Llegué para irme
El clown y la vorágine
Gabriel Chame Buendía volvió al país con un unipersonal
Casi como una metáfora de su propia vida, Gabriel Chame Buendía presentará, desde mañana, Llegué para irme , su último espectáculo, con el que viene girando desde hace ya un par de años.
Este payaso, miembro fundador del mítico Clú del Claun, de los años 80, e integrante durante cinco años del Cirque du Soleil (con posibilidades de más), indaga en la vida del hombre contemporáneo -en él mismo, sin ir más lejos- para narrar con humor, nostalgia y locura la esquizofrenia que imponen los acelerados ritmos de la vida moderna. "Todo el mundo aceptó el acelere porque le conviene; nos desconecta de la soledad, de la muerte. Este tipo, que vive en hoteles, recorre países, habita aviones, un día llega a su casa y no puede zafar de un círculo vicioso que lo encierra y lo ahoga. Hace mil cosas y no hace nada", resume Gabriel, que siempre incluye en sus trabajos temas en los que roza el amor, el nacimiento y la muerte.
Es un payaso y la gente ve un payaso, aunque un tono oscuro sobrevuele constantemente la propuesta. En Llegué para irme , Gabriel Chame Buendía combinó una dramaturgia "bien teatral" con distintos lenguajes que van cambiando constantemente.
-¿Cómo se vincula el público adulto con el clown?
-Siempre hay un prejuicio con el hecho de presenciar un espectáculo de clown. Mucha gente lo considera un arte de menor categoría, y aunque también me siento un hombre de teatro y sé cómo trabajar un lenguaje realista defiendo el lenguaje de la fantasía que me posibilita ser un payaso, uno moderno, pero un payaso al fin. Y esto sucede acá, en Buenos Aires, como en París, Madrid, Sevilla o Alemania.
En todos esos lugares vivió este hombre-payaso luego de su partida de la Argentina, hace 17 años, cuando dejó de ser, al principio sin saberlo, un miembro del Clú del Claun. "Es que al comienzo fue sólo un año sabático, y luego otro... y luego ya no volvimos a reunirnos más. Sólo a comer asados familiares y multitudinarios todos los fines de año, donde es imposible que no aparezca Batato", sigue Gabriel. Las ganas de crecer y aprender más del oficio lo llevaron a quedarse en Europa (se mueve constantemente entre Madrid, Sevilla y París); el amor hizo el resto. Así y todo, nada lo hace olvidar de Buenos Aires, quizá por eso también su espectáculo tiene el tono nostálgico y dulzón de tantísimos tangos. .
Verónica Pagés