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Editorial II

Libertad de prensa

Opinión

Muchas veces hemos dicho que la libertad de prensa es el barómetro que permite medir el nivel general de libertad de que goza un pueblo. Allí donde la libertad de prensa retrocede o padece restricciones no tardan en desmoronarse la convivencia democrática y el Estado de Derecho. Hay una interrelación profunda y permanente entre la existencia de una prensa independiente y libre de tutelas y cortapisas políticas y la consolidación de un sistema institucional maduro y democrático.

Hoy, 3 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, instituido en 1993 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Con ese motivo, la prestigiosa organización no gubernamental Freedom House, que tiene su sede en los Estados Unidos, pero proyecta su actuación a muchos otros países, dio a conocer en estos días su habitual informe acerca del estado de la libertad de prensa en las distintas partes del mundo.

No es un documento alentador, por cierto, el de este año. Señala que la libertad de prensa está en retroceso en no pocas regiones del mundo, debido en muchos casos al estallido de golpes de Estado, guerras civiles o rebeliones políticas que han alterado las reglas de juego que posibilitaban, en determinadas naciones, el desenvolvimiento de un periodismo tan activo como influyente. En algunos casos ha gravitado en contra de la prensa libre el elevado número de periodistas que fueron víctimas de atentados violentos e intimidatorios. El informe menciona a Rusia, Tailandia, Sri Lanka, Paquistán y Filipinas como países en los cuales el periodismo padeció esa clase de represiones o ataques.

La Freedom House fue fundada en 1941 por Eleanor Roosevelt y desde entonces ha mantenido un firme compromiso con la defensa de las instituciones democráticas, y ha permanecido fiel a la idea de que todo ataque a un medio periodístico se traduce, tarde o temprano, en una agresión al sistema institucional democrático.

En lo que concierne a la región latinoamericana, el mayor deterioro en materia de libertad de expresión se observa en Venezuela, donde el sistema político imperante, de clara tendencia totalitaria, deja cada vez menos resquicios para una prensa con mínimos rasgos de independencia. Pero en otros países -como la Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay o la República Dominicana- existen presiones cada vez más evidentes contra la prensa libre, aunque se mantenga una aparente libertad de expresión. Esas presiones provienen, a menudo, desde los sitios más altos del poder político o de sectores muy próximos a él.

Tanto en Asia como en América latina, observa el informe, la violencia física contra los hombres de prensa ha provocado muertes o daños físicos de extremada gravedad. En mucho casos se ha afectado a la libertad de prensa mediante la aprobación de legislaciones restrictivas que vedan a los periódicos el acceso a determinadas temáticas informativas con el pretexto de que su abordaje podría resultar lesivo para la "seguridad nacional". También se señalan, como datos riesgosos para la libertad, ciertos avances reglamentaristas que han pretendido imponer controles sobre el material que se difunde por Internet.

En este día sería importante que las autoridades de nuestro país reflexionaran sobre su comportamiento frente a la prensa y respecto del tratamiento de la información pública. El presidente de la Nación no ha ofrecido ninguna conferencia de prensa desde su llegada a la Casa Rosada en 2003 y la información pública suele ser tratada como si fuera propiedad privada de acceso restringido. Es deseable que se modifiquen estas actitudes por la buena salud de la democracia que los argentinos estamos consolidando con tanto sacrificio desde 1983.

La opinión pública debe cerrar filas en su apoyo al periodismo libre y no debe transigir con las restricciones que impone, a menudo, por vías directas o indirectas, el poder político. No debemos olvidar que la libertad, en definitiva, es una sola. Y que toda imposición autoritaria contra el periodismo encubre, siempre, un ataque a la democracia y una pretensión de controlar y hasta anular los derechos de los ciudadanos. Sin prensa libre no hay democracia y, finalmente, tampoco hay ciudadanos. .

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