La visita de Michael Traugott a la Argentina coincidió con uno de los momentos de mayor estado de movilización de la presidencia de Néstor Kirchner. Se encontraba en San Martín de los Andes cuando se produjo la muerte del docente Carlos Fuentealba, y a raíz de los cortes de rutas debió regresar a Buenos Aires a través de Bariloche. Estuvo, por lo tanto, muy cerca de la expresión masiva de un sentimiento colectivo, la materia viva que es su objeto de estudio como experto en opinión pública y comunicación política.
Aunque su área específica de investigación son las encuestas de opinión como herramienta científica de análisis, según este reconocido académico de la Universidad de Michigan, estados de protesta como el de los maestros en Neuquén reflejan una "reacción interna profunda" que debe ser tenida en cuenta. "Funcionan -señaló- como importantes indicadores de las preocupaciones de la gente y de la intensidad de sus motivaciones políticas", más allá de lo que digan los sondeos.
De este tema, de la función de las encuestas y su manipulación política, así como de la prensa y el papel que ésta juega en la sociedad conversó Traugott con LA NACION a su paso por Buenos Aires esta semana, poco antes de partir a Uruguay para participar del Primer Congreso Latinoamericano de Opinión Pública. Cabe aclarar que Michael Traugott preside la Asociación Mundial de Investigación de la Opinión Pública (Wapor, por sus siglas en inglés) y, como tal, es una reconocida autoridad en la materia.
-¿Qué papel juegan los encuestadores cuando los sondeos son sospechados de reflejar un interés político antes que la opinión pública de manera objetiva?
-En los inicios de la industria de las encuestas se buscó crear un método casi plebiscitario por el cual podían reflejarse las opiniones de la gente sobre políticas y temas en general para su difusión en los medios y para informar al gobierno de las preferencias de la gente. Ahora bien, durante una campaña electoral, si se utilizan correctamente, las encuestas ofrecen una visión independiente, no contaminada con los intereses estratégicos de un partido u otro. Esto es así en un plano ideal.
-¿Y en el plano real?
-La manipulación de las encuestas lleva a desconfiar del gobierno, puede llevar a desconfiar de los medios de comunicación y, por supuesto, del sistema democrático y las instituciones. De modo que necesariamente los periodistas deben analizar los datos de las encuestas, evaluarlos de manera apropiada y, a veces, incluso decidir no publicarlos si creen que han sido manipulados. He investigado en qué medida el público comprende las encuestas y qué piensa de ellas y encontré que no entiende el aspecto científico de los sondeos, los muestreos y la noción de margen de error, y como en el caso particular de EE.UU. ha caído la confianza general en los medios, esto se tradujo en una menor confianza en las encuestas. Muchos norteamericanos piensan, por ejemplo, que si The New York Times conduce una encuesta de contenido político, seguramente encontrará a todos los demócratas necesarios como para reflejar su propia opinión. Y si lo hace The Wall Street Journal , encontrará los republicanos necesarios.
-Si las encuestas no reflejan la opinión pública, ¿quién le dice al rey que está desnudo?
-Por un lado hay que considerar aquí quién encargó la encuesta, quién la realizó, cómo, qué preguntas se hicieron, en qué orden secuencial, en qué contexto de eventos que puedan haber condicionado el resultado, y ver qué nos indica este análisis: hay elementos de transparencia que se requieren para establecer la credibilidad de los resultados, y que desde Wapor alentamos. Y por otro, las encuestas no son la única medida de la opinión pública. Los sondeos tienen la ventaja de ser representativos si están bien hechos, pero también una huelga o una demostración son manifestaciones de la opinión pública, que no necesariamente son representantivas, pero que reflejan el sentimiento de gente intensamente interesada y dispuesta a movilizarse por una causa particular. El factor de la motivación cumple un papel aquí. Y en el periodismo hay formas interesantes de combinar los sondeos con estas otras expresiones de la opinión pública y analizar por qué surgen diferencias. Es una forma de contar una historia más completa.
-Usted habló de las garantías de objetividad de una encuesta, ¿qué márgenes de error son aceptables?
-En realidad, el margen de error o intervalo de confianza depende de la capacidad para distinguir una diferencia real. Hay que comenzar con alguna noción de lo que se espera encontrar. Por ejemplo, no hace falta una muestra muy grande para observar que el apoyo a Bush ha caído, porque está en torno del 30%. En cambio, para distinguir diferencias menores, de unos 6 puntos entre una opción y otra, hace falta entrevistar a unas 800 personas. Hay que tener cuidado cuando las muestras son de unas 300, 400 personas, porque su margen de error podría ser muy grande. También suele ocurrir que las encuestas presentan alternativas binarias: "opinas esto o aquello, harías una cosa o la otra", y la realidad es mucho más compleja porque hay más opciones.
-Los políticos tienden a simplificar la realidad de esa manera.
-Si, tienden a hacer esto. Es la alternativa que yo ofrezco contra alguna otra opción extraña.
-También tienden a definirse políticamente a partir del rechazo de lo que no son o denunciando características supuestamente negativas de su oponente...
-Sí, sobre todo en medio de las campañas electorales. En la práctica, en una campaña puede haber un sinnúmero de temas de importancia, pero la mayoría de los políticos se concentra sólo en unos pocos, entre 5 y 10, y todos sus mensajes y anuncios aluden a estos temas, que se eligen en función de lo que para mí como candidato son beneficiosos y de lo que puede lastimar a mi oponente. Los temas de una campaña son así muy acotados, y esto ocurre prácticamente en todo el mundo. Los políticos buscan evitar por todos los medios los temas que no les convienen o que no les reportan votos.
