Cada vez más a la moda: estrellas con marcas propias
Prestigio, consolidación de la imagen y, especialmente, facturación millonaria mueven a cada vez más luminarias a desarrollar líneas de ropa y de perfumes
Por Natalia Trzenko | LA NACION
“No puedo imaginar mi carrera sin la moda.” Aunque la frase pertenece a la cantante y actriz Beyoncé Knowles, protagonista de Soñadoras, Dreamgirls, podría haberla dicho cualquiera de sus colegas del cine y la música. Es que hace tiempo que las estrellas más vistas y escuchadas, las que logran que su cara venda entradas y discos, formaron una alianza con el mundo de la moda. Al punto que, como dice la bella Beyoncé, sus vidas profesionales no pueden separarse de la ropa que visten. Pero lo que comenzó como una estrategia de imagen, con contratos millonarios para aparecer en campañas publicitarias en revistas tan repletas de estilizadas fotos de Gwyneth Paltrow vestida por Stella McCartney, Cate Blanchett por Donna Karan o Penelope Cruz por Ralph Lauren, evolucionó a medida que los dólares entraban sin pausa. Hasta que, a diferencia de las supermodelos, las superestrellas quisieron más.
Scarlett Johannson no se conformó con ser la musa de Francisco Costa, el diseñador de Calvin Klein, como antes lo habían sido Audrey Hepburn para Givenchy o Winona Ryder (antes del escándalo del shopping) para Marc Jacobs. La nueva chica dorada de Hollywood no se conformó con inspirar y se puso a diseñar. Así, el año pasado la actriz firmó un jugoso contrato con una marca de ropa deportiva para hacerse cargo de una línea de zapatillas y ropa de estilo retro. Desde el nombre de la colección, “Scarlett heart Rbk”, hasta los colores elegidos para cada prenda, la intención es que los compradores sientan que la actriz está directamente involucrada en su nueva tarea. Algo de lo que intentan convencer al público todos los integrantes del variado grupo de las celebridades dedicadas al diseño de indumentaria.
Todos ellos insisten en que no es el dinero lo que los llevó a asumir su nuevo compromiso laboral sino la necesidad de expandir los horizontes creativos. La declaración podría pasar por cierta si las cifras de ganancias de Jennifer Lopez por su marca J.Lo no superaran los 300 millones de dólares al año. Semejantes números transformaron a muchos músicos y actores en piezas claves de la industria de la moda.
Casi cada cantante exitoso y popular tiene su fábrica de ropa, aunque pocas veces se los vea usando algunas de sus propias prendas. De Justin Timberlake, pasando por la mencionada Beyoncé hasta Madonna, todos son orgullosos creadores de vestimenta, sin haber pasado nunca por una escuela de diseño. Y hasta el bueno de Bono tiene su marca. El líder de U2 presentó el año pasado la línea de ropa casual Edun (Nude, desnudo, al revés), de la que su mujer es una de las diseñadoras. Claro que el emprendimiento tiene mucho que ver con el trabajo solidario del irlandés: todas sus prendas se producen en países en vías de desarrollo como Perú y Túnez. Otra celebridad con peores intenciones y mucho más interesada en la moda que firmó un par de figurines es Victoria Beckham. La futura habitante de Hollywood diseñó unos jeans para la moderna marca Rock and Republic.
Madonna diseña
Madonna, la reina madre del pop, la mujer que marca el ritmo de lo que se usa, de lo que está in y lo que está out hace más de veinte años, fue nombrada el mayor ícono del estilo por la revista Elle . El reconocimiento llegó hace un mes antes de que se pusiera a la venta en la cadena de venta de ropa H&M, la colección “M by Madonna” (M por Madonna) creada por la artista que después de intentar sin suerte en su carrera como actriz y como autora de cuentos infantiles ahora decidió por el camino que están transitando los músicos mucho menos exitosos que ella. Así, para evitar papelones la ambiciosa rubia/morocha/pelirroja y rubia otra vez pidió la ayuda de algunos amigos para su nuevo emprendimiento que desde anteayer está disponible en los locales que tiene la cadena sueca alrededor del planeta. Claro que si uno es Madonna esos amigos son Jean Paul Gaultier y Stella McCartney (sí, la hija de Paul, ya famosa por talento propio), dos de los diseñadores más reconocidos en el mundo.
