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Mi cuerpo es mío, mío, mío

Los casos de abuso sexual intrafamiliar son más frecuentes de lo que se piensa y ocurren en todos los niveles socioeconómicos, raciales, étnicos y religiosos

Domingo 22 de abril de 2007

El entorno en el que más frecuentemente ocurre el abuso sexual es el intrafamiliar. Y ese tipo de abuso es –según la opinión de los especialistas– el más difícil de diagnosticar. “El abusador es, en general, una persona del ámbito íntimo del niño, y suele inducirlo sin el uso de la fuerza física a un pacto de silencio, al eterno secreto, además de hacerle padecer diferentes tipos de amenazas –comenta la licenciada Elvira Berardi, terapeuta especializada en el tratamiento del estrés postraumático de víctimas de abuso sexual infantil–. Por esto, a los chicos les cuesta contarlo, a pesar de lo que están pasando, y cuando se lo diagnostica suele detectarse que la víctima sufrió abuso por largo tiempo.”

Técnicamente, al abuso sexual infantil se lo define como “los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto agresor usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona”. Se considera una situación de abuso cuando un niño “está inmerso o depende de actividades sexuales que debido a su corta edad, inmadurez o adolescencia es incapaz de comprender o dar consentimiento”. Se considera niño a los menores de 18 años y agresor al “sujeto que, aun teniendo menos de 18 años, supere en cinco años la edad de la víctima”, asegura Berardi.

Las conductas sexuales pueden incluir todas las formas de contacto: manoseo, violación (penetración en la vagina, ano, boca), exhibicionismo, voyeurismo o el uso del niño para la producción de material pornográfico. “Durante mucho tiempo, la legislación consideró privados los episodios que ocurrían dentro de una familia –comenta María Elena Naddeo, titular del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes–. Las leyes vigentes hoy se comprometen a hacer cumplir los derechos de los niños y adolescentes.”

Los casos de abuso sexual son más frecuentes de lo que se piensa, y ocurren en todos los niveles socioeconómicos, raciales, étnicos y religiosos. Y, tal como reconoce la American Psychological Association, no existen perfiles específicos de los abusadores porque, como sus víctimas, son heterogéneos.

Según estadísticas internacionales, se denuncia apenas el 10 por ciento de los casos. En la Argentina no existen cifras oficiales sobre la frecuencia en que sucede el abuso infantil. Estudios recientes muestran –de acuerdo con el informe del Estado Mundial de la Infancia 2007– que hasta el 2% de los niños en el mundo puede haber sido víctima de abuso sexual. A su vez, un estudio multinacional de la Organización Mundial de la Salud arroja que las niñas tienen muchas más posibilidades de ser víctimas de abuso que los varones. Otros informes registran que los abusos son más frecuentes en preadolescentes, sin capacidad de autoprotección, y que el 25% de las niñas abusadas quedan embarazadas.

Los niños y niñas que sobreviven al abuso –destaca el informe del Estado Mundial de la Infancia 2007– suelen sufrir daños físicos y psicológicos a largo plazo que afectan su capacidad de aprender y de relacionarse socialmente, y resulta difícil para ellos tener un buen rendimiento escolar y llegar a desarrollar amistades íntimas y positivas. No hay ningún tipo de violencia contra los niños que pueda justificarse.

Reconocer

Detectar a un niño víctima de abuso es el primer gran paso. Existen signos físicos, como las lesiones en la zona genital o en la perianal, pero éstos se encuentran sólo en un 25% de los casos, y en aquellos donde no hay penetración sólo se cuenta con el relato del niño, además de indicadores psicológicos: temor a determinadas personas, mal rendimiento escolar, conductas hipersexualizadas no acordes a su edad cronológica, conocimientos o palabras sobre sexualidad infrecuentes para la edad del niño, pesadillas y, en especial en adolescentes, conductas de autoagresión y fugas del hogar.

El diagnóstico de abuso no depende exclusivamente del examen físico; por esta razón, se debe trabajar interdisciplinariamente. “Todo el sistema de salud actúa para atender a las víctimas, pero también debe funcionar como atención primaria en la prevención y en la detección –subraya Naddeo–. Con el crecimiento de la difusión de información, las consultas se incrementaron en todos los servicios.”

El lugar de mayor detección de violencia contra niños es la escuela. “Se trata del ámbito donde los chicos pasan más tiempo durante el día y es el lugar donde quizá se atrevan a verbalizar lo que les ocurre”, destaca Marisa Villarroel, coordinadora de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes de la zonal Flores.

