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Zout y su ensayo fotográfico sobre los años de plomo

La fotógrafa premiada exhibe un trabajo que le llevó años

Lunes 16 de abril de 2007

LA PLATA.- Rostros apretados, desdibujados, duplicados, sobreimpresos, mirando a cámara, mirando al vacío, con los ojos cerrados. Ahí está, sí, el rostro de Jorge Julio López, fruncido en lo que parece una mirada interior. Otro rostro pertenece a un fantasma: ojos, agujeros calados en el trapo blanco que lo cubre; sólo que este fantasma viste camisa y corbata y tiene una pistola en cada mano. Y hay más.

Las imágenes tienen la contundencia de una pesadilla. Y en cierto modo eso son. Treinta y un disparos en blanco y negro que integran la muestra Huellas de desapariciones , de la fotógrafa Helen Zout, que se inauguró en la Legislatura bonaerense. Producto de un trabajo de varios años que la llevó a entrevistarse con decenas de sobrevivientes de la última dictadura y, entre otras cosas, le valió ganar la prestigiosa beca Guggenheim en 2002.

La muestra, que fue inaugurada por la vicegobernadora bonaerense, Graciela Giannettasio, estará abierta hasta el 2 de mayo y puede visitarse en el Salón de los Pasos Perdidos de la sede legislativa, en la calle 51 entre 7 y 8 de esta ciudad. Comprende instantáneas tomadas a partir de 1999, cuando Zout empezó a asistir a los juicios por la verdad que se celebraban en La Plata.

Hasta entonces, había estado trabajando en una serie de fotografías sobre el sida. Parecen temas muy disímiles, pero ella apunta, sin siquiera pensarlo, dos notables coincidencias: "Un punto en común es que en ambos casos hay hijos que mueren antes que los padres. Y otro, que me encontré con gente que no quería revelar su identidad por miedo a la discriminación".

Fue ahí, en el transcurso de los juicios, cuando empezó a entrevistarse con sobrevivientes de la represión ilegal de los tardíos años setenta. Uno de ellos era Jorge Julio López, un albañil que estuvo secuestrado durante los años de plomo y vivió para contarlo.

Es la primera vez que la serie de fotografías se exhibe completa tras la segunda desaparición de López, poco después de declarar en contra del ex represor Miguel Etchecolatz en un juicio por su actuación durante el gobierno militar.

López está ahí, con el torso desnudo y los ojos cerrados, en actitud evocativa o dolorosa. En una puesta anterior sólo estaba identificado como "J., sobreviviente"; ahora figuran su nombre y la historia de su nueva desaparición.

La muestra incluye uno de sus dibujos. Sobrecogedor. En trazos duros, rugosos, muestra a una mujer sometida a una sesión de tortura. "López dibujaba y escribía continuamente; tenía cientos de dibujos", cuenta Zout. "Tenía una necesidad enorme de contar lo que había pasado, pero elegía bien a quién se lo contaba. Calló treinta años hasta que llegó el momento de decir lo suyo. Tenía una noción muy clara del efecto que iban a producir sus palabras."

"Estar desaparecido es como no estar, o como estar en otro mundo -dice Zout-. En mis entrevistas a sobrevivientes recibí más de lo que esperaba. Me dejaron llegar casi hasta su abismo; nunca pensé que iba a poder acercarme tanto a otra alma, lograr tanta profundidad."

Sebastián Lalaurette

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