calle está jodida. Hace un tiempito mataron a un sobrino mío de 16 años que volvía de cartonear y eso me partió la cabeza. Tengo amigos que se están consumiendo con el p aco y la pasta base. En mi barrio todos se asombran de que yo haya podido salir. Mi idea es cambiarle la cabeza a los pibes que dicen que no tienen futuro, porque si yo pude, ellos también pueden."

Clarisa, 20 años

Dejó, volvió y terminó la secundaria

Clarisa tiene la mirada huidiza y es de pocas palabras. Tiene 20 años y no le gusta mucho hablar de la época en la que le decía a su mamá que no tenía clase y estaba dos meses sin ir a la escuela hasta que repitió 9° año. "No quería ir más a la escuela cuando repetí, porque me daba mucha vergüenza, y entonces dejé. Miraba tele, andaba en la calle con mis amigas chusmeando y haciendo lío, pero la mayoría del tiempo me aburría. Mi vieja me retaba, pero no pasaba nada."

Después de que su madre y sus amigas le insistieron para que continuara sus estudios, este año terminó la secundaria. "Una amiga me decía todo el tiempo que tenía que estudiar y terminar porque tenía que pensar en mi futuro. Tengo dos hermanos más chicos; de vez en cuando van a la escuela, y yo les estoy encima con eso. Uno de ellos repitió tres veces primer año y se ratea todo el tiempo."

Clarisa muestra orgullosa la panza de 6 meses de embarazo y no oculta su felicidad. Vive con sus padres, sus hermanos y su novio, de 24 años, que es gomero y no terminó el secundario. "Más adelante tengo ganas de estudiar." Ahora forma parte de la red de jóvenes de FOC. "También me gustaría empezar a trabajar, porque no sé lo que es; nunca trabajé."

Gisella, 19 años

Tiene ganas de volver a la escuela

La cara angelical y los ojos celestes de Gisella no tienen rastros de esa otra vida en la que se vestía como un hombre, se perdía en las drogas o hacía de la calle su hogar. En su caso, dejar la escuela en 8° año no fue una elección, sino una necesidad. Su mamá empezó con problemas de salud y ella tuvo que salir a trabajar para llevar la comida a su casa para sus dos hermanos.

"Iba a cartonear a Once con un amigo que ahora está internado por drogas. Hacíamos cerca de 70 pesos por día y teníamos muchos clientes. Cada uno tenía su zona delimitada. Con mis amigos de esa época me drogaba y llegué a robar. De la plata que hacía cartoneando, le daba una parte a mi vieja para que comprara la comida y el resto lo gastaba en droga. "Muchas veces estuve cerca de pasar para el otro lado con el Poxiran. Es una experiencia terrible."

No pasó mucho hasta que cayó presa por drogadicción y estuvo dos días en la comisaría. Después la llevaron a un instituto, pero un tío que trabaja en tribunales consiguió que le devolvieran la libertad.

Dejó su adicción por voluntad hace un año y eso le cambió la vida. "Decidí dejar por el bien de mi vieja y de mi familia. Ella se enteró cuando yo caí, y sufría mucho porque me veía muy mal."

Agrega que con el tiempo se fue dando cuenta de que se sentía mejor, que tenía hambre y estaba con más fuerzas. "Tenía el pelo cortito y me vestía como un hombre por vergüenza. Todos pensaban que era un chico más del barrio. De a poco mi prima me ayudó a vestirme mejor y ahora soy una señorita más."

Tiene 19 años y una de sus prioridades es que sus hermanos no cometan los mismos errores que ella. Todavía tiene previa lengua de 8° año. La quiere rendir cuanto antes para poder anotarse y cursar 9° por la noche.

"Hasta hace una semana era repositora en un supermercado y renuncié porque era un trabajo muy pesado y de muchas horas. Por el momento estoy desempleada."

Mientras tanto, ella y su madre hacen changas para sostener la casa. Hoy, sus amigos siguen en la misma situación. Uno estuvo internado por la adicción al paco. "Estaba tan flaco que casi se muere. Hoy ya está gordito y salió."

El sector social también trabaja por los chicos

En nuestro país son numerosas las organizaciones que se dedican a temas educativos.Algunas son: La Fundación de Organización Comunitaria (FOC), Sustentabilidad-Educación-Solidaridad (SES), Barrios de Pie y el Ministerio de Educación conforman la Red Nacional de Organizaciones de la Sociedad Civil por la Inclusión Educativa, cuya labor se centra en el desarrollo de estrategias para el Programa Nacional de Inclusión Educativa.

FOC también lleva adelante el Programa Desafío, iniciativa que promueve la inclusión socioeducativa de adolescentes y jóvenes en situación de pobreza. Buscan que los chicos completen sus estudios, aprendan un oficio y se inserten en el mundo del trabajo mediante pasantías rentadas en empresas. ( www.fundacionfoc.org.ar )

Proniño, el programa de bien público que motorizan Movistar y la Fundación Telefónica y que desde hace seis años, contribuye con la erradicación del trabajo infantil por medio de la escolarización. Está presente en once provincias y beneficia a más de 3000 niños.

Cimientos, que promueve la igualdad de oportunidades educativas con programas que favorecen la inclusión escolar y mejoran la calidad educativa para niños de bajos recursos. ( www.cimientos.org )

La Asociación para la Prevención de la Deserción Escolar de Mar del Plata, que propone el análisis sobre causas y consecuencias del abandono y propiciar acciones para su prevención. ( www.desercionescolar.org.ar ). .

Por Laura Casanovas De la Redacción de La Nación
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