Voluntariado
Crece en Córdoba una obra ejemplar
Sostenida por el trabajo de casi 200 voluntarios, la Casa de la Bondad atiende a personas de bajos recursos que sufren enfermedades terminales
CORDOBA.- Casi dos centenares de voluntarios participan de una obra que se resume en el título con el que se sintetiza su solidaridad para con quiénes sufren: Casa de la Bondad. Allí se atiende a personas a las que únicamente les queda esperar una muerte digna, tratadas como se merecen y rodeadas de cariño.
"Nos ocupamos de personas necesitadas que no tienen nada ni a nadie que los acompañe, o cuyas familias son muy modestas y no pueden prodigarles los cuidados que necesitan en ese trance tan doloroso", dice a Comunidad una de las responsables de este establecimiento de amparo social, María Elvira Ispani.
La Casa de la Bondad (0351- 4692461) ha acompañado en esa triste etapa a 170 pacientes desde que comenzó sus actividades hace un lustro, en Brasil 581, de Barrio Güemes, en la capital cordobesa.
Entonces, una veintena de voluntarios a los que inspiró su necesidad de hacer algo por el prójimo se unieron detrás de la iniciativa, "viendo lo que sucedía en los hospitales", donde los pacientes desahuciados de escasos medios o ningún recurso van quedando con mínima asistencia, habitualmente solos, esperando lastimosamente el inexorable instante final.
Se integraron a la Fundación Manos Abiertas, creada en 1995 en Buenos Aires, que cuenta con el incansable empuje espiritual del sacerdote jesuita Angel Rossi. La idea de la Casa de la Bondad ha sido llevada a la Capital Federal -donde se ha iniciado el proyecto- y a San Juan.
La casa cordobesa tiene capacidad para 14 pacientes "terminales o irreversibles en etapa extrema", a los que se atiende en todas sus necesidades. Son derivados de cinco hospitales públicos de Córdoba y a veces por las propias familias, que por su condición social están impedidas de dispensarles el cuidado que necesitan.
Colaboran entre 180 y 200 voluntarios, que realizan todas las labores asistenciales: higienizan a los pacientes, les cocinan, dan de comer, lavan la ropa, se ocupan de la administración y también, por cierto, de su acompañamiento espiritual.
Entre los voluntarios hay personas de todos los oficios y profesiones, desde amas de casa hasta médicos, psicólogos, nutricionistas, fisioterapeutas, asistentes sociales. De todas las edades, a partir de los 21 años. Dos de las más entusiastas colaboradoras son una anciana de 90 años y otra de 81.
Si bien la obra reconoce su fe católica, recibe a los voluntarios sin preguntarles si la profesan: "En eso hay libertad de credo", apunta Ispani. Lo mismo es con los pacientes.
Los recursos de la casa proceden de donaciones privadas, de personas tanto pudientes como humildes, de empresas y, de vez en cuando, de organismos estatales. Los aportes son de todo tipo: dinero, comestibles, ropas, diversos materiales, servicios. Para comprar la casa, acudieron a un crédito.
¿Cuáles son las cosas que más necesitan?, consulta Comunidad. "Remedios, descartables -jeringas, guantes-, antibióticos, alcohol, gasas, detergentes, jabones, alimentos no perecederos", resume Carlota Alonso, otra de las responsables de la obra. En Córdoba, Manos Abiertas funciona en Obispo Trejo 219, 3er. piso, Oficina 306; (0351) - 4235140. .