Aunque fuera de los Estados Unidos la influencia de la cultura hip hop es escasa, en ese país muchos cantantes y productores del género consumido eminentemente por la comunidad negra decidieron hace tiempo que si ellos lograban imponer, desde sus videos y apariciones públicas, el estilo de vestimenta que luego aparecía en las calles cortesía de diseñadores avezados que nunca habían escuchado su música, lo justo es que ellos disfrutaran de parte de las ganancias. Así, el músico P. Diddy comenzó a utilizar su nombre verdadero, Sean Combs, para dedicarse a la indumentaria. Su marca, SeanJohn, suele contar con el beneplácito de las revistas especializadas y ya figura como uno de los eventos de la semana de la moda en Nueva York. Pero Combs no es el único rapero dedicado a la ropa. El siempre escandaloso Eminem también tiene su línea de remeras, lo mismo que su amigo 50 Cent, el más improbable de los diseñadores. Conocido por sus rimas de subido tono sexual y violento, el muchacho se hizo famoso por haber sobrevivido a un tiroteo con una banda rival y por tener un pasado delictivo. Que tal vez fue lo que lo inspiró a crear una línea de zapatillas para correr.
Corte y confección
Con semejantes exponentes entre los neodiseñalos neodiseñadores, cuando la cantante Gwen Stefani anunció que pensaba dedicarse a la creación de una colección de ropa pocos creyeron en ella. Es cierto que la rubia suele aparecer en la lista de las estrellas mejor vestidas y que su sentido del estilo la diferencia del resto de sus colegas pero, de todos modos, intentar pasar de visitante de la alfombra roja vestida por Dolce & Gabbana, Gucci o Prada a crear su propia línea hay una distancia mucho más larga que la de una pasarela. Sin embargo, gracias a su presencia mediatica y una exhaustiva campaña de marketing, su marca, L.A.M.B. (Love, Angel, Music, Baby), se destacó del resto. Mientras la incursión de sus colegas musicales en el mundo de la moda olía a oportunismo por todos los costados, Stefani se involucró directamente en su nueva profesión y los resultados dejaron conformes a fanáticos y detractores. Y entonces, además de lanzar su nuevo disco, de salir de gira y aparecer en cuanto evento requiera de su glamorosa presencia, Stefani ya está lista para dar el siguiente paso que todo diseñador que se precie debe dar: sacar su perfume.
Es que si en la industria del cine las ganancias por la recaudación de taquilla son apenas una parte del negocio, en la de la moda la venta de ropa es superada por la de las fragancias. Muchos dicen que gracias a los precios y enormes ventas de los perfumes de marca, la moda se democratiza. Son pocas las personas que pueden tener un vestido de Valentino en su placard, pero muchas más las que pueden perfumarse con un aroma con el sello del italiano. Y así, cada celebridad que se precie, debe tener una botellita con su nombre.
De la inclasificable Paris Hilton a la ahora caída en desgracia Britney Spears, los famosos de aquí y del mundo (ver aparte) se dieron cuenta de que la venta de discos, de entradas de concierto o de cine eran sólo el comienzo. Que una vez que tuvieran asegurada alguna forma del éxito, una nueva puerta se abrían para ellos: la comercialización de aquello que los llevó allí adónde llegaron, lo que los hace únicos. Su esencia destilada para el consumo masivo.
Tan masivo que los perfumes de los famosos son el segmento de más rápido crecimiento de la industria del perfume de los Estados Unidos, un negocio que según el diario The New York Times mueve casi 3000 millones de dólares al año. Las marcas de fragancias que llevan nombres de celebridades o son promocionadas por ellas (Charlize Theron para Dior, Hillary Swank para Guerlain y Nicole Kidman para Chanel N° 5, tres ganadoras del Oscar) representaron en 2006 el 23 por ciento de las 100 mejor vendidas en los Estados Unidos y la tendencia sigue en alza. Tanto que antes, cuando un actor llegaba a la cima de su profesión, decía que su mayor aspiración era ser director y ahora dice que cuando sean grandes quieren ser perfumes. .