“Sobre todo en la escuela pública –continúa Naddeo–, la institución privada aún no está inmersa en este circuito de protección de derechos por distintos motivos, en muchos casos porque son mamás y papás que pueden recurrir a abogados privados, además de tener sistemas prepagos de salud y otras derivaciones. Desde la dirección del Consejo y la programación de la Dirección de Educación Privada está planteado incorporar más activamente las escuelas privadas al circuito de protección.”

Si un chico sufrió abuso no alcanza sólo con mandarlo al psicólogo. “Es necesario un abordaje complejo: es un tema de salud, de educación, de vínculos –destaca Villarroel–. Es necesario trabajar en red.”

Cuando la nena o el nene pueden contar lo ocurrido, es su mejor defensa, y en estos casos es importante propiciar la confianza y escucharlos. Una vez que se animan a narrarlo, nunca se debe cuestionar la veracidad de los hechos porque, cuando los niños cuentan un abuso, por lo general no mienten, y sobre todo es importante insistir en que no son culpables. Hay que creerles. El mayor problema reside cuando son muy chiquitos y todavía no verbalizan lo suficiente, o cuando el adulto responsable no quiere escuchar o ver. Cuando hay sospechas de una agresión de este tipo se debe recurrir a los distintos canales de ayuda, que tendrán que indicar cómo seguir adelante para evitar que el abuso se silencie.

A fines de marzo, la Cámara de Diputados dio por unanimidad media sanción al proyecto de ley que prolonga la prescripción para los delitos de abuso sexual a menores. Si finalmente el Senado confirma su aprobación (se trata de modificar el artículo 67 del Código Penal), el tiempo de prescripción para los delitos de carácter sexual contra menores comenzará a contabilizarse a partir de que las víctimas cumplan la mayoría de edad (18 años). Una medida que busca poner fin a la impunidad que rodea a los damnificados, obligados en muchos de los casos a olvidar o, simplemente, a no hablar, para que puedan exorcizar el delito durante la adultez.

“A la hora de prevenir abusos es importante hablar de educación sexual desde temprana edad –afirma Berardi–, y la inclusión de este tema en las escuelas ayudará a que los chicos reconozcan su cuerpo y puedan trabajar sobre la idea de mi cuerpo es mi territorio y nadie lo toca sin mi permiso. Educar es una defensa personal.”

Ellos también / Discapacitados

Estudios internacionales, como el publicado en Sexual Abuse of People with Developmental Disabilities, sugieren que entre el 39 y el 83 por ciento de todas las niñas con discapacidades evolutivas y entre el 16 y el 32 por ciento de los niños con discapacidades evolutivas son abusados sexualmente antes de llegar a los 18 años. Algunas estimaciones hablan de que sólo uno en 30 casos de abuso sexual de individuos con discapacidades es dado a conocer. Las investigaciones también señalan que suele ser muy raro que el abusador sea un extraño para la víctima.

“En la Argentina no hay un registro, justamente por la capacidad de indefensión total de las víctimas. Sí hay una mirada atenta –asegura María Elena Naddeo, del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes–. En los hospitales suelen encontrarse casos de chicas y adolescentes discapacitadas que han sido internadas por otro tipo de urgencia, y por parte del cuerpo médico y de enfermeras se detecta el gran daño en los genitales. Las personas con discapacidades que han sido abusadas soportan un abuso severo crónico.”

Indicadores específicos

Físicos

Lesiones en zonas genital y/o anal

Sangrado vaginal y/o anal

Infecciones genitales o de transmisión sexual; flujo vaginal con resencia de gérmenes no habituales en niñas

Psicológicos

Preescolares

Conductas hipersexuales o altamente eróticas. Preocupación genital obsesiva; búsqueda de los otros para participar en conductas sexuales; excesiva masturbación, masturbación con objetos; explícita muestra de conductas y actos sexuales en el material de juego

Trastornos del sueño (pesadillas, temores nocturnos asociados con algún lugar, persona u objeto)

Comportamiento excesivamente sumiso

Conductas regresivas

Enuresis, encopresis

Retraimiento social

Escolares

Cambios bruscos en el rendimiento escolar

Comportamiento excesivamente sumiso

Problemas con figuras de autoridad

Fugas del hogar

Coerción sexual hacia otros niños

Fobias

Quejas somáticas (cefaleas, dolores estomacales)

Sobreadaptación

Adolescentes

Promiscuidad sexual persistente

Coerción sexual hacia otros chicas/os

Adicciones

Conductas autoagresivas

Intentos de suicidio

Excesiva inhibición sexual

Trastornos disociativos

Conductas delictivas

Más información

www.rimaweb.com.ar/violencias/asistencia.htmlwww.unicef.org/spanishwww.abusosexualinfantil.com.arberardi@abusosexualinfantil.com.ar

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