-¿No ocurre de esta manera que no hay propuestas concretas y las campañas finalmente apelan sólo a elementos irracionales?
-Son irracionales desde la perspectiva de las políticas públicas, pero muy racionales en sentido estratégico. Las últimas dos campañas electorales en Estados Unidos se desarrollaron en torno a la guerra en Irak, que el gobierno buscaba identificar con la guerra contra el terrorismo, y con el miedo como elemento central. Ahora, al igual que en la Argentina, el presidente tiene en Estados Unidos un enorme control sobre la agenda política y el debate mediático. Incluso puede estructurar esta agenda con sólo hablar de lo que quiere e ignorar aquello que no le conviene. De modo que muchas veces las encuestas pueden ser utilizadas para contrarrestar esto. Contribuyen a un equilibrio, aunque no siempre de manera efectiva, porque los políticos son hábiles cuando quieren ignorar un tema.
-Es decir que el periodismo, a través de los sondeos, puede imponer temas que preocupan a la opinión pública.
-Los periodistas pueden intentarlos, pero los políticos buscarán ignorar estos temas. De hecho, es frecuente en las encuestas la pregunta acerca de cuáles son los temas de mayor precupación. Y si las preguntas están bien formuladas, pueden proveer a los periodistas de información muy útil a la hora de entrevistar a los políticos.
-En el caso de las protestas de maestros de los últimos días y semanas, el presidente Kirchner apareció en un principio reacio a referirse al tema...
-Si, claro, en este caso pude ver expresiones de enojo de la opinión pública, producto de la muerte del maestro, principalmente, pero no vi encuestas al respecto.
-¿Temas como éste, en que la gente puede sentir que quiere o debe hacer algo al respecto, ofrecen a los políticos mayores posibilidades de manipular la opinión pública?
-Evidentemente, como los políticos tienen la capacidad de crear realidades mediáticas, en situaciones como esta, que involucran un cierta conflictividad social, una parte intentará minimizar la importancia del hecho y la otra buscará sobredimensionarla.
-¿Qué reflexiones le merecieron los hechos en Neuquén?
-No soy experto en la Argentina, pero ya he estado aquí por 10 días y, en un sentido no electoral, el desarrollo de las demostraciones por la muerte del maestro me resultaron muy interesantes. De alguna manera reflejan una reacción interna profunda. Es pronto para determinar a dónde conducirá y si provocará la caída del gobierno provincial, pero es uno de esos hechos significativos que funcionan como indicadores importantes, más allá de las encuestas, de las preocupaciones de la gente y la intensidad de sus motivaciones políticas.
-¿Con el seguimiento minuto a minuto de las encuestas no aparece la demagogia como un riesgo mayor?
-A los políticos no les es tan fácil adaptar sus mensajes según las encuestas porque tienen un pasado detrás. No creo que las miren para determinar qué posición adoptar sino más bien para decidir qué temas enfatizar, porque tienen eco en la gente, y cuáles no porque no interesan a la opinión pública.
-Parecería que hay un ambiente más favorable a las candidaturas femeninas en todo el mundo. ¿Por qué se produce este fenómeno y por qué ahora?
-Hay varias explicaciones. En términos muy amplios esto es un resultado del movimiento de liberación femenina en los 70 y 80, y tiene que ver el papel cambiante de la mujer en la política, su mayor participación y su peso electoral, que es mayor al de los hombres. De modo que se trata de una nueva realidad que emerge y refleja mejor la composición de la población.
-¿Qué nos dice de un país el hecho de que haya un mayor protagonismo femenino en la política?
-Hay estudios que establecen rankings de países y, en términos de desarrollo, reflejan que los países donde es mayor la participación femenina son más progresistas.
-Usted ha investigado también la relación entre los medios digitales, Internet y los blogs, y la calidad democrática. ¿A qué conclusiones llegó?
-Es un área muy interesante pero que incluye al menos dos aspectos que hay que considerar: quiénes tienen acceso, lo que lleva a la cuestión de la frontera digital presente en toda sociedad, y dónde se sitúa esta frontera en términos educativos, es decir, quiénes son capaces de comprender lo que Internet les ofrece. A partir de estos elementos varía la penetración de los medios digitales de un país a otro. Pero lo que hay que considerar además es si el acceso a Internet expande el horizonte de la gente o crea pequeños enclaves de personas que piensan de la misma manera. Es lo que llamamos "balcanización". Los estudios han mostrado hasta ahora que el acceso a Internet no lleva a que la gente amplíe su visión de la realidad. Con los blogs, por ejemplo, ocurre que la mayoría visita blogs con un marco ideológico determinado, conservador o progresista.
-¿Es decir que es escéptico en cuanto a la capacidad de los blogs de tener efecto sobre la opinión pública?
-En primer lugar, no mucha gente lee blogs. En Estados Unidos, según los cálculos más optimistas, no llegan al 5 por ciento, tal vez un poco más en tiempos electorales y menos fuera de las campañas. La gente utiliza mucho Internet, pero no está tan interesada en la política y no acude tanto a los blogs políticos.
Por Francisco Seminario
Casado y padre de dos hijos, estudió ciencia política en la Universidad de Princeton y se doctoró en la Universidad de Michigan. Allí dirigió el Departamento de Comunicación y fue investigador jefe.
Cargos y librosEn la actualidad preside la Asociación Mundial para la Investigación de la Opinión Pública. Sus libros más recientes son Election Polls, The News Media and Democracy (2000) y Voter s Guide to Election Polls (1996, traducido al castellano).