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Esta película creo que ya la vi

El Incaa y el Bafici disputan dinero, prestigio y poder en tiempos preelectorales

Domingo 25 de marzo de 2007
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LA NACION

La interna festivalera viró al rojo vivo en los últimos días. La lava incandescente que fragua dentro de ese diminuto volcán pone en estado de hervor cuestiones de lo más variadas.

La tradicional lucha de poder entre organismos estatales de distintos ámbitos (la ciudad de Buenos Aires y el gobierno nacional) se exacerba ahora por las elecciones en este distrito en el mes de junio. Pero también pesan las concepciones cada vez más distantes entre sí de las muestras cinematográficas más importantes de este país (la Nacional de Mar del Plata, algo errática, con vocación popular y últimamente muy "latinoamericanizada" para un público más adulto y no necesariamente ilustrado, y la porteña, bien urbana, coherentemente elitista y con la bandera en alto de lo críptico y provocativo como sinónimo de calidad y creatividad que convoca a un público más joven, intelectualizado y/o snob).

Por cierto que el tironeo de partidas millonarias (que se engrosan, adelgazan o cancelan según los humores de los funcionarios de turno) y las naturales fricciones, desgastes y tensiones que promueve la innecesaria proximidad temporal de ambos encuentros también ponen una tensión mayor.

Los hechos: LA NACION cubrió exhaustivamente la vigésima segunda edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que tuvo lugar entre el 8 y el 18 de marzo último en ocho sedes de esa ciudad, con la presencia de más de 220.000 espectadores, sostenido por el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (Incaa), organismo autárquico que recauda anualmente alrededor de 90 millones de pesos provenientes de las entradas de cine y del alquiler y/o venta (legal) de videos y DVD que se pagan en este país.

Por su parte, el Buenos Aires 9º Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) tendrá lugar entre el 3 y el 15 de abril próximo en siete sedes porteñas. Sus organizadores esperan superar las 234.000 personas que convocó en 2006 la anterior edición, con casi quinientas películas de las más disímiles procedencias, duraciones, contenidos y estéticas, más la realización de muy estimulantes actividades paralelas (ver aparte). Como es tradicional, LA NACION ya viene prestando atención a este ecléctico acontecimiento cultural con una cobertura que se intensificará cuando el Bafici esté en pleno desarrollo, aun cuando el grueso de su pauta publicitaria apunte sistemáticamente hacia otro medio.

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El primer síntoma público de que cierto mar de fondo se venía incubando más fuerte que de costumbre se expresó cuando el Bafici adelantó la presentación de su caudalosa programación para el viernes de la semana pasada. A nadie le pasó inadvertido que hacerlo ese día, cuando la muestra marplatense se acercaba a su instancia culminante, era (o, al menos, parecía) una "mojada de oreja" al Incaa, que vio de buenas a primeras cómo el principal festival de la competencia le hacía sombra, y le disputaba espacio y tiempo en la atención de la prensa especializada.

Lo que hasta ese momento podía ser visto sólo como una infeliz "casualidad" quedó por la fuerza de los hechos demostrado que era el primer paso de una verdadera declaración de guerra. Que en ese mismo acto, y en presencia del jefe del gobierno porteño, Jorge Telerman, el director del Bafici, Fernando Martín Peña, lamentara el quite de colaboración financiera del Incaa para el festival que comenzará en diez días desencadenó una sucesión de cargados comunicados, aún en curso, entre ambos bandos en pugna.

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El Incaa respondió de inmediato que el Bafici le había exigido, a todo o nada, duplicar la ayuda otorgada en ediciones anteriores. Peña no tardó más de medio minuto en responder que eso era "falso". Nada comparado con el mortífero Exocet lanzado el martes desde la inefable Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci) que expresaba su "enorme preocupación" por el "retiro del apoyo" del Incaa al Bafici, "el manejo discriminatorio de las pautas publicitarias del organismo" y, cuando no, además, salía en defensa, sin nombrarlo, de Eduardo Antín (más conocido por su seudónimo Quintín), con influencia de gurú indiscutible sobre los críticos cinematográficos imberbes (y no tanto) porque, efectivamente, a último momento, se le impidió entregar un premio en la ceremonia de clausura del festival marplatense.

El miércoles el Incaa quiso poner paños fríos al anunciar "un acuerdo de colaboración" con el Bafici. No alcanzó: anteayer Peña volvió a arremeter al señalar "que no se ha acordado colaboración o apoyo de ningún tipo por parte del Incaa para la próxima edición del Bafici". Un rato más tarde, claro, el Incaa respondió en un nuevo comunicado que se había convenido "de común acuerdo, la participación en las mesas propuestas por los organizadores del festival y se acordó que precisaran qué otro tipo de apoyo necesitaban".

Hasta aquí los hechos.

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Preguntas incómodas: cuando se tiran por la cabeza comunicados tan contradictorios el Incaa y el Bafici, ¿es sólo por cine que se golpean o subconscientemente expresan de otra manera la pelea de fondo entre Néstor Kirchner (ni siquiera Daniel Filmus) y Jorge Telerman por quien se queda finalmente con el trofeo más preciado: la ciudad de Buenos Aires?

¿Por qué se habla recién ahora del "manejo discriminatorio de las pautas publicitarias del Incaa" (a revistas, programas de TV y otros medios dedicados al cine)?, ¿acaso antes no lo había y todos callaban porque el "reparto" era más satisfactorio?

¿Es verdad que el Incaa solía aportar al Bafici, según los años, entre 200.000 y 350.000 pesos (entre un 20 y un 30 por ciento del presupuesto total de la muestra) y que el festival porteño requirió del Incaa en 2005 un adicional de 160.000 pesos en premios para la competencia internacional argentina?

¿Es cierto que al "tutor" de Fipresci, quince minutos antes de la entrega de premios del festival marplatense, se le impidió entregar una distinción por criticar al Incaa desde su pintoresco blog matrimonial?

Lo contado hasta aquí (y todo lo que falta todavía porque esto sólo acaba de comenzar) sería definitivamente menor si en el medio no estuviesen en juego tantos millones de pesos salidos de nuestros sufridos bolsillos de contribuyentes.

La última: ¿se está hablando realmente de cine o estamos viendo otra película?

